«Un visitante que ya no toleramos, no soportamos y que nos amenaza»

«Este año ha sido inexplicable para todos. No puedo predecir qué sucederá después de esta larga agonía con un enemigo que asecha invisible. Una guerra sin armas pero con muertos. De repente estamos obligados a cubrirnos la boca, a distanciarnos por precaución obligada e impuesta. Nos damos cuenta que existe la llamada “población de riesgo”, como si algunos estuvieran cerca de la línea de fuego, desprotegidos. De un día para otro debimos, al salir de casa, dar cuenta de a dónde íbamos o a quién íbamos a ver. Una “no libertad” que nos tomó de sorpresa a todos, desprevenidos, y se quedó por meses. Estamos en nuestros hogares, con todo el tiempo para nosotros, un tiempo que se diluye, pesa, y se siente pastoso. Un visitante que ya no toleramos, no soportamos y que nos amenaza. Resido en la ciudad de General Acha, vivo del comercio que es un sector prácticamente devastado por esta pandemia. Además estoy cursando el tercer año del Profesorado de Nivel Secundario en Lengua y Literatura, una hermosa carrera que se ha convertido en mi tabla de salvación pandémica. En estos tiempos aprendí a conectarme en esta virtualidad extraña. Fue raro no conocer en persona a los profesores nuevos. Pero tuve el plus de poder apagar la cámara y rondar por la casa mientras escucho una clase. Una forma nueva de aprender mientras contesto preguntas de mis hijos y saludo con el codo a quien llega. Lo impensado se volvió habitual. En lo que respecta al ambiente literario, sé de poetas que han optado por la forma virtual para conectarse y disfrutar de la lectura de poesía. Leí varias ofertas de talleres virtuales, una buena opción para quienes siguen escribiendo desde sus casas. En mi ciudad, desde el sitio Facebook de la Municipalidad se les ha dado espacio a diversos artistas de nuestra zona. También el Café literario que se reunía todos los miércoles a disfrutar de distintas lecturas pudo metamorfosearse en una versión virtual y continuar con los encuentros semanales. En mi caso hace tiempo que escribo poco…o nada, el estudio me lleva mucho tiempo y no puedo conectarme a la poesía con la libertad con la que me gusta hacerlo. Hace meses que no veo a mis compañeras del grupo Desguace y Pertenencia, desde antes de la pandemia. Las muchas obligaciones no me permiten viajar y dedicar un día entero a disfrutar de la palabra, la buena compañía, la voz. Es un tiempo de pausa. Creo que va a llevar un largo tiempo recomponer el escenario. Como cuando un país sale de una guerra devastadora. Deberemos usar la inventiva, la imaginación, nuestra energía y decisión para construir o reconstruir con lo que quede, con lo que “nos” quede de todo este tiempo bélico, invisible y pastoso».

Daniela Pascual

Nació en Trenque Lauquen en 1974, y reside en General Acha. Comenzó a escribir cuando joven y en 2007 se unió al grupo achense dirigido por María Luisa Llanos. Sus poemas aparecen en varias antologías e integra el grupo Desguace y Pertenencia (junto a Lisa Segovia, Susana Slednew, Marisa Cascallares, Marcela Suazo y Águeda Franco), surgido a finales del 2010 cuando fueron becadas por el Fondo Nacional de las Artes para asistir a un taller coordinado por Alicia Genovese en Toay y General Pico. El grupo también contó con Mabel López, ya fallecida. En 2011 la Subsecretaría de Cultura de La Pampa les publicó la plaqueta Pertenencia: puesta en común de la diversidad cultural argentina. En 2013 fueron nuevamente seleccionados por el Fondo Nacional de las Artes para un taller dictado por Irene Gruss en Santa Rosa y en Toay. Recorrieron colegios con el Plan Provincial de Lectura, participaron en la Feria del Libro en Jacinto Arauz, en encuentros organizados por APE (Asociación Pampeana  de Escritores) y en la Feria del Libro de Buenos Aires. Han presentado sus trabajos en festivales de poesía en San Juan, Córdoba, Catamarca, Santiago del Estero, Jujuy, etc. Publicaron El hilo invisible (Edición de las autoras, 2012), Donde  el viento (Dunken, 2016) y Hoja de Ruta. Entre la niebla y otras zonas de duda (Ediciones en Danza, 2019).

Invierno en el bajo

El frío invernal abraza furioso

laguna seca, residuo de mar olvidado

salitre que flota y se expande

nube suspendida.

El sol rompe furioso y se adentra,

Se puede medir el diámetro y la oblicuidad exacta

            [de los rayos.

El viento pinta de blanco los caldenes inmóviles

ídolos gigantes que habitan en este desierto extraño.

Y frente a mí, la realidad es magia

la transposición de un extra mundo

casi onírico sin reloj ni límites.

La carretera no tiene comienzo, ni sabemos dónde nos lleva.

Solo el aquí, el ahora y mi respiración que escucho

me muestran que no estoy soñando.

II

Y vino a posarse allí

un solitario loro barranquero.

Se paró sobre un caldén plateado.

Un rayo cayó sobre el, transformándolo

en un astro de luz verde, intenso.

Criatura salvaje, de belleza descarada

estaba allí mostrándome lo que no podía captar.

Solo podré retenerlo en mis sentidos

grabar su imagen en los recovecos laberínticos

                   [de mi cerebro.

En este pequeño punto del universo

La chapa cruje.

en el suelo el nido roto, la rosa desnuda.

Los árboles jóvenes besan mil veces el suelo.

Las hormigas negras corren en círculos

y otras vuelan aunque no tengan alas

detrás el hormiguero descabezado muestra sus blancos huevecillos.

Del desierto arrastras, cabezas de bruja enmarañadas

que golpeas contra todo, hasta que abandonas.

¿Donde quedará la media huérfana? ¿La hoja del diario?

¿Donde quedará la bolsa de nailon que se infla y se eleva

se desinfla y se golpea

Epifanía circular eterna

en este pequeño punto del universo.

La calma lo abraza todo

los sonidos vuelven, acarician los oídos.

Los pájaros revolotean, se buscan, se llaman

mi perro olfatea un pichón en el suelo

y un pimpollo se anima a abrir su corola.

Seremos libres

(por unos días o por unas horas)

del viento.

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Autor

Raúl Bertone