7 metáforas para entender el Facebook en 2017

Por Yamila Juan (Especial para El Lobo Estepario)

7 metáforas para entender el Facebook en 2017

Estamos en julio, en Argentina. Luego de haber terminado de cursar la Licenciatura en Comunicación Social, mi reticencia a incorporarme a la última moda tecnológica era congruente con la mirada fatalista sobre “las redes vigilantes que el poder mundial extiende sobre el planeta” con que salí de la facultad.
No obstante, luego de algún planteamiento interior, seguramente, y de ponerme condiciones que fui desechando (como esa de “no voy a aceptar a nadie como amigo si no lo conozco personalmente”), en 2009 generé mi cuenta de usuaria de Facebook, con una foto de perfil que denotaba tristemente su baja calidad, que no obtuvo ningún pulgar arriba y sólo tres comentarios, contando el mío.

Miré al pasar, ayer, la aplicación en mi Smartphone y vi una felicitación o algo así del propio Facebook por haber publicado durante cinco días seguidos (publicaciones a las que cada vez menos expectativa les pongo) y que mis “amigos” estaban “reaccionando”. En el 2009, los dos me gusta que recibía el planteamiento existencial que escribía en mi muro me servían de aliento para toda la semana, hasta que decidía sorprender a mis amigos y conocidos personales con otra frase bien pensada que quizás ni leerían o entenderían.
Los análisis que puedo hacer sobre el uso de la red social, ahora, prefiero formularlos como siete metáforas asequibles, no les tengas miedo:

La serpiente de múltiples cabezas: como siempre, debemos empezar por el mito. Imaginate que estás enojado por algo, o ni siquiera enojado, sólo molesto… supongamos que un ciclista se cruzó adelante tuyo, tan rápido que te pudo haber tirado en el asfalto y ni siquiera se dio cuenta; entonces como no tenés necesidad de hacer una denuncia por eso ni de volver llorando para contarle a tu mamá, lo relatás en tu muro. Al término de unos minutos, tres de tus amigos pusieron me gusta, y dos que entienden un poco más del tema han reaccionado con caritas de asombro. Luego cae un comentario: “Mirá antes de cruzar, bolú… jajaja”. Otro fiel amigo te dice: “A mi hermana le pasó eso la semana pasada, en qué calle fue?”. Y luego alguien al que hace mucho que no ves, decidió escribirte: “Hey, tanto tiempo, qué bueno que sigas bien, te acordás cuando nos íbamos a los asados”. Al que le sigue: “La gente anda loca porque no le alcanza la plata”. Ahí está, en este caso hiciste que la serpiente tuviera nueve cabezas, como mínimo, porque al día siguiente quizás tengas alguna notificación nueva sobre eso.

Una foto de tu mamá en bikini: indiferentemente de si tiene 40 u 80. Las modas parecen haber funcionado siempre así: al principio son incorporadas por una minoría audaz que es criticada por una mayoría que le atribuye obscenidades a eso que “se usa”, luego eso que se usa no es discutido y las mayorías pasan a usarlo como una opción más de su guardarropa. Te pongo en situación: es de noche, tenés el celular en la mesita de luz, sonó pero no es un mensaje y te da fiaca mirar de qué se trata. A las 4:00 te despertás sofocado y no aguantás la tentación de mirar de qué se trataba. Un globito rojo en la parte superior de la pantalla te anuncia que María de las Mercedes quiere ser tu amiga en Facebook, un poco te decepciona, pero vas a ponerle aceptar y enseguida te acordás de que María de las Mercedes es la prima de tu mamá que vive en un pueblo cerca de la costa donde fuiste hace mucho, mucho… entonces dudás. Te volvés a dormir y al otro día, un poco por ese ‘nosequé’ le ponés “aceptar solicitud de amistad”. Con el correr de los días, te percatás de que MM no tiene fotos actuales para publicar y quiere compartir solamente esas fotos que una vez encontraste en un cajón de los recuerdos y que como tu mamá se enojó no volviste a abrir. Recordás el asombro que te provocó haber visto aquella vez a tu mamá posando en bikini, las sensaciones alocadas en el estómago de estar encontrando algo revelador… sin embargo no es el mismo asombro que ahora te provocan las fotos de MM, que aparece también en malla (pero 30 años atrás) cada vez que reanudás tu sesión, disponible ante el público facebookero. Dato no menor: resulta que a tu mamá le encanta verse ahora, sabiendo que no sos el único que le puede abrir el cajón de los recuerdos. La privacidad destapada es placentera en Facebook. O mejor: Facebook es el placer que genera la privacidad destapada.

El lienzo de los dadaístas: Los artistas plásticos del surrealismo inventaron un método para crear y romper estructuras prefijadas. Ellos querían que su subconsciente se expresara sin restricciones y también creían en el arte colaborativo, por lo que solían juntarse a trazar sobre un mismo lienzo figuras que no se conectaban con las que había realizado el artista anterior ni con las del siguiente. Quizás no necesite esta metáfora más conexiones. Facebook es eso, solo que en el muro extensible con scroll, los “artistas” no tienen intenciones de ser tales.

Un corrector de ojeras indeleble: Uno de los secretos del maquillaje es que el corrector debe usarse sin que se note. Cuando queda de manifiesto, es decir cuando se ve la línea color piel que no es el mismo de tu piel, quedaría mejor que no lo tuvieras. Pero indeleble significa que no se puede borrar. Querés dar una buena imagen, que los demás se emocionen, comenten o simplemente hagan clic debajo de tu foto en señal de lo atractivo que les parecés. Al mismo tiempo, te enojás con lo que han publicado otros, cortás en pedacitos los cometarios de otros con tu propio comentario, eliminás a un amigo y sos indiferente a varias solicitudes, no les respondés a quienes no te da la gana, ni siquiera te molestás en abrir algunos mensajes sabiendo de quién vienen. Y tu foto de perfil está impecable. Los que miran bien saben que hay algo que no concuerda.

Un machete encontrado: Me ha pasado de llegar a un examen y encontrar en el banco un papelito enroscado en cuyo interior estaban las soluciones de un parcial de química, miré las respuestas mientras esperaba la hoja de preguntas de Metodología de la Investigación. Resulta que abrís Facebook en esos momentos tediosos del día, sin darte cuenta porque el hábito está incorporado, buscando no sé qué o mientras esperás algo y resulta que ahí está la solución escrita que alguien te brinda para atravesar con éxito una prueba que no es la tuya. Miles de frases bienintencionadas saturan los muros sin que el significado trascienda hasta vos, que apuntás a no olvidarte tus propias respuestas para la vida que te está tocando.

La caja de monedas del despensero: A veces suele haber en quioscos de barrio una cajita forrada con papel afiche y la foto de un nene que necesita un trasplante… al parecer, las monedas que deposites allí serán la clave para que eso suceda. Revisá tu muro y decime si no ves esa misma caja, mejor presentada, en los pedidos de me gusta y compartir para que los hielos antárticos no se derritan, que los desaparecidos aparezcan, que los enfermos se curen y una caterva de pedidos de auxilio que hacen que te sientas un miserable por estar tranquilo frente a la computadora con una taza de café en la mano.

Un pequeño agujero en la pared de tu habitación: No importa si sos menor o mayor de 18 años, alguien te dice que en tu habitación hay una abertura disimulada que da a la vereda y te morís de angustia. Al principio tratás de descubrirlo, pero como no está a simple vista, te calmás un poco. Con el tiempo ponés portarretratos tuyos y de tus amigos en la pared y los mirás, no hay nada de malo en eso… si alguien estuviera mirando y viera eso… qué?! Como no pasa nada, vas recobrando libertad y en tu pequeño lugar hacés y deshacés a gusto y piacere. Y de tanto que todo el mundo hace lo que quiere te olvidás absolutamente de que alguien alguna vez te dijo que había un pequeño agujero por donde gente que no conocés te mira en tu espacio íntimo desde afuera. Creéme: Facebook es todo lo anterior, pero sobre todo ese agujero.

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