Aprender a leer

En la antigüedad y aún en la época media de la humanidad muchos de los crímenes “oficiales” se perpetraron por intermedio de la Iglesia. En los tiempos nuevos de esos crímenes se han encargado en parte los llamados revolucionarios. Y así como no hace falta demasiado entendimiento para ver que aquellos primeros hombres estaban en verdad lejos de Dios, tampoco es necesaria una elucidación maravillosa para comprobar que tales revolucionarios están en las antípodas de la revolución.
Como Martin Buber o Samuel Coleridge creyeron, hay enormes posibilidades de que cada hombre no sea una isla, no sea un carácter perdido e ininteligible, sino una letra de misteriosa significación que al juntarse con los demás hombres genera un sentido, compone un texto orgánico que se lee con el idioma de la naturaleza.
Aprender a leer es la revolución.

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Autor

Eduardo Senac