Aún no estoy muerto: los recuerdos íntimos de Phil Collins a días de comenzar su tour por Latinoamérica

El legendario cantante publicó una autobiografía con la que bautizó su actual gira por el mundo y en la que revela disputas con Los Beatles, los motivos de una mala salud y su alcoholismo.

Como dice en su propia canción, Phil Collins tuvo una vida y tuvo un amor, y entonces “algo ocurrió camino al Cielo”. Pero, ¿qué es lo que ocurrió, exactamente? Quienes se preparen para ver al “legendario” cantante de Genesis a partir del mes próximo en Brasil, México, Perú, Chile, Uruguay, Puerto Rico y Argentina se harán esa pregunta en cuanto Collins pise el escenario. O, en realidad, en cuanto Collins aparezca sentado en el centro del escenario, estático sobre un pequeño sillón equipado con una mesa, su bastón y un micrófono.
Ante ese cuadro, no es casualidad que a los 66 años, incapaz de caminar sin ayuda e imposibilitado para tocar el piano o la batería ‒el instrumento con el que inmortalizó temas como “In the Air Tonight” y que ahora ejecuta Nicholas Collins, uno de sus hijos‒, el hombre que vendió millones de discos en todo el mundo haya elegido Aún no estoy muerto como nombre para su nueva gira.
Una vida de excesos, conflictos llevo a Phil Collins a escribir su propia biografía y a iniciar su gira denominada “Aún no estoy muerto”

Una vida de excesos, conflictos llevo a Phil Collins a escribir su propia biografía y a iniciar su gira denominada “Aún no estoy muerto”.
Sin embargo, Aún no estoy muerto (Not Dead Yet, en idioma original) es también el título de la autobiografía de Phil Collins, un libro que publicado en 2016 ‒y disponible en castellano solo en España, por ahora‒ narra con sarcástico humor inglés la curva casi completa de una vida y un cuerpo consagrados al sonido.

“Como pueden ver en la portada, aún no estoy muerto. Pero cuando sí me vaya, preferiría que mi epitafio no dijera: ‘Llegó. Escribió “Sussudio”. Se fue’. Es por eso que escribí este libro”, advierte Collins a quienes, a través de las generaciones que oyeron su música, pueden conocerlo tanto como el diestro baterista de Genesis durante los años del rock progresivo de los setenta, cuando Peter Gabriel era el vocalista, o como el cantante que ya sin obstáculos creativos trasladó a esa banda hacia los grandes hits del pop en los ochenta, o también como el histriónico solista que con exitosas baladas e interminables giras obtuvo en los años noventa hasta un Premio Oscar por “You´ll be in My Heart“, la canción de la película animada de Disney Tarzán.

Tapa de su biografía publicada en 2016 donde narra acontecimientos de su vida personal y profesional.
El primer paso en la senda artística de Phil Collins fue su participación accidentada como extra en A Hard Day´s Night, la película que Los Beatles filmaron en 1964. “No solo estaba enfrente y en el centro de un concierto íntimo, sino que estaba siendo inmortalizado en celuloide al lado de mis primeros héroes musicales”, recuerda Collins al reconstruir el instante de gloria durante el que a los 13 años, gracias a la discreta recomendación de su madre (que era representante de actores y lo había ayudado a comprar su primera batería) vio en el Teatro Scala de Londres a Los Beatles mientras grababan una escena para su primera película.

El shock, sin embargo, dejó al joven Phil paralizado. Y es probable que eso haya provocado que su imagen no llegara a la edición final: “Es la razón por la que no estoy en la película: no demostraba suficiente beatlemanía. Yo solo quería ver, no quería gritar mientras tocaban”.


Esos curiosos desencuentros entre Collins y Los Beatles, dos instituciones distintas pero cruciales en la cultura popular británica, se repetirían. Por ejemplo, tras participar como un ignoto baterista cerca de Ringo Starr en las sesiones de grabación de All Things Must Pass, el primer álbum solista de George Harrison (de quien luego sí sería amigo), su nombre tampoco llegó a los créditos, mientras que su vínculo con Paul McCartney permanece encapotado hasta hoy, luego de criticar en público la vanidad del autor de “Yesterday” (“Parece que el pequeño Phil es un poquito fan de Los Beatles”, le habría dicho McCartney de manera humillante cuando, en un evento en el Palacio de Buckingham en 2002, Collins le pidió un autógrafo).

Por supuesto, no fueron esas las batallas que castigaron a su cuerpo, aunque tampoco se trató de los clichés habituales del rock´n roll. Ni las drogas ilegales ni el sexo caótico fueron los obstáculos más significativos. Según Collins, los verdaderos inconvenientes comenzaron a mediados de 2007, cuando se preparaba para cerrar junto a Genesis la gira Turn It On Again: The Tour en Roma. Con tres divorcios a cuestas ‒incluido uno “por fax” que años antes había alimentado a la prensa amarillista‒, hijos repartidos entre Europa y América ‒entre ellos, la actriz Lilly Collins‒, y un precedente impactante de 112 funciones cumplidas a lo largo de 10 meses, tal como había establecido la gira Invisible Touch de 1986, la opción de retirarse con la frente en alto a comienzos del siglo XXI parecía la más adecuada.

A partir de entonces, creía Collins, una nueva etapa lo ayudaría a reconsiderar sus prioridades personales: ya no más ausencias prolongadas, ya no más vuelos a solas para sus hijos a la hora de volver a sus hogares al otro lado del Atlántico. Aunque su carrera le había enseñado que “todos odian las separaciones pero aman las canciones sobre las separaciones”, tal vez había llegado el momento de apostar también por una relación nueva. Sin embargo, “en algún lado de la gira empecé a tener un problema con mi brazo izquierdo, que llegó hasta el punto en que apenas podía sostener los palillos de la batería”.

Mientras su capacidad para tocar desmejoraba y la sensibilidad en sus dedos desaparecía, las consultas médicas se multiplicaron. “Después de la gira, obedecí a una tradición familiar: no hice nada acerca de este problema de salud. Ya se iría. Pero no lo hizo, y empeoró”. El diagnóstico se revelaría en un hospital en Suiza, país donde se había mudado durante su tercer matrimonio: las vértebras cervicales estaban severamente calcificadas y sin una cirugía el daño en los nervios podía extenderse y provocar una parálisis grave en todo su cuerpo.

Tras medio siglo de práctica, Collins ya no pudo volver a tocar la batería ‒”o sostener un cuchillo para pan”‒, al tiempo que el malestar se concentraba en su codo izquierdo. Finalmente, en 2010, luego de diversas cirugías y tratamientos fallidos, y mientras procesaba su último divorcio, el autor del hit “I Can’t Dance” se preguntó cómo podía cubrir el vacío: “Ya sé. Voy a beber un trago”, fue la respuesta. Y así comenzaron los meses álgidos en los que el propietario de una fortuna estimada en 120 millones de dólares “bebería casi hasta la muerte”, una perspectiva que no mejoró cuando en 2012 Orianne, su última exesposa ‒la misma con la que recompuso un noviazgo el año pasado‒ se mudó con sus dos hijos a Miami.

Pese a los inconvenientes que conllevo suadicción Collins decidió no dar por terminada su carrera e incluso planeo su próxima gira. Se presentará el 20 de marzo de 2018, en el Campo Argentino de Polo
“Nunca necesité ir a rehabilitarme por la bebida. Siempre podía detenerme. Y me detuve varias veces. Me volví muy bueno para detenerme. Pero me volví aún mejor para comenzar otra vez”, escribe Collins en Aún no estoy muerto. Mientras sus hijos más jóvenes emigraban a Miami, entonces, la voz de “Against All Odds” permanecía internada en una lucha casi definitiva contra el alcoholismo que incluía catéteres, morfina y un páncreas al borde de la atrofia.

De esa experiencia se llevaría no solo el evidente deterioro de su figura sino también la necesidad de una medicación crónica para la hipertensión, el páncreas y el corazón. “Y contra todo consejo médico, no médico y salud mental, comencé a beber de nuevo despacio. Despacio al principio. ¿Qué más podía hacer? Mi familia me había abandonado y yo me aburría a solas”.

Las nuevas internaciones, los nuevos tratamientos médicos, las renovadas frustraciones y el merodeo de un desenlace fatal se volvieron constantes. Fue el inédito tiempo disponible del retiro, recuerda Collins, “el vacío y los niños lejos”, lo que provocaba su necesidad de alcoholizarse. Hasta que llegó el año 2014. Instalado nuevamente con su familia en Miami y otra vez en paz, ni la columna dañada ni la audición disminuida doblegaron por completo su voz. Entonces, ¿por qué no dar por terminado el retiro?

Esa oportunidad llegó a finales de 2016, con la publicación de la autobiografía con la bautizaría su comentado regreso a los escenarios. “Por cortesía de mis hijos, tuve que pensar en mi futuro. Aún no estoy sordo. Aún no estoy muerto. Me llamo Phil Collins, soy baterista y sé que no soy indestructible”.

Fuente: Infobae
Nota: Diario de cultura

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