El baile como fuente de felicidad

Agruparse para bailar diversos ritmos. Soñar al ritmo de la música. La salud emocional se fortalece. La autoestima se refuerza. La memoria se estimula. Y el baile también como un juego, activando áreas sensoriales y motoras. Cada danza aporta sensaciones diferentes. No cabe duda que constituye una de las herramientas terapéuticas y energéticas más poderosas que existen para conectar con la alegría y plenitud desde el plano no verbal.
El Estudio de danzas The Wolves viene concentrando distintos ritmos desde septiembre de 2008 y esas expresiones en conjunto se han vivenciado en este último tiempo, como fue la cuarta obra denominada La calle, mostrada en sociedad días atrás en el auditorio de MEdANo. La misma tuvo como referencia el baile urbano, desde sus inicios hasta la evolución como tal, siendo observada por un nutrido público que disfrutó de cada una de las facetas manifestadas por el grupo de alumno/as que dirige la profesora Ludmila Martos, quien el año pasado se mostró con Korper, su anterior trabajo coreográfico.
“Cuerpos urbanos poetizados al ritmo de los suburbios originados en la década del 70, hoy nos invaden, alteran, vibran, modifican, acompañan, separan y estatifican” rezaba la frase en la convocatoria. Un intenso despliegue de bailarines de distintas edades, quienes realizaron versátiles puestas en escena. La musicalización estuvo a cargo del profesor Emanuel Martínez, mientras el sonido y la iluminación perteneció Gabriel Arancibia.
“Cada alumno trabajó con amor, profesionalismo y dedicación. Los padres estuvieron comprometidos. Volvimos a hacer realidad otro sueño. Nada jamás es inalcanzable, todo está en cuanto uno lo desee disponiendo de su corazón. Felicito a aquellos que bailaron por primera vez, ha sido un gran paso, y también a quienes aún no se animaron y nos vieron como espectadores. Al sueño tarde o temprano se llega, no debemos tener apuro, primero caminar, después correr”, expuso Martos tras la realización de La calle.

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Autor

Raúl Bertone