Baudelaire, el dandi parisino

Baudelaire había afirmado del dandi que “tenía una ardiente necesidad de creerse una originalidad y que a sus ojos la perfección del acicalado consiste en la total sencillez, que, de hecho, es el mejor modo de distinguirse“. Baudelaire vestía siempre de un negro riguroso, elegido con toda conciencia -sostenía- para una época de luto. El corte del traje era fruto de cuidadas y difíciles reflexiones.

“Bajo la corbata, anudada con una gracia exquisita, su largo chaleco se cerraba sólo con algunos botones, para abrirse lánguidamente sobre la finísima tela de la camisa. En sus zapatos perfectamente lustrosos bien podían reflejarse los guantes de color, con frecuencia rosa o castaño muy claro. Años después, bajo el alto sombrero, el chaleco sería entonces de cachemir, negro también, como la larga corbata, ligeramente anudada. Levasseur se acuerda perfectamente del andar oscilante de sus zapatillas de terciopelo, sustituidas en invierno por zapatos blancos inmaculados.

Pero, sobre todo -lo apuntaba el fotógrafo francés Gaspard-Félix Tournachon, más conocido como Nadar, quien tomó varios retratos del poeta maldito-, más que su caminar y su vestuario, era la expresión de su rostro, suspendido entre la amarga contracción de sus labios y la luz oscura de sus ojos, lo que turbaba el ánimo de cualquier transeúnte que con él se encontrara.

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Autor

Raúl Bertone