“En Buenos Aires existen milongas todos los días”

El poder creativo de este par de opuestos, la vitalidad generada por su interacción, se ven en el tango como en ningún otro baile. Y señalan directamente al par fundamental de opuestos que están siempre en el secreto corazón del tango: el hombre y la mujer. Y como el tango es un palpitar, es la vida que toma forma en ese sentir, y está abierto al desconcierto de ese concierto de instantes. La danza, el trazo propio de una pareja que abre la posibilidad a la creatividad desde la singularidad de dos bailarines como los piquenses Federico Ibañez y Nuria Lazo.
Esa alegría del cuerpo que se recupera en lo indescifrable del abrazo íntimo, ese impulso vivaz y fugaz que se desvanece en la acción que lo relanza nuevamente a la siguiente pieza, a ese lugar del movimiento que lo convoca y espera. Ibañez y Lazo tienen un importante camino recorrido en la escena desde que se incorporaran en 2008 a la Compañía de Tango del IUNA. Y la vida también los viene uniendo, vínculo que se fortaleció con el arribo poco tiempo atrás de su primer hijo. Se trata de una pareja consolidada en un género que es único entre los bailes, con su contraste entre su sensualidad y la precisión de su geometría. Sensualidad y geometría con frecuencia no se conjugan en la estética.
“Conocimos el tango una vez arribados a Buenos Aires. Aquí habíamos bailado folclore, primeramente en la Academia El Caldén, después estuvimos en el Ballet Alma de la Tierra, pudiendo conocer diferentes lugares y certamenes. En el 2003 nos fuimos de General Pico para estudiar en el IUNA la carrera de Licenciatura en folclore con mención en danzas folclóricas y tango, y como estaban las materias obligatorias empezamos a incursionar en el tango, de a poco nos metimos en ese lenguaje, pero sin dejar de lado del todo al folclore. Sucede que a medida que lo vas conociendo, le vas tomando el gustito y más te atrapa. Así nos sucedió a nosotros. Claro que la historia arrancó casi por necesidad en ocasión de un viaje que hicimos a Francia y España integrando una delegación de la Compañía de Danzas Argentinas de Ituzaingó. No había parejas de tango, había que mostrarlo y bueno, en ese momento decidimos dedicarle más tiempo”, contó Ibañez, entrevistado por El Lobo Estepario. El bailarín visitó por estos días nuestra ciudad junto a Nuria y su pequeño hijo, para el necesario reencuentro familiar.

– ¿Coincidís que hubo un resurgimiento del tango como práctica bailable en Buenos Aires y en otros puntos del país?
– Claro que sí, no solo en Buenos Aires, diría que es algo que pasa a nivel mundial. Se está bailando en todos lados y en lugares en los que uno ni pensaba alguna vez se pudiera bailar tango. Y sin embargo la gente lo hace, y le encanta. En Buenos Aires existe una demanda importante y también hay una oferta más que interesante, existen milongas todos los días, clases todos los días, lo que quieras…Sí pienso que hay como un descuido de parte de las autoridades de gobierno en cuanto a que ven al tango solo como un comercio y se preocupan por ahí cada vez que es el Mundial, pero no cuidan los espacios chicos, a esas milongas que tanto les cuesta hacer a los organizadores, quienes muchas veces son más las trabas que encuentran que los beneficios que pueden tener a la hora de organizar un evento que concentra a mucha gente de afuera, que es un lugar de encuentro. Igualmente existen personas que le ponen el pecho y siguen cuidando el tango.

– ¿Dónde radica la diferencia entre los dos estilos existentes, esto es tango escenario o tango fantasía y tango salón?
– La diferencia es mucha. El tango escenario es llevarlo a la escena, plantearse una coreografía, exponer un papel, interpretar algo, mientras tango salón es más lo popular, lo que sucede en un ámbito donde dos personas se encuentran y bailan tres temas que te surgen y te ponen en el momento. Nosotros comenzamos con tango escenario atento a que nos resultaba más fácil viniendo del folclore. Con el transcurrir del tiempo empezamos a conocer más tango salón y vimos que también era necesario, que para hacer una cosa necesitábamos de la otra.

– ¿Qué sensaciones les ganan cada vez que recuerdan esa inolvidable actuación en el Mundial de Tango 2015 que les valió un cuarto puesto?
– Quedará por siempre en nuestra memoria y en nuestro corazón. Fue la primera vez que pudimos llegar al Luna Park, estuvimos entre los primeros puestos, y todo pasó casi sin pensarlo, fue bastante de improviso. Era una coreografía que veníamos haciendo en algunas exhibiciones y mucha gente allegada nos dijo que nos presentáramos. Tuvimos la suerte de llegar al Mundial, fue todo muy emocionante, poder hacerlo con un producto que era totalmente nuestro. Nos sucede ahora con personas que nos ven y nos dicen “¡Ah, ustedes son los chicos de Desencuentro!”, que fue el tango que hicimos. Que te recuerden por tu trabajo es muy importante.

– ¿Cómo vienen los proyectos pensando en afrontar giras los dos solos?
– Los proyectos están, solo que ahora tenemos un bebé, somos padres primerizos y la cuestión es acomodarnos. Por suerte contamos con el apoyo invalorable de nuestras familias, a pesar de la distancia están cerca y nos ayudan mucho. Estuvimos haciendo viajes cortos con compañías, anduvimos por Perú, Colombia, pero el año que viene pensamos largarnos solos, queremos empezar a hacer conocer nuestro trabajo, dar clases y que la gente nos conozca más. En este momento estamos haciendo una obra de teatro en el Centro Cultural de la Cooperación, es una obra que se llama Inside Tango, pertenece a Leonardo Cuello y va todos los jueves. Nos quedaría agosto, y por suerte ha ido mucha gente, está casi siempre lleno.

– ¿Todas las coreografías son armadas por ustedes?
– Sí, son siempre nuestras. Armamos y una vez terminadas tenemos algunos amigos que nos van corrigiendo, haciendo ver detalles que tal vez desde adentro no podemos percibir. Uno de ellos es Jonathan Spitel, quien con su ojo crítico es de gran ayuda para nosotros, y de esa manera podemos limpiar nuestra coreografía y darle la última forma. La primera persona que nos marcó un camino fue Leonardo (Cuello), integramos su compañía, y él nos hizo amar el tango escena, gracias a su manera de verlo pudemos buscar diferentes cosas.

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Autor

Raúl Bertone