“Hay que cambiar nuestra propia mirada, generar un nuevo imaginario”

Bretch escribió que el arte no es un espejo para reflejar la realidad, sino un martillo para darle forma. El arte articula sensaciones, propone a los protagonistas de la experiencia recuperar las características propias de ser personas. Ese reconocimiento mutuo como seres humanos que sienten, piensan, se expresan, se comprometen en una tarea colectiva generada desde el propio deseo. El arte como herramienta principal para la recuperación del bienestar. Armando los espacios para estimular a las personas que padecen de enfermedades mentales o de doble diagnósticos. Reforzar esa mirada desmanicomializadora que implica un abordaje diferente de la salud mental, donde el que padece y sufre mentalmente debe ser dignificado como persona. Desmanicomializar significa decir no al encierro.
La Red Argentina de Arte y Salud Mental es una Asociación Civil sin fines de lucro que se conformó orgánicamente en mayo de 1995 y actualmente nuclea a la mayoría de las experiencias artísticas en el campo de la salud mental pública y comunitaria de Argentina. Tiene como objetivo la defensa de los derechos humanos de los usuarios de la salud mental en el marco de la Ley Nacional de Salud Mental Nº 26657, promulgada en diciembre de 2010. La participación de personas con sufrimiento mental en un colectivo artístico les permite recuperar las capacidades de pensar, sentir y hacer y sus lazos sociales; todo lo que la lógica manicomial se encarga de destruir.
Como una manera de seguir creando conciencia desmanicomializadora, y de interpretación de la realidad, días atrás se vivió en nuestra ciudad un encuentro que fue otra viva muestra de la potencialidad del arte como medio terapéutico. Los talleres para adultos del Servicio de Salud Mental del Centro Asistencial Gobernador Centeno vienen implementando desde hace un buen tiempo espacios de producción artística con diferentes enfoques y estrategias, un grupo de personas que se encarga fomentar la reflexión y la participación. La presencia aquí de Liliana Cobe, titular de la Red, sirvió para certificar el trabajo sostenido que se realiza en General Pico, pudiendo vivenciar el denominado Teatro del Oprimido, metodología teatral que busca la transformación social a través del arte para la visualización de las opresiones sociales, desarrollando capacidades para percibir el mundo donde si bien el teatro es lo que organiza los fundamentos teóricos, la propuesta se apoya y se desarrolla trabajando en procesos que se basan en la palabra, el sonido y la imagen.
“La experiencia en General Pico fue maravillosa, cada vez que viajo aprendo un montón, poder estar en el lugar con la gente, conocer los espacios, te da otra dimensión de cómo se trabaja. Con Andrea (Talone) nos conocemos desde hace muchos años, es una persona sensible, profunda y comprometida, es una persona de una sola pieza. Cuando le propuse llevar el seminario del Teatro del Oprimido se entusiasmó desde el primer momento y consiguió todo lo que consiguió. Además de ocuparse de la difusión junto al resto de la gente que intervienen en los talleres. Puedo decir que de Pico me llevé el respeto con el que se trabaja, el nivel y la calidad humana, y por supuesto esto produce los efectos que tiene que producir porque cuando hablamos de salud mental es muy importante la mirada del otro. Creo que tenemos que empezar a entender que nuestra mirada sana, o también enferma. Hay componentes emocionales muy fuertes en la salud mental, sociales y vinculares. Pude ver a usuarios empoderados que han tenido a lo largo del tiempo una evolución increíble y veo que todo lo que hacen es de mucha calidad, como el corto El intenso, que es poesía en imagen, demuestra una vez más que poniéndole trabajo y dedicación se pueden hacer cosas maravillosas a pesar de los recursos. El intenso me emocionó, es el ejemplo de cómo se trabaja en General Pico en salud mental” señaló Cobe, abriendo una larga entrevista con El Lobo Estepario.

– ¿En qué momento se instaló la necesidad de conformar una entidad que permitiera reunir y sostener las diferentes experiencias artísticas en el campo de la salud mental pública?
– La Red se formó orgánicamente en 1995 y hablar de la Red es hablar de Alberto Sava, fundador y creador del Frente de Artistas del Borda, es quien en 1989 generó la idea de hacer un Festival de locos, una idea única en el mundo. Ese año fue la primera edición reuniendo a artistas internados y externados en hospitales psiquiátricos, tuvo lugar en Capital Federal, asistieron pocas provincias pero empezó a tener mucha repercusión el arte en la salud mental. Cuando se conformó la Red Argentina fue con la idea de llevar a cabo e impulsar estos festivales con la intención de agrupar todas las experiencias dentro de los hospitales o centros comunitarios, tal como sucede hoy. El único objetivo para pertenecer es compartir nuestros objetivos de luchar en contra de los manicomios y en favor de una atención digna gratuita libre de la salud mental publica. El arte es nuestra herramienta de lucha, lo usamos para crear conciencia social de lo iatrogénico y de lo inhumano que es el encierro y de todo lo que provoca, el abandono, la discriminación, todas esas cosas que se instalan en la sociedad con el estigma de la locura. Es cambiar ese imaginario social, la Red nace para luchar y producir cambios, y si bien no negamos que el arte tenga un efecto positivo en la subjetividad, todo lo contrario, como docente teatral trabajo mucho y reconozco el valor terapéutico del arte, nosotros lo usamos con un objetivo que trasciende lo terapéutico y tiene que ver con la transformación social, con crear un nuevo imaginario y poder hacer visualizar en la sociedad este error del paradigma que sostuvo durante tanto tiempo la existencia de los manicomios, que es el paradigma de la peligrosidad.

– ¿Qué se instala hoy en el debate de la salud mental?
– Salud mental es saber empoderarse y poder luchar para modificar nuestro presente. Una persona que es sumisa y acepta las cosas que no le gusta, no podemos hablar de salud mental, esto implica poder manifestarse de buenas maneras y poder decir que queremos cambiar y reclamar nuestros derechos que son naturales. En este país, durante el siglo pasado principalmente, después de los años 50, hubo muchas experiencias de cuestionamiento de los manicomios, un montón de personas en Entre Ríos, Lanús y en el Borda empezaron a hacer experiencias novedosas de comunidades terapéuticas que iban tratando de cambiar esta rigidez de la psiquiatría, esta lógica manicomial. Recuerdo cuando leí a Enrique Carpintero comentando que lo primero que habían descubierto con estas comunidades terapéuticas fue que las personas internadas tenian palabra y que su palabra era valedera. Y que era una persona. El encierro siempre vino acompañado con una desvalorización de esa persona por ser improductiva o incapaz, era sometida a torturas psíquicas, de electroshock, y además no era visto como una persona. Esos movimientos que empezaron no pudieron prosperar, después llegó la dictadura y en 1984 con el gobierno de Alfonsín y con la Dirección Nacional de Salud Mental a cargo de Vicente Galli se inician tres procesos de reforma de tres hospitales emblemáticos, uno fue el Borda donde se intenta hacer un proceso de desmanicomialización, también en Córdoba y en Río Negro, y de estas tres experiencias solo avanzó la rionegrina que terminó con una Ley en los años 90. Fue la primera provincia que lo inició. El Borda tenía entonces 4000 camas, si pasaba hubiera caído el más emblemático, podría haber sido el efecto dominó en todo el país.

– Mencionaste a Sava como alguien decisivo en todo ese comienzo ¿cuánto influyó su experiencia en el Teatro Participativo?
– En ese intento de generar el movimiento se le invita a Alberto, que era creador de una disciplina novedosa que sacaba el teatro de los circuitos comerciales a la calle. Lo convocan como mimo y psicólogo social, ya traía consigo toda esa experiencia, y la idea era sacar a los locos a la calle. El arte fue la excusa para romper esos muros de encierro. Cuando Alberto llegó empieza a caminar por los pasillos del Borda, a ver grafittis, manifestaciones artísticas, a gente tocando la guitarra o cantando, y los convoca para que formen un grupo artístico para luchar por sus derechos en contra del encierro. Así nació todo. Yo provengo de ese Frente de Artistas del Borda, desde su irrupción fue un grupo con una lógica totalmente diferente a la manicomial porque todo se resolvía en asamblea, de una manera democrática. Con el Frente nace la idea de hacer un festival de locos y así organiza los dos primeros.

– Augusto Boal decía que cada hoja del árbol del Teatro del Oprimido forma una parte indisoluble de este, alcanzando directamente a las raíces y a la tierra ¿qué características destacarías?
– El Teatro del Oprimido es una herramienta que permite visualizar conflictos y buscar en conjunto soluciones probables. Cuando se me acercó Cora Fairstein a decirme si podía dar talleres me interesó muchísimo porque tiene la característica de mostrar en un pequeña obra una situación de conflicto que se da en la comunidad. A Pico llevamos temáticas que tienen que ver con la estigmatización, la hegemonía médica, el maltrato o el abandono, quisimos mostrar en una escena donde la gente en general pueda ver y verse identificada, por solidaridad o lo que fuere, ver esa injusticia y reflexionar sobre alternativas o estrategias para evitar que eso siga sucediendo. El arte lleva un mensaje, el arte en síntesis conmueve y muchas veces puede decir cosas sin palabras que grandes discursos no llegan a expresar. Yo aprendí mucho acerca del sufrimiento de las personas encerradas leyendo sus poesías, por eso siempre decimos que encerrar a una persona que sufre es una verdadera locura.

– La sanción de la Ley Nacional en 2010 permitió hablar de los usuarios como personas que padecen sufrimiento mental, fue el comienzo de un gran cambio…
– Esta es una definición muy sensible porque pone a la personas en el lugar del sufriente y no en el lugar del peligroso. También es verdad que cuando hablamos de la desmanicomialización no se resuelve únicamente cerrando hospitales psiquiátricos, se resuelve haciendo un trabajo profundo en la comunidad para que las personas puedan incluir a quienes estuvieron encerradas injustamente. Pero además hay que cambiar nuestra propia mirada, muchas veces somos los carceleros de los demás, somos quienes juzgamos la vida de los demás, tenemos que aprender a mirar al otro con empatía. La lógica manicomial también viene de ese miedo de querer poner una barrera, de sentirnos diferentes, como poniendo un limite de que esto a nosotros no nos puede pasar nunca y es mentira, cualquiera puede tener una crisis o sufrir depresión, perder el rumbo o el eje de nuestra vida, pero eso no lo comentamos.

– Los festivales son un rasgo distintivo del accionar de la Red, son únicos en el mundo y fueron reconocidos por la Unesco ¿qué objetivos principales persiguen?
– Poder encontrarnos, intercambiar experiencias, mostrar las producciones. Es un incentivo para que la gente trabaje, generalmente los talleres esperan esta instancia con mucha alegría para mostrar lo que hacen. Es muy importante que se trabaje apuntando a la calidad artística, no nos gusta mostrar cosas que no tengan calidad porque nos parece que sería apuntar más al existencialismo y a una cosa infantil de venir a ver lo que hacen los loquitos, y lo que nosotros queremos es que la gente sepa que son personas que tienen la capacidad de producir obras de calidad. Reconocer que el arte tiene este valor para generar un nuevo imaginario. Los festivales internamente son momentos de mucho crecimiento conceptual también, nos juntamos y aprendemos mucho de las experiencia de los otros, aquellos grupos que tienen algún inconveniente pueden intercambiar con otros para subsanarlo, nos apoyamos y buscamos ideas en conjunto. Cuando salió la Ley empezamos a dar información acerca de la misma, sobre los derechos y los recursos que tenemos para favorecer el alta de los pacientes, cómo se pueden armar casas de medio camino. Tratamos de que sea un espacio de crecimiento, hay mesas debate, espacios para radios. Es muy enriquecedor.

– La próxima edición a realizarse en noviembre en Mar del Plata será la número catorce ¿cómo pudieron resolver los contratiempos que asomaron en el camino previo?
– Tuvimos muchos problemas para concretar este Festival porque desde un principio el Ministerio de Turismo nos daba los hoteles de Chapdmalal para el alojamiento pero no la comida, y como somos una entidad sin fines de lucro no podemos afrontarlo. Eso generó malestar, hubo una denuncia en los diarios, y Dirección Nacional de Salud Mental, a través de su director actual Luciano Grasso, se solidarizó y cargó sobre sus hombros la intención de que se haga. Hizo gestiones en nuestro nombre y bueno, accedimos a hacerlo por cuatro días y no seis, y con 600 personas en lugar de 800. Es la primera vez que nos pasa. El Ministerio de Turismo terminó pagando la mitad, y vamos consiguiendo recursos del Fondo Nacional de las Artes para completar. Todos quienes estamos en la Red estamos ad honorem, no solo no cobramos nada sino que no tenemos recursos para pagar comida y alojamiento de estos festivales que tienen inscripción gratuita y espectáculos de entrada libre y gratuita. Es un esfuerzo grande, es muy agotador trabajar en estas condiciones, muchos funcionarios saben de la larga trayectoria de la Red y de su aporte, debería ser apoyada por el Estado. El arte jamás fue reconocido, era como una actividad menor para los psicólogos y psiquiatras, pero poco a poco esta lucha en el tiempo ha roto esa resistencia. Utilizamos el arte como herramienta política pero no partidaria, no preguntamos a la gente de qué partido es, sino tener los mismos objetivos en la lucha. Somos personas que luchamos por la transformación del sistema de atención de la salud mental en el país y en contra de los manicomios.

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Autor

Raúl Bertone