«Cantar es conectarme con todo lo bueno y bello que tiene la vida»

El espíritu de la ópera. La fascinación del escenario. El misterio mágico de la escena cantada. Quien vive esa realidad, sean protagonistas o público, aunque sea efímera, sirve de nutriente para su mundo interior. Y escuchar ópera hace de esa experiencia una propia construcción personal. Historias metafóricas que, en el fondo, son las mismas para todos. Vivir, soñar, y descubrir que la magia es abrir la puerta a la imaginación y dejarse llevar. El poder expresivo de las emociones humanas.

La soprano Cecynés Peralta Kobylañski inició sus estudios de canto lírico en Córdoba, con la maestra Norma Risso, y repertorio clásico con la pianista Martha Vigoritti y el maestro Gerardo Casalino. También ha realizado cursos de interpretación de Lieds Alemán con Guillermo Opitz. Instalada desde hace varios años junto a su familia en la ciudad de Santa Rosa, en 2003 inició su labor en gestión cultural, fundando la Asociación Cultural Pampa, entidad de bien público sin fines de lucro que se dedica al estudio y desarrollo de todas las disciplinas artísticas, con especial atención al canto lírico.

«Música no es un oficio sino una profesión. Es una carrera larguísima, de las más largas que existen, que solo de estudio reglado, lleva diez años de tu vida en un conservatorio. Y una vez con el título en la mano, te das cuenta que a partir de ese momento recién se empieza a entender cómo funciona todo, y se empieza a estudiar en serio, algo que se extiende por el resto de tu vida. Cuando ingresé al Conservatorio Nacional, tenía solo siete años, y jamás pensé que ese estudio se convertiría en mi profesión, muchos años después. Empecé a estudiar como parte de mi formación integral, al igual que idiomas y danza, pero con la idea de que mi profesión sería dentro de la medicina. La música es parte de mi vida y me llena el alma. Cantar es conectarme con todo lo bueno y bello que tiene la vida. Si estaba triste, cantaba. Si me había pasado algo feo, cantaba. Si me sentía mal, cantaba. Si perdía a alguien, cantaba…Y sigo cantando», contó Cecynés, abriendo la charla con El Lobo Estepario.

En 2004 se inició en la producción y dirección musical, con la presentación de musicales infantiles y comedias musicales, preparando elencos de actores, actrices, músicos, cantantes y artistas plásticos, todos ellos pampeanos. Ha representado al país en varios conciertos realizados en Europa y en 2009 inauguró su proyecto más ambicioso: la creación de la Ópera de La Pampa, entidad que aglutina en Santa Rosa a todos los interesados en el género y trabaja sin fines de lucro para la continuidad de una temporada lírica anual, orgánica y estable. 

«Siempre digo que la música me ha salvado y no es una simple expresión. Cuando la vida me puso en situaciones límites, la música fue mi cable a tierra, la que me permitía reconectarme, la que me devolvía la luz y las ganas de seguir adelante. Es difícil de expresar, pero cantar o ejecutar música académica organiza mis ideas y me centra. Es magia pura. Cuando charlo con colegas de diferentes partes del mundo, es sorprendente comprobar que todos tenemos ese sentimiento en común. Será por eso que en nuestra profesión las relaciones son más fáciles y más simples: arrancamos de un denominador común, nos entendemos desde el vamos. He tenido la fortuna de haber logrado mucho en mi profesión, mucho más si se lo analiza desde el lugar donde vivo. Me esforzé mucho, he estudiado y estudio aún con mucha dedicación y autoexigencia, y no me pesa en absoluto. La magia y la emoción de subirme al escenario. Meterme en la piel de cada uno de los personajes que interpreto, me llena el alma, y esa sensación es única. Ver y sentir desde el escenario que el público llora, se sonríe, se emociona, suspira…Ser capaz de transmitir todas las emociones que los genios de la música universal escribieron, eso es ¡magia pura!», destacó la soprano.

La intérprete y gestora cultural también se refirió a los proyectos, además de hacer un balance del 2019, señalando que «el año que pasó ha sido de mucho trabajo. Un gusto que puedo darme ahora ya que mis hijos estudian, y dispongo de más tiempo y libertad. Protagonicé tres óperas en Buenos Aires, una en Neuquén y brindé conciertos también en Buenos Aires y Neuquén, además de Cipolletti, General Roca y Santa Rosa. Este año comenzaré en marzo con el protagónico en Buenos Aires de la ópera Thaïs, de Jules Massenet. Y otras óperas y conciertos a lo largo de la temporada. También espero poder presentar otra ópera más en Santa Rosa, además de conciertos, trabajo que vengo realizando desde hace 16 años con Asociación Cultural Pampa. En fin, la música es parte de mi».

¿Qué le hubiese gustado ser?

Mi vida siempre ha estado tironeada entre la medicina y la música, así qué seguramente ¡lo que soy!.

¿Quisiera cambiar de trabajo?

Me encanta cantar, me hace sentir viva, por lo que no lo cambiaría y sí sumaría más actividad. Sin embargo, habiendo elegido vivir donde vivo, mi vida profesional en el arte ha estado un poco limitada. Elegí ser mamá, tener una familia y vivir en Santa Rosa. En esas circunstancias, creo que hice en el arte, mucho más de lo que hubiera imaginado.

¿Un lugar para vivir en el mundo?

Amo Salzburgo, en Austria, la ciudad donde nació Mozart, por entre todas las ciudades del mundo que conozco. Fui muy feliz allí cada vez que estuve. Tiene todo el arte que amo. Pero Argentina es mi país. Cada vez que tuve que hablar de ella en el exterior, lo hice con orgullo.

¿Qué desea para su vejez?

¿Viste la película El hijo de la novia,  con Alterio, Aleandro y Darín? Bueno, eso quiero. Obviamente no sufrir un Alzheimer como el personaje de Aleandro, sino ese amor a prueba de todo que aún siente Alterio en su vejez. Recuerdo que cuando salí del cine le dije a mi marido: “Prometeme que vamos a llegar así cuando seamos viejitos. ¡Que me vas a mirar con el mismo amor con que Alterio mira a Aleandro!».

¿Qué mejoraría de su cuerpo?

Siempre estuve muy conforme con él, no tengo nada de qué quejarme. Pero si tuviera que elegir algo, quizás me gustarían unas piernas más largas…Jaja!

¿En qué tarea no se siente inteligente?

Mmm…En el gimnasio!! Hacer actividad física me cuesta, no me gusta, y me estresa cuando a menudo me dicen:  “pero, ¿no hacés nada? Tenés que hacer actividad física!”. Siempre digo: dame cien libros para leer, mil partituras para estudiar, pero no me pidas que vaya al gimnasio.

¿Cuál fue el momento más feliz de su vida?

Creo que si eligiera uno estaría siendo injusta con otros. Muchas cosas me hacen feliz: mis hijos, mi familia, y por supuesto, cantar.  Si tuviera que elegir, quizás cuando pusieron a mis hijos por primera vez en mis brazos…

¿Su primer trabajo?

Empecé a trabajar cuando estaba en segundo año de la facultad, y no paré. Tenía 18 años y daba clases en la cátedra de Química Inorgánica en la Facultad de Ciencias Químicas de la Universidad Nacional de Córdoba. Yo estaba en segundo y dictaba clases a primero.

¿Cuál es el buen cine?

Me encantan las películas románticas, esas que te dejan sabor a miel en la boca. Salir del cine con un suspiro que te llena el pecho.  Soy una romántica empedernida. También disfruto mucho del cine policial y sin dudas, le escapo a las películas violentas. Demasiada violencia tenemos en el día a día como para malgastar mi tiempo de esparcimiento viendo más violencia. Creo que el buen cine es ese que te deja algo para pensar, algo para sentir,  que te permite olvidarte de los problemas por un rato y sentirte como “en otra parte”.

¿El último libro que leyó?

La libertad de ser quien soy,  de Pilar Sordo.

¿El mejor libro que leyó?

¡Qué difícil! Al igual que elegir el momento más feliz de mi vida, elegir el mejor libro sería imposible para mí. He leído demasiado y por lo general, todo lo que leo me gusta. Elijo bien mi lectura. Bueno, me decido por El hombre en busca del sentido, de Victor Frankl.

¿Un programa de T.V?

Grey’s Anatomy, The Good Doctor y Criminal Minds. Amo The Big Bang Theory, pero terminó. Igualmente suelo mirar capítulos viejos. ¡Me encanta!.

¿Qué cantante influyó en su camino?

Tuve la dicha y el honor de tener como maestras a algunas de las grandes Divas de la lírica mundial. La gran Renata Scotto, en Italia, fue fundamental en mi trabajo interpretativo, y Natalie Dessay, en Francia, me enseñó, me guió (y obligó) a buscar mis fortalezas en el canto. Scotto me hizo intérprete, Dessay sacó de mi voz los mejores pianíssimos y mezza di voce. Su trabajo sobre mi voz fue fundamental. En Niza trabajé con la maestra Lorraine Nubar, del prestigioso Conservatorio Juilliard de Nueva York. Cada una de ellas me enseñó cosas diferentes. Y todo ese trabajo mezclado dio como resultado lo que hoy es mi voz.

¿Qué hito de la historia mundial le hubiese gustado vivir personalmente?

Amo la historia y la he devorado a lo largo de mi vida. Me hubiera encantado estar en el Cabildo de Buenos Aires ese 25 de Mayo de 1810. Debe haber sido una emoción indescriptible. Por otro lado, la Segunda Guerra Mundial me tocó casi de cerca, ya que mi abuelo llegó desde Polonia huyendo de la ocupación nazi. No es que me hubiera gustado vivir una guerra, en absoluto, pero estoy segura de que haber vivido durante esa época, hubiera luchado con mi vida por la resistencia. También me hubiera encantado formar parte del equipo científico que tuvo a su cargo la carrera espacial en 1969. Muchos escépticos piensan que la llegada a la Luna ese 20 de julio de 1969 no fue cierto. Tuve la oportunidad de estar en la NASA en un par de oportunidades y digo que es realmente fascinante.

¿Cuál fue la vez que más lloró?

Cuando creí que perdía a mi hijo…

¿El mejor político en la historia del país?

Raúl Alfonsín.

¿La mejor persona que haya conocido?

Mi padre.

¿Extraña algo de su niñez?

Sí, muchas cosas. Extraño la actitud fresca, amable, bondadosa y sincera que teníamos para relacionarnos entre todos. Extraño sonreírle a un/a extraño/a sin que eso signifique más que buena educación. Extraño los valores que mis padres me enseñaron y que fueron y son parte de mi vida, pero que me cuesta encontrarlos hoy, en el día a día. Mis hijos suelen decirnos “¡cómo nos hubiera gustado vivir en su época!” cada vez que charlamos de cómo eran las cosas antes. Una pena que todo haya cambiado tanto.

¿Qué profesión u oficio nunca ejercería?

Creo que podría hacer cualquier cosa.

¿Un personaje nefasto en nuestra historia?

Me reservo la opinión.

¿Le preocupa la muerte?

Sí, claro.

¿El arte salva?

Total y absolutamente. A mí, definitivamente.

¿Qué le gustaría saber del futuro?

Cómo va a ser la vida de mis hijos, si van a cumplir sus sueños, si  van a llegar a sus metas, si van a ser todo lo felices que se merecen.

¿A quién no dejaría entrar a su casa?

A quien dañare a alguno de mis hijos.

¿Donaría sus órganos?

Soy donante total de órganos desde los 18 años. No lo hice inclusive antes porque necesitaba ser mayor de edad para firmar, pero a los pocos días de cumplir 18, firmé los papeles en el Registro Civil.

¿Recuerda su primera maestra?

Sí. La señorita Marta.

¿Qué opina de la religión?

He sido católica y practicante desde siempre. Trabajé en misiones, en villas, en comedores barriales y, desde que era estudiante universitaria y después como profesional, en salas sanitarias en barrios marginales y villas de Córdoba. Mis padres siempre fueron practicantes y nos llevaban con ellos. Nuestras vacaciones de verano consistían en asistir a comunidades aisladas en Cachi (Salta) o en el monte chaco-santiagueño, por ejemplo. Les enseñábamos desde higiene básica hasta cocinar o buscar y combatir las vinchucas (portadoras de la enfermedad de Chagas-Mazza). No sabés lo que es pasar un enero en Cachi, sin ninguna comodidad, ni siquiera un ventilador y con unos mosquitos que te llevaban “a upa”. Pero ibamos los seis, en familia, y con un grupo humano hermoso del Movimiento Familiar Cristiano o de la Acción Católica, y me gustaba. Siendo ya más grande, seguí ese trabajo “pastoral” en las villas de Córdoba, junto al GAM (Grupo Ambiental de Medicina). La religión ha sido mi fuerza y mi sostén durante la mayor parte de mi vida. Hace un tiempo que estoy alejada. No me siento parte de la iglesia de hoy.

¿Una película?

Tantas…! Belleza inesperada, Good Will Hunting, Patch Adams, Más allá de los sueños, Despertares. La lista es muy larga.

¿Cuál es la persona que más le gustaría ver en estos momentos?

A mi padre. Falleció hace tres años y lo extraño horrores. Sin duda alguna marcó a fuego mi vida. Fue el hombre más íntegro, bueno, generoso y solidario que he conocido.

¿Le molesta que fumen al lado suyo?

Sí, totalmente. Además de no gustarme, me hace daño. Los ojos se me ponen rojos como conejo, se me cierra la garganta y empiezo a toser. Sin embargo, jamás le pedí a nadie que apagara su cigarrillo y, si me preguntaban ¿te molesta que fume?, siempre contestaba “no, por favor, ¡adelante!”.

¿Qué sabe o recuerda de la dictadura militar?

Mucho, mucho. La viví en carne propia y la recuerdo perfectamente aunque era una niña. Soy santiagueña y Montoneros tenía sus bases en el monte tucumano, a solo 100 km de Santiago capital. Los enfrentamientos con la policía y la milicia de noche eran moneda corriente. Escuchar las balaceras también. Muchas cosas de la historia completa.

¿Cuál es su idea de la felicidad?

No necesito mucho. Es simple. Poder disfrutar de la compañía de los que amo. Y poder disfrutar de lo que amo: el canto.

 ¿Qué es lo que más valora en sus amigos?

La lealtad y la honestidad. Tengo una amiga que es “cruelmente” honesta y sincera conmigo, y me encanta. Eso me centra.

 ¿Qué obra le produce mayor emoción al interpretarla?

He cantado muchas óperas diversas. Algunas buffas (cómicas) y otras dramáticas. Sin duda las dramáticas me producen más emoción y creo que, entre ellas, la que me ha dejado sin aliento es Thaïs, de Jules Massenet.

¿A quién le gustaría parecerse intelectualmente?

¿Puedo combinar a varias? Me gustaría ser una mezcla de Marie Curie, por sus aportes a la ciencia y haberle demostrado al mundo que las mujeres somos igualmente capaces que los hombres; Simone de Beauvoir, por su lucha por la igualdad de los derechos de la mujer, y Victor Frankl, por su capacidad de resiliencia y el aporte que le hizo a la humanidad a través de la Logoterapia.

¿Le niega o le negó el saludo a alguien?

Jamás. Ni siquiera a los que me han hecho daño, que no han sido pocos. Y en esos casos, aún herida, mi saludo ha sido siempre honesto. Mi padre siempre decía que el saludo y el perdón no se le niega a nadie, y yo sigo su ejemplo.

¿Cree en la justicia de este país?

Lamentablemente, no. Tengo muchos ejemplos para avalar mi postura. Una pena.

¿Qué le gustaría saber ante todo?

¡Tantas cosas!.

¿Qué instrumento musical le gustaría tocar?

Soy profesora de piano, y me encantaría tocar el arpa.

¿Su peor defecto?

Soy hipersensible.

¿Qué le gusta regalar?

No tengo nada específico porque elijo siempre el regalo de acuerdo al gusto del destinatario.

¿Qué piensa del periodismo en general?

Que es una herramienta fundamental y necesaria para la sociedad. La información es esencial. Valoro mucho a los periodistas que se juegan por una opinión, sea del lado que sea, pero que lo hacen con convicción y honestidad.

¿Justificaría en algún caso la tortura y aún la muerte?

No. En absoluto.

Se incendia su casa, solo puede llevarse una cosa, ¿cuál?

Si las personas y mi perrito están fuera de peligro, no tengo nada más que buscar entonces. No me apego a las cosas, para nada.

¿Una canción?

I gonna run to you, de Whitney Houston.

¿Cuál lugar de la casa es el mejor para leer?

¡El jardín!. Tengo una hamaca paraguaya. Es genial.

¿Si fuese presidente, qué es lo primero que haría?

Buscaría profesionales altamente capacitados para cara área, sin importar sus ideas políticas, sino sus ganas de trabajar por el bien común. Les exigiría, además de un proyecto determinado de acuerdo a las necesidades reales de nuestro país, una ficha personal impecable. No concibo el trabajo sin integridad. Pero no soy política, y mucho menos presidente. La política no es lo mío.

¿Si fuese Dios, qué es lo primero que haría?

Es un lugar en el cual no puedo ni siquiera imaginarme.

¿Cuál fue la persona que más lo ayudó?

Mi amiga Nora.

¿Se arrepiente de algo?

De no haberme animado a hacer algunas cosas. He sido y soy todavía, muy “medida”. Es parte de mi ADN.

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Autor

Raúl Bertone