El chico que relataba partidos de fútbol

Una niñez marcada por la dictadura militar, el Mundial del ’78 y una guerra imposible. Un periodista deportivo en plena crisis de los cuarenta que remueve trozos de infancia hasta tocar fondo. Un ídolo futbolístico devenido ex combatiente, el primer amor trunco y el escenario de un pasado doloroso por igual para el país es el protagonista de esta novela de Pablo Di Pietro llamada El chico que relataba partidos de fútbol (Editorial Del Dragón).
La presentación se producirá el miércoles 9 de mayo a las 20:30 horas en la Sala Rodolfo Walsh -Pabellón amarillo-, en ocasión de una nueva edición de la Feria del Libro, a realizarse en la Rural, Avenida Santa Fe 4201. Di Pietro nació en Marcos Juárez, provincia de Córdoba, en 1970. Es egresado del Círculo de Periodistas Deportivos y desde 1990 trabajó en varias revistas de deportes y en el diario La Razón. También escribió artículos y guiones humorísticos. Fue cronista en radio Nacional, cursó talleres de guión cinematográfico y ejerció la docencia en el Círculo de la Prensa. Actualmente trabaja en el noticiero de Canal 9.

Fragmento

“Mientras las comía, se dio cuenta de que lo único que quería era volver a su departamento a ocuparse de sus apuntes. Los había empezado unos meses antes. En las vísperas del 2 de abril, Día del Veterano y de los Caídos en Malvinas. En el diario siempre a punto de cerrar buscaban historias de vida para la ocasión. Se acercaban, además, el Bicentenario de la Revolución de Mayo y el Mundial, de modo que le propuso a su jefe, el Chueco Farré, una historia irresistible: la de Sosita, el goleador que combatió en Malvinas (…)

Recurrió a los conocidos de su pueblo. Intentó ubicar a Nancy, la hermana de Sosita. Tuvo más suerte con el Gordo Carrizo, aunque tardó en recordarlo. —Ah, sí. Vos eras el chico que relataba partidos de fútbol. Nacho sonrió; en efecto, era aquel. Carrizo le dijo que hacía añares que le había perdido el rastro y le pasó un número de teléfono. El prefijo era del Gran Buenos Aires. Llamó; no conocían a nadie con ese apellido. Después se contactó con un centro de veteranos donde lo derivaron a otros; hizo más llamados, envió correos electrónicos. Le resultó extraño que le costara tanto ubicarlo. Llegó el 2 de abril y su historia emotiva quedó postergada por otras no menos conmovedoras. Dejó de buscar a Sosita, pero empezó a hacer las primeras anotaciones. Anécdotas de la infancia que creía olvidadas; recuerdos sueltos de su niñez teñida de fútbol.”

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Autor

Raúl Bertone