“Hemos de conocer todos los tipos de amor”

Domingo, 18 de mayo de 1947

Mi precioso y amado hombre de Chicago, pienso en ti en París, y en París te echo de menos. Todo el viaje fue una maravilla. Prácticamente no hubo noche, ya que volamos hacia el este. En Terranova empezaba a ponerse el sol, pero cinco horas después amanecía en el aeropuerto de Shannon, sobre la dulzura y el verdor del paisaje irlandés. Todo era tan hermoso, y tenía tantas cosas que pensar que apenas dormí. Esta mañana, a las diez (a las seis de allí) me encontraba en el corazón de París. Esperaba que la belleza de París me ayudase a superar la tristeza, pero no fue así. Primero, París hoy no está hermoso. Hace un día gris y nublado; es domingo, las calles están desiertas; todo parece mortecino, oscuro, yerto. Tal vez mi corazón esté yerto, insensible a la belleza de París. Mi corazón aún está en Nueva York, en la esquina de Broadway en la que nos despedimos. Está en mi casita de Chicago, en mi cálido hogar, muy cerca de tu amoroso corazón. Supongo que en dos o tres días todo habrá cambiado un poco, pues otra vez me sentiré inmersa en la vida política e intelectual francesa, el trabajo y los amigos. Hoy, en cambio, ni siquiera me apetece tomarme el menor interés por tales cosas. Me siento cansada y perezosa, y sólo disfruto con los recuerdos. Amado mío, no sé por qué esperé tanto a decirte que te quiero. Tan sólo quería estar segura, y no decir palabras fáciles y vacuas. Ahora, en cambio, me parece que el amor estaba ahí desde el principio. De todos modos, ahora sí está ahí: es amor, y me duele el corazón. Soy feliz de ser tan amargamente infeliz, y es dulce tener parte de esa misma tristeza. Contigo el placer era amor, y ahora el dolor también es amor. Hemos de conocer todos los tipos de amor. Conoceremos la alegría de encontrarnos y estar juntos de nuevo; la deseo, la necesito y la tendré. Espérame. Yo te espero. Te amo más de lo que nunca he dicho, más incluso de lo que tú sabes. Te escribiré muy a menudo. Escríbeme también tú muy a menudo. Soy tu esposa para siempre.

Tuya,
SIMONE

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Autor

Raúl Bertone