Creando para establecer y desarrollar el propio sentido de la existencia real

Producir con las propias manos es el punto de partida del arte. Pensar la pieza, pulirla, y ubicarla en una cadena humana es el fin propio, el que devuelve al hombre al centro de la escena y desplazando la mercancía. La imagen, como objeto de arte, siempre es la representación de una porción de mundo que construye sentidos. Es un discurso que circula socialmente y comunica, pone en relación diversidad de miradas que dialogan, se entrelazan, se soportan sobre imaginaciones, sueños, mitos, reverberaciones de lo real.

Gabriela López y María Mariela Maisterrena conviven con ese proceso de creación artística donde la esencia es el hecho de ser justamente engendrada desde algo del orden de lo inefable. Madera, bronce, hierro, piedra, que vuelven a tener protagonismo y se integran al nuevo contexto; arcilla, arena o cérámica. Cada material tiene su lenguaje. Intervenir en ellos hasta lograr las formas. Abordando su construcción. Son las obras y su alma que se proyecta a través de sus sombras como materia e imagen en un juego que enriquece las vivencias de cada día.

Las dos realizaron un recorrido juntas en escultura, dando los primeros pasos en Bellas Artes hace casi 25 años. Cursaron con Yolanda Díaz, algo así como la madre espiritual de ambas. Después cada una se fue abriendo hacia otros ámbitos, pero compartiendo el mismo impulso. En este cierre de un año atípico, difícil, marcado por los avatares de una pandemia, empezaron a exponer parte de sus trabajos en un mismo ámbito: la casa de Gabriela. Allí surgió entonces el reducto que cobija la impronta, el mensaje que está dado principalmente por las sensaciones.

«La idea es poder crear un espacio dentro de nuestros talleres, donde podamos mostrar nuestro trabajo a quien quiera visitarlo. Sucedió que durante la época de aislamiento la producción no paró y la circulación sí, por lo que nos dimos el tiempo para pensar un poco en qué cosa nos vendría bien, y llegamos a la conclusión que necesitábamos un lugar donde mostrar nuestro trabajo prolijamente», contó López, una artista que ha logrado la consideración de sus pares en todo el país.

Creando para establecer y desarrollar el propio sentido de la existencia real. Con la sensibilidad a flor de piel, creando con sus manos y sus vuelos sin límites. «En La Pampa no existen lugares dónde mostrar más allá de las instituciones públicas, fue así que nos “inventamos» simples espacios para eso. La idea es que cada uno de los talleres albergue nuestras obras, y también de algún otro artista, para exposición y venta. Antes de estos espacios, nuestros trabajos estaban casi siempre embalados y en tránsito entre una provincia y otra. Creamos unos pequeños lugares donde encontrarnos para compartir lo que nos gusta hacer. Quienes nos visiten podrán encontrar dibujo, cerámica, escultura, orfebrería y joyería contemporánea. Lo maravilloso de visitar un taller es que, además de ver una obra terminada, puede conocer el proceso de realización. Hasta ahora la recepción ha sido hermosa, y en general la gente se sorprende», concluyó López en el transcurso de una charla con El Lobo Estepario.

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Autor

Raúl Bertone