“Cuando canto tangos me vibra el cuerpo”

Ver el producto de mucho esfuerzo plasmado en un disco. Y todo lo que involucra. Emociones, experiencia, sentimientos. Lucía Pirosanto, que lleva la música en la sangre, soñaba con construirlo. Pero no solo que fuera algo para mostrar, sino además que se erigiera en un mecanismo de cohesión grupal. Solista ella, sí, pero fundando este momento con quienes la rodean, la acompañan, la elevan en un escenario. Lucía tejía sus ilusiones en forma de un disco, pero nunca lo forzó. De ahí que este fue el momento de reunir canciones para transitar atmósferas y sensaciones por doquier. El sentimiento palpable, real, de expresarse con la música. Como cuando niña, con la guitarra de su padre transformándose en el juguete mágico para sus primeros escarceos musicales.
“El disco es algo de los cuatro, siempre se los digo a los muchachos. En la elección de los temas para las presentaciones me ayudan Julio (Ortiz) y Sergio (Panadeiro), en muchas oportunidades hemos intentado sacar un tema y por ahí en ese momento no nos gustaba como quedaba, lo dejábamos en el tintero y con el tiempo volvíamos a él, y quizás en ese momento se producía entonces la conexión. Gracias a Sergio, Julio y Hugo (Acevedo) empecé el camino del tango, y aquí estoy, en el proceso de mi primer trabajo discográfico”, contó la nacida en Sansinena durante la charla que mantuvo con Lobo Estepario.
La escena de la música ciudadana la tiene como referente en estos pagos desde hace algunos años, cuando después de incursionar en el folclore quedó seducida por el sentimiento y la emoción de cada letra, plasmando un estilo interpretativo que cautiva. Eso sucede cuando dice y narra, con solidez técnica vocal y plasmada cadencia, refugiándose principalmente en aquellas expresiones de letristas inolvidables de la Vieja Guardia tanguera. Pirosanto se radicó en General Pico en 2005, con el folclore como bandera para transitar a partir de 2009 distintos escenarios, siempre acompañada por los guitarristas Sergio Panadeiro y Hugo Acevedo, ambos de González Moreno. Cuando sucedió lo del tango, fue como ese amor a primera vista. Un vínculo que se fue potenciando de tal forma que en 2014 resultó finalista del Pre Cosquín en el rubro solista femenino. Armando así con cierta solidez un estilo propio.

– ¿Cómo se fue gestando la posibilidad de grabar tu primer disco como solista de tango?
– Semanas atrás estuvimos en Buenos Aires viviendo la hermosa experiencia, la propuesta fue el sueño anhelado. La posibilidad que todo músico tiene de dejar plasmado en algo físico lo que se hace con amor y cariño. Que llegue a las manos de la gente, que nuestra música pueda viajar y nos puedan conocer y escuchar. El disco es la posibilidad de cruzar más fronteras y llegar más lejos a un público que no puede escucharte en vivo. Es muy difícil grabar hoy día, más allá de los costos. Hay que buscar a la persona indicada para que queda registrado un trabajo digno, con los arreglos musicales que correspondan. Y en ese sentido tuve mucha suerte, los caminos de la música permitieron me cruzara con personas que sabían todo eso, de ahí que se fue dando naturalmente.

– Mirando atrás y al recordar tus momentos con la música siendo apenas una niña ¿qué sensaciones te ganan en este momento?
– Me vienen a la memoria mis diez años, en la habitación y con la guitarra regalada por mi papá, escuchando un cassette de Jorge Cafrune y tocando Zamba de mi esperanza, soñando estar algún día en un escenario cantándole a la gente. Y sin querer lo logré. Me encontré un día arriba de un escenario, algo que me pasaba cuando miraba Cosquín y bueno, también me encontré ahí. Tuve la dicha de conocer a Sergio, después a través de él a Julio y que los dos me hicieran conocer el tango. Sentí una conexión muy fuerte con esa música, cuando canto tangos me vibra el cuerpo, la garganta y toda esa emoción sale vívida y transparente a través de mi voz. Vivo las canciones, las siento. Nos enfrascamos en el tango criollo, en un repertorio que no es muy escuchado. Esa es nuestra idea, queremos rescatar tangos de los años 20 y 30, hacer algo distinto. No sé, por ahí andan Caminito soleado, Nido gaucho, Monte criollo, El aguacero, tangos que no se escuchan habitualmente, y nosotros empezamos con esa propuesta. Me conecté, lo siento, se me acercó mucha gente a decirme por ejemplo “con ese tango yo me puse de novio”, o “ese tango lo cantaba mi madre mientras cocinaba”, bueno, que pasara eso fue algo profundo para nosotros. Nos permitió saber que íbamos bien, nos hace felices. Es lo que queríamos.

– ¿Cuánto ha significado la aparición de Néstor Basurto para allanar de alguna manera el actual camino?
– Mucho, conectamos en un primer momento de manera virtual, después hubo encuentros, lo fuimos a ver, hablamos y me dijo que armara algo aquí para hacer algo juntos. Así lo hice, hablé con la directora de Cultura de América, hice otra fecha en MEDANO, y Néstor se vino. El reencuentro fue en América, nosotros subimos al escenario, el estaba en su camarín, empezamos a tocar Duelo criollo, empezaron a sonar las guitarras, con los arreglos de Julio, y sucedió….Néstor dice que nos escuchó, dejó la guitarra y corrió de inmediato a vernos. Basurto es un referente para mí, alguien a quien admiro y en ese momento se quedó con la boca abierta. Nosotros hicimos los temas de siempre, como La pulpera de Santa Lucía, El aguacero, Alma en pena, Rosa de otoño…Después, cuando voy bajando del escenario, y mientras la locutora lo presentaba, me dice “¡Qué grosso lo que hicieron recién! Ustedes tienen que venir a mi estudio, les abro la puerta, esto no tiene que quedar así, lo tienen que grabar”. Con esa emoción subió a cantar, y cuando se bajó nos repitió lo mismo, que le habíamos recordado su niñez, sus comienzos. Fue fuerte escucharlo. Saber que le habíamos transmitido esa emoción, esa nostalgia.

– Y esa puerta abierta finalmente fue traspasada…
– Así sucedió, al mes de eso se contactó para preguntarnos por la fecha, entonces empezamos a ensayar. Finalmente estuvimos en El Yeite, el estudio de grabación que Néstor tiene en su casa en Buenos Aires. Grabamos las violas de 12 temas, la voz será en otro momento, y en ese sentido Néstor va a tener mucho laburo…(risas) Fueron dos días y medio donde arreglamos, pinchamos, borramos y grabamos, todo así, sin parar. Y con el permanente aliento de Néstor cuando escuchábamos lo que había resultado. Después será el tiempo de la mezcla, el nombre del disco aún no lo tenemos pero quiero que sea de los cuatro. Insisto en que esto es un sueño en conjunto, todo está consensuado. Gran parte es fruto de los chicos. Y no quiero dejar de mencionar el apoyo que nos brinda Laura Montero, actual directora de Cultura de América. Es vital para sostener este sueño.

Compartir

Autor

Raúl Bertone