Dimensiones del jardín, de Laura Carnovale

“en el fondo de todo jardín hay un jardín.
Ahí está tu jardín,
Talita cumi.” Olga Orozco

(dimensiones del jardín)

  l- de este lado

¿Lo ves, Olga?

adentro, ¿lo ves?

Ahí está tu jardín

y abajo, ¿lo ves?

donde pide permiso el cuerpo

y se ablanda entre la mugre

hay una mujer con los brazos rotos que llora

y yo no sé

¿son oscuros?

-los abajo-

¿son oscuros?

la curva de su espalda lo ahuecado

la cabeza que cae por su propio peso,

¿lo ves?

adentro de adentro de todo acá más acá hay un jardín

y arriba, allá.

la mujer de los brazos rotos no tiene lengua

recorta la madreselva con los dientes

mantiene a raya el cerco cada vez que suena

la frecuencia del laurel

la obstinada permanencia de la gota

la tensión que la sujeta    el canto de las lilas abrazadas por los ojos.

Al lado de todo está tu jardín, Olga

¿lo ves?

la mujer de los brazos rotos lo escucha

hermosamente.

ll- de aquel lado

Donde hay palabras crece un jardín

donde nombrás tamarisco crece un jardín

líquenes y agua

verde y luna

tero y cardo

beben de las matas

sube y crece la luz sobre los tallos

es tierno el brote entre lo dicho y lo no

qué dice, Olga

qué dice

cuando nombrás muerte y crece un jardín.

Hay que mirar

-dice el que tiene lengua

y manos-

hay que cerrar las puertas   abrir el jardín:

y escribe palabras en la enredadera

Ay el perro solo y la mujer oídos

apenas advierten brotes

de retama a retama

hay que escuchar

– dicen sus ojos-

dos poemas

se desprenden de la tarde

y para cada quien lo que puede.

La mujer de los brazos rotos camina fuera del jardín

(un perro flaco y negro la acompaña)

piensa que hay cosas que no le importan a nadie,

nadie,

aunque tan bellas

mira

el revés del ventarrón

busca,

palabras junto al alambrado

y en el oleaje de los  puna,

del lado campo del sendero,

piensa

qué angosto y qué yuyos,

piensa

qué soledad la del renuevo en medio de la soja

pero la tarde

es una torcacita alzando vuelo desde la menuda rama,

que se levanta con el sol

celeste la cabeza, rosado el pecho.

Por Laura Carnovale* (General Pico)

*Laura Carnovale nació en Santa Rosa, La Pampa. Reside en la ciudad de General Pico. Es docente de Nivel Inicial, egresada de la Universidad Nacional de La Pampa. Fue becaria del Fondo Nacional de las Artes en 2013. Integra el Gep (Grupo de Escritores Piquenses). Publicó Tengo un cielo en la cocina (2015) y Piedras verdes (2017) bajo el sello Ediciones Ruinas Circulares; y La que no soy, Griselda García Editora (2020).

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