El adiós a un trovador

En los últimos 40 años había repartido su vida entre España y Argentina. Un fervoroso militante de la canción testimonial, un poeta y cantor dispuesto a ofrecer una obra urgente. Así desandó su camino Rafael Amor, quien falleciera el último lunes a los 71 años. Con su guitarra y su voz construyendo climas donde las canciones, o los recitados, siempre navegaron en un mar de poesía, ternura y reivindicaciones. Expuso su talento en escenarios de todo el mundo, y también su humildad, esa que solo acunan quienes llevan en la mochila la sabiduría de tantos caminos andados, de tantas  vidas en una.

Dejó como legado una vasta obra, con himnos populares como No me llames extranjero, Independencia, Olor a goma quemada, Fuentealba, Mate lavao, Corazón libre, Mundo de zánganos, Remendando suspiros o Elegía a un tirano. Producía y editaba sus propios discos. Además, sus letras fueron versionadas por diferentes intérpretes. Ese respetado compositor llamado Julio Lacarra algún tiempo atrás lo definió así: «Rafael Amor es la expresión temperamental y emotiva de un genuino juglar contemporáneo». Con la muerte de Amor, partió un artista poliédrico y reinvindicador de la identidad universal de todo ser humano. 

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Autor

Raúl Bertone