El libro electrónico retrocede ante el papel

Algo inesperado está pasando en el mercado editorial. Tras años de apuesta por el libro electrónico, el futuro que parecía inevitable: el triunfo del libro digital sobre el analógico no termina de cuajar. Varias cadenas de librerías y grandes comercios cierran los ejercicios con ventas crecientes en libros de papel. Casi ocho de cada diez libros sigue siendo de tinta impresa y, aunque las ventas en digital se mantienen al alza en algunos mercados y géneros, el interés de las editoriales y los lectores está disminuyendo.
Ángel Jiménez, desde el portal web del diario El Mundo de Madrid escribió un artículo donde manifiesta esta tendencia sorprendente y ejemplifica informando que en España, el último observatorio del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte apunta a una caída del 1,9% en ediciones digitales durante 2014. El año pasado, en cambio, las publicaciones en edición impresa crecieron un 3,7% para primeras ediciones. En facturación total, las ventas de libros electrónicos no superan aún el 5% en nuestro país. Incluso con el aumento de años pasados estamos hablando de una parte muy pequeña del mercado.

Más papel
Fuera de las fronteras españolas la tendencia parece similar. En el Reino Unido las pasadas navidades trajeron un aumento en la venta de libros impresos en papel para la cadena de librerías Waterstones de casi un 5%. Para la cadena Foyles, según el Financial Times, el crecimiento fue aún mayor, de casi el 11%. «La demanda de lectores de libros electrónicos, en cambio, no ha sido tan alta como esperábamos», aseguraban los responsables de los comercios.

Caída
Las ventas de libros electrónicos aún mantienen su tendencia creciente, pero bajan las publicaciones digitales de nuevos títulos así como las ventas de lectores de tinta electrónica.
En Estados Unidos, un mercado que a menudo se toma como referencia de futuras tendencias, el gasto en libros electrónicos, según la consultora Nielsen, está creciendo casi el 4%, pero el declive de los libros en papel se ha frenado y no se espera que sea tan serio como se temía en un primer momento. Las publicaciones impresas y digitales convivirán durante mucho más tiempo del previsto.
Incluso el público joven parece estar recuperando el interés por las ediciones impresas frente a los textos electrónicos. La venta de literatura infantil y juvenil impresa en 2014 ha crecido casi un 9% en el último año. Estudiantes de instituto y universidades, según Nielsen, siguen prefiriendo también los textos impresos a los digitales por la mayor facilidad a la hora de consultar y estudiar.

Impuestos
El precio es uno de los factores que ha contribuido al renacer del libro de papel. Las ediciones digitales tienen un precio superior a los libros de tapa blanda, y en muchos casos incluso al de los libros de nueva edición en tapa dura. A ello contribuye en parte el actual IVA sobre publicaciones electrónicas, que en España es del 21%, uno de los mayores en toda la Unión Europea. El libro impreso, en cambio, apenas tiene un gravamen del 3%.

Piratería
La industria editorial tiene que hacer frente cada vez a un mayor número de copias pirata. En algunos territorios, como Dinamarca o Rusia, los libros pirata llegan a ser nueve de cada diez descargados.
Pero la situación no es exclusiva del libro como producto. Se refleja también en las ventas de lectores de tinta electrónica, una categoría que alcanzó en 2011 su máximo histórico. Según la consultora iSuppli, las ventas de lectores de tinta electrónica en 2014 se han reducido a 8,7 millones de unidades. En 2013 se vendieron más de 10 millones. Para este año se espera que las ventas desciendan más todavía y queden por debajo de los ocho millones de unidades.
Para los editores, el freno a la digitalización no es necesariamente una mala noticia. A pesar de las ventajas del formato digital, como la mayor facilidad de distribución o los mayores márgenes por copia vendida, la popularidad del libro electrónico ha traído los mismos problemas a los que se enfrenta el negocio de la música o el cine, fundamentalmente el de la piratería.
En algunos territorios se trata de un problema prácticamente imposible de controlar. Según GFK, la piratería de libros en Dinamarca roza el 90% de todos los libros descargados. En Rusia, casi el 92%. En general, la industria editorial calcula que sólo el 20% de los libros electrónicos se descargan de sitios legítimos. Dado el pequeño papel que juega en las cuentas, el índice de piratería no es todavía un problema tan serio como el que supone para los estudios de cine, pero es uno creciente que podría evitarse si la copia impresa volviese a ocupar espacio en las estanterías.

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