“Empezaré a explorar todo ese mundo nuevo”

Hay muestras que nos ponen frente a lo que el campo de la pintura recorta en lo que desde hace tiempo se denomina artes visuales: que la pintura no pertenece, como creía Duchamp, a lo retiniano, sino a la mirada. Lo visual es lo que está hecho para el deleite de ser visto, para el placer del ojo. No tiene ida y vuelta. La pintura define su campo por el rebote en el cuerpo; por lo que, al ella misma mirarnos, nos toma de las entrañas.
La artista plástica piquense María García Fava participó, junto a casi 200 exponentes de todo el país, en la cuarta edición de MIRÁ Festival de Arte, que se llevó a cabo en el Centro Cultural Borges, organizado por Qué hacemos que dirige Susana Araujo y el programa Cultura al día que conducen Patricia Almark y Julio Sapollnik, curador también de la exposición. Durante varios días todas las disciplinas formaron un abanico de expresiones. Pintura, dibujo, escultura, instalaciones, arte con neón, fotografía, grabado y arte en vidrio, estableciéndose a su vez un contacto directo entre los artistas con el público y con los coleccionistas.
“Es una especie de galería, de enorme vidriera. Fui invitada por la curadora Alicia Cunto, ella ya me había invitado a otros eventos y bueno, finalmente en este pudimos acordar que la obra estuviera allá y que yo pudiera viajar. El Festival busca que los espectadores conozcan a los artistas y durante esos días hubo permanentemente actividades, más allá de lo estrictamente visual que fue el núcleo de la muestra. Una enorme cantidad de gente pasó por allí. A mí me sirvió para tomar dimensión de lo que es el afuera de General Pico, algunas veces mandé trabajos a concursos pero la obra había estado sola allí y había vuelto, no más que eso. Esta vez me dio la sensación de que se requiere un compromiso del artista en el sostenimiento de su obra por lo que como desafío ahora empezaré a explorar todo ese mundo nuevo que lo veo enormemente rico, y que obviamente va a generar bastante trabajo y esfuerzo, no es gratuito. Pero es una aventura interesante por lo que creo que arrancaré por ese lado”, contó García Fava, entrevistada por Lobo Estepario.
Buscando aflorar una vibración en el oficio pictórico. Que el espectador sea cómplice de un momento fugaz, el del instante de la creación en la que la pincelada se desliza o se expande hacia recorridos no prefijados. Ese es el momento. El magnetismo de una extraña comunión con la obra que flota. Como una huella que impregna los sentidos. García Fava intenta siempre alcanzar ese estado inefable en el que un punto, una raya, un trazo, parecen encerrar, como quería Hokusai, el devenir de la existencia, el sentido mismo de la vida.
“Estoy pintando desde el año 2006, lo empecé como un entretenimiento y no me sale quedarme en ese ítem, y me paso de apasionada, como me sucede siempre. Tengo una tendencia de ir a fondo con las cosas y entonces, durante el primer año pinté 30 cuadros, en el segundo me presenté por primera vez en una revisión de obra, era una fulana absolutamente sin historia, pura audacia, y en aquella oportunidad me mandaron a pintar floreros, me criticaron mucho. Lo hizo Jorge González Perrín, que es un reconocido maestro en el arte de la pintura. Me lo había recomendado Luis Abraham, así que lloré lo que tenía que llorar en ese momento y me repregunté que era lo que yo quería con esto. Fue ahí cuando empezó la verdadera búsqueda. Todo esto de la expresión artística es en realidad una búsqueda que uno hace, es como que a los artistas el mundo que existe no les alcanza, entonces salen a crear otros mundos. A mí me pasa eso, cuando agarro un lápiz y empiezo a dibujar, me mudo a otro planeta. Uno está durante ese tiempo en ese lugar, se dice que se conversa con la obra, y es real. Las obras tienen como una expresión, no solo me pasa con mis trabajos, lo puedo tener con los de otros artistas. Este concepto de que como no alcanza el mundo real hay que salir a crear otros. La verdad que la dimensión de lo que se puede hacer es ilimitada. Eso también me parece algo fascinante”, aseguró la artista piquense.
Depende de la intensidad. Del choque entre la materia y las superficies donde se pinta. De la conmoción que se produce en el espectador al observar la obra. El automático impulso de encontrarle significaciones cede su lugar a la captación de esos trazos en su sentido plástico. Un nuevo espacio de libertad.

– ¿Cómo fueron tus comienzos?
– Arranqué en el Centro Cultural Maracó, en el taller que dictaba Andrea Elizondo, después fue un tiempo con Neco Pérez y en un momento empecé a viajar a Buenos Aires con mi maestra Martha Zuik, que me estuvo asistiendo hasta ahora, y es quien me va orientando hacia dónde va la obra. Ella dice siempre que comenzar a pintar es como ponerse en un lugar con una copa de champagne, después de descorchar la botella. Es un momento de fiesta. Entonces así como van saliendo las burbujas y te envuelve el perfume, uno se mete en la obra.

– ¿El momento creativo se está direccionando en este tiempo a nuevas búsquedas?
– Mi obra es bastante abstracta, tuvo como un momento más figurativo en 2013, cuando realicé en MEdANo la muestra Es lo que hay y no es poco. Hice mi primera muestra individual en el espacio Ruido y Nueces en 2010, y se llamó Esperanza y angustia posmoderna. Ya estoy próxima a presentar lo nuevo, será el 19 de agosto en MEdANo. Lo que encaré ahora es bastante desde la línea, es mucho más limpia que el óleo, con el que trabajaba antes, por lo que me permite instalarme en cualquier lugar. Me está pasando que cualquier papelito que encuentro y un espacio que tengo, necesito empezar a poner líneas que van a algún lugar. La verdad que uno se enrieda en esto y empiezan a salir otros proyectos. La obra de ahora que tiene que ver con la que expuse en MIRÁ son estas palabras que pierden su sentido, es decir, escribo y no se entiende. Es una enorme paradoja, te invita a que te preguntes si esa palabra comunica o no, si comunica desde otro lado. Esta obra me parece misteriosa y no deja de gustarme. Por ahí cuando pasan los años uno mira cómo envejece lo que hiciste, y a veces cuando no es bueno, no envejece bien, y otras veces cuando tiene buena calidad, con los años es como los buenos vinos. Me sucede con esto que ya tiene algunos años y me llama volver a mirarlo, me provoca pensar. Yo vengo de la filosofía, del derecho, la ciencia que más me fascinó siempre fue la filosofía, pero estudio derecho con un sesgo hacia el conflicto humano. La verdad que todo esto sale desde ahí. Es la palabra, es el modo de comunicación de los seres humanos, y entonces uno pinta desde donde es, soy quien soy cuando me expreso. Esta pintura es una expresión, la unicidad que uno tiene. Entiendo asá que la obra es muy humana pero que tiene ese toque de humor, que usa las palabras pero no las podés entender, y cuando tiene ese toque me remite a lo de 2013. Me parece interesante que a veces tenga como esos contrasentidos que hacen preguntarte. La obra también es intensamente emocional, sumamente gestual.

– Refiere entonces a una inquietud permanente, un presente que te encuentra instalada en la hora de decisiones importante que tienen que ver con tu trabajo…
– Es que en el medio de todo eso intervine en varias muestras grupales, en 2015 gané el primer premio del Salón de la Fundación Banco de La Pampa, siempre estoy mandando a concursos, tengo una activa participación. En lo que va del año una obra mía se expone en el Salón de Pintura Ciudad de General Pico y hay otra en Salta, que ingresó en el concurso de la Escuela de la Magistratura por sus 25 años. Considero que lo más lindo en sentarse a trabajar, en la soledad del espacio que cada uno posee y que en mi casa es un tallercito que tengo arriba del lavadero, al que le puse como nombre El cielo. Entonces cuando en mi casa preguntan dónde estoy, bueno, está en El cielo…Tiene su correspondiente escalera como todo cielo y la verdad que ahí estoy entre las plantas, los pájaros, es un espacio fantástico para crear. Aunque a veces me aburro y me instalo en el living, o en la cocina.

– En ciertas ocasiones lograste conjugar tu expresión artística con la de otros referentes que te acompañaron en este camino ¿Tenés pensado volver a articular algo así en el futuro?
– Me gusta trabajar en equipo, con gente de otras disciplinas. Pasó en 2013 unto a Karina Bastías, que hizo una música especial para esas mujeres, con Pato Oliveri que asumió el rol de una de ellas e hizo una representación teatral, y con Olga Reinoso que le puso cierta voz. Formé, y formo parte también del grupo Mujeres con ruleros, junto a Norma Tello y María Elena Giacobbe. Y con el paso del tiempo volví a juntarme con Olga y no hace mucho ella presentó un libro en Buenos Aires y en su tapa hay una obra mía. Esa interrelación con el otro me lleva a las redes, y la verdad que cuando uno trabaja en redes en este mundo que es tan individualista, siempre sale algo mejor. Y me parece fantástico suceda. Con un amigo estoy trabajando en etiquetas buscando que se salgan de lo puramente gráfico.

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Autor

Raúl Bertone