«En muchos casos, el arte salva»

Semblante recio. Al ritmo del zapateo. Dándole lustre al piso con una perfecta sincronía de golpes. El arte está en los pies. Eso identifica al malambo. Una de las danzas más tradicionales de nuestro país. El pampeano Facundo Arteaga es un fiel exponente del malambo sureño, propio de la región. Así, viene expresándose con cuerpo y alma en una danza inicialmente masculina, prueba de virilidad y destreza. Al decir del musicólogo Carlos Vega: “fue la justa del gaucho”. Con el paso del tiempo ha modificado su estética, pero no su esencia.

Este malambista que transcurrió su niñez en Colonia Chapalcó y tuvo sus primeros coqueteos con la danza folclórica cuando se instaló junto a su familia en General Acha, fue subcampeón argentino de malambo en 2014. Laborde es la referencia máxima desde hace más de cinco décadas, y para Arteaga, ese convite ha sido siempre su mayor aspiración. Protagonista del documental Guerrero de Norte y Sur, de Mauricio Halek y Germán Touza, expone allí sus anhelos, retrata su pasión y su historia particular con el malambo.

Radicado desde el año 2013 en Intendente Alvear, Arteaga cosechó reconocimientos de toda índole. A lo largo de los años ha trabajado su rutina para encontrarle una mayor dinámica a las figuras. Así logró construir un estilo propio, que se caracteriza por su sobriedad, exponiendo aplomo en cada una de sus intervenciones. En su camino se cruzaron varias personas que fueron decisivas para alimentar esas ganas y ese impulso, como Alberto Richebut, Sergio Sereno, Fernando Rossi, el ‘Negro’ Salazar, ‘Perico’ Alberto, el ‘Gato’ García, ‘Tino’ Hurtado, Julio Aguirre, Sergio Pérez, Ciro Albarengo, Federico Ibañez o Nicolás Delavanso, entre otras.

Arteaga es Profesor Nacional Superior de Danzas Nativas y Folclore, y después de terminar la Licenciatura en Folclore y el Profesorado de Arte, obtuvo el título de Magíster en Cultura y Sociedad. De ahí que no solo su presencia se hace concreta sobre un escenario, sino que su aporte también se vuelca a la docencia, y se extiende a distintos congresos nacionales e internacionales, a publicaciones especializadas o actuando como jurado en festivales de renombre. A la hora de competir, los resultados no tardaron en aparecer. En categoría Juvenil, fue primero en el Festival Nacional de Tornquist, ganador del Pre Laborde en La Pampa, segundo en el Festival Nacional de Chivilcoy, primero en el Festival Nacional en San Francisco y segundo en Laborde.

Una trayectoria artística que fue hilvanándose con otros logros en los siguientes años, consagrándose en el Campana, en el Festival Nacional de Nativa, en el Festival de Ameridanza y Tandil, además de ser varias veces campeón provincial. En los próximos días estará participando en la edición número 60 del Festival Nacional de Cosquín. En el último tramo del siglo 19, el escritor Ventura Robustiano Lynch definió al malambo como «una justa de hombres que zapatean por turno al ritmo de la música”. Arteaga se sigue proponiendo ese desafío rústico. Poniendo su cuerpo en movimiento para responder a esa pasión despertada por una danza compleja y exigente.

¿Qué le hubiese gustado ser?

Si no hubiera sido profesor de danza y bailarín, creo que traumatólogo.

¿Quisiera cambiar de trabajo?

No.

¿Un lugar para vivir en el mundo?

Chapalcó.

¿Qué desea para su vejez?

Estar ocupado, y disfrutar de los afectos.

¿Qué mejoraría de su cuerpo?

La altura.

¿En qué tarea no se siente inteligente?

En muchas. Lo relacionado a la electrónica, las manualidades, la costura.

¿Cuál fue el momento más feliz de su vida?

El nacimiento de mis hijos.

¿Su primer trabajo?

Mesero en una pizzería.

¿Cuál es el buen cine?

El que entretiene.

¿El último libro que leyó?

Los peces de la amargura, de Fernando Aramburu.

¿El mejor libro que leyó?

Difícil decisión. Depende del momento, creo.

¿Un programa de T.V?

Friends.

¿Qué bailarín influyó en su camino?

Muchos. Todos mis maestros. Mis amigos. Creo que Nicolás Delavanso es de las fortalezas más grandes que me han influido, por creer más que yo en mí.

¿Qué hito de la historia mundial le hubiese gustado vivir personalmente?

No sé. Soy medio localista, je. Las discusiones del Primer Triunvirato, el Cruce de los Andes, el Éxodo Jujeño, la asunción de Alfonsín y la vuelta a la democracia. Y muchos otros.

¿Cuál fue la vez que más lloró?

Cuando murieron mis abuelos. 

¿El mejor político en la historia del país?

Mariano Moreno, Perón, Alfonsín.

¿La mejor persona que haya conocido?

Mi compañera.

¿Cree en la justicia de este país?

A veces.

¿Qué profesión u oficio nunca ejercería?

Militar.

¿Un personaje nefasto en nuestra historia?

Videla.

¿Le preocupa la muerte?

No.

¿El arte salva?

En muchos casos.

¿Qué le gustaría saber del futuro?

El clima.

¿A quién no dejaría entrar a su casa?

A un pedófilo, a un abusador-violador, a un delincuente y a cualquier persona que no sea del agrado de mi familia.

¿Donaría sus órganos?

Sí.

¿Recuerda su primera maestra?

Sí.

¿Qué opina de la religión?

Que está bueno creer en algo. Cada uno elige en qué.

¿Una película?

Leyendas de pasión, de Edward Zwick.

¿Cuál es la persona que más le gustaría ver en estos momentos?

A mis seres queridos.

¿Extraña algo de su niñez?

Sí, el campo. Y jugar sin tiempo.

¿Qué sabe o recuerda de la dictadura militar?

Sé que fue una época oscura, violenta y nefasta.

¿Cuál es su idea de la felicidad?

Cuando la cotidianidad se equilibra entre la salud, lo laboral y los afectos.

¿Qué es lo que más valora en sus amigos?

Su honestidad, cariño y lealtad.

¿A quién le gustaría parecerse físicamente?

A nadie de notoriedad.

¿A quién le gustaría parecerse intelectualmente?

A muchos. Ninguno en particular.

¿Le niega o le negó el saludo a alguien?

No.

¿Qué le gustaría saber ante todo?

La verdad.

¿Qué instrumento musical le gustaría tocar?

El violín.

¿Su peor defecto?

Habría que preguntárselo a otros.

¿Qué le gusta regalar?

Libros.

¿Qué piensa del periodismo en general?

Que ha perdido credibilidad, que es una profesión muy importante y necesita ser revalorizada.

¿Justificaría en algún caso la tortura y aún la muerte?

No.

Se incendia su casa, solo puede llevarse una cosa, ¿cuál?

Los ponchos.

¿Una canción?

La Pampita, de Argentino Valle y Alfredo Pelaia.

¿Cuál lugar de la casa es el mejor para leer?

El patio o el sillón.

¿Si fuese presidente, qué es lo primero que haría?

Designaría buenos e idóneos ministros, y vería qué leyes son las importantes para mandarlas a las cámaras.

¿Si fuese Dios, qué es lo primero que haría?

Paz, salud y educación.

¿Cuál fue la persona que más lo ayudó?

Mi familia.

¿Se arrepiente de algo?

Sí. De no haber sido más tolerante con aquellos con quienes no coincidía en las opiniones.

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Autor

Raúl Bertone