«Era algo muy novedoso, y realmente se trató de una aventura»

En una época donde el vinilo ha recuperado parte de esa presencia decisiva que tuvo durante tantas décadas en la escena musical, hubo tiempos no muy lejanos que expusieron las distintas transformaciones de los soportes físicos, producto de los avances tecnológicos. En ese sentido, el disco compacto (CD), nacido cuando la década del 70 terminaba a partir de un proyecto de investigación de Philips, llegó a nuestro país a mediados de los ’80, en momentos donde, además del vinilo, el cassette seguía pisando fuerte.

En esos comienzos, el CD estuvo en las márgenes, hasta empezar a ser consumido masivamente por los argentinos. Los primeros títulos en Europa fueron The Visitors (ABBA), La Sinfonía alpina de Richard Strauss (Orquesta Filarmónica de Berlín dirigida por Herbert von Karajan) y Chopin Valses (del pianista chileno Claudio Arrau). En 1983, la CBS editó el primer disco compacto en Estados Unidos, siendo el primer álbum elegido el sexto como solista de Billy Joel, llamado 52nd Street. Mientras que el disco inaugural de la industria argentina en ese formato fue Signos, de Soda Stéreo, saliendo a la luz en 1986.

Como no podía ser de otra manera, la oferta musical en CD comenzó a crecer, y a expandirse por diferentes rincones de nuestro país. Pasó a ocupar otros lugares más destacados en las vidrieras de las disquerías. Y obviamente La Pampa no estuvo ajena a esa revolución digital. Cuando la década del ’90 había comenzado a transitar, un artista santarroseño se animó a dar el primer paso por estos lares. El 12 de noviembre de 1993 -se cumplieron 27 años-, Mario Cejas presentó en el Teatro Español un nuevo trabajo llamado Un claro de vida, poco tiempo después de retomar el sendero solista. Se trató del primero en nuestra provincia bajo ese revolucionario formato de grabación de audio. Todo transcurrió en el Estudio Fusión, de Guillermo Mángano, durante los meses de julio a septiembre de ese año, y participó también Claudio Camilletti en teclados, batería y arreglos. La fotografía y el arte de tapa del disco fue de Rubén Corral. Contiene las canciones Alas blancas, Epopeyas, Guardo en una estrella, Un claro de vida, A Ud.señor, Migajerías, Desafiando al tiempo, Zamba urbana, De mi gente y Es necesario.

«El disco fue una autogestión, como siempre lo hice en este camino de componer e interpretar mis temas. En ese momento surgió la posibilidad de hacerlo en ese formato, algo muy novedoso, y realmente se trató de una aventura. Fue muy costoso, la masterización no se hacía en el país y el único sello en Buenos Aires, que era Epsa, se encargaba de la duplicación en grandes cantidades. Recuerdo una charla que mantuve con la gerenta, estaba de acuerdo en apoyar estas producciones independientes y fue así que se hizo una importante cantidad de discos compactos para nuestro medio. Ese lazo, esa comunión, permitió que después otros músicos y grupos de nuestra provincia pudieran seguir grabando en ese formato», relató Cejas, entrevistado por El Lobo Estepario.

Cejas nació en Santa Rosa en 1956 y desde muy joven se dedicó a cantar, componiendo sus propias letras. Fue fundador del grupo Músicos Agrupados (MAG), que reunió a jóvenes roqueros en los 70 y 80. Artista perseverante, lleva grabados varios discos. En 2011 se presentó junto a su entrañable compañero Raúl Fernández Olivi, colmando la sala del Español. Fue una especie de reedición del dúo Zampal, conformado por ambos en los ’80, y que luego se transformó en trío con el aporte de María Emilia Montalvo. Cuando retornó al camino solista, produjo, además de Un claro de vida, otros discos, como Por nuestros días. Participó en la primera edición del Cancionero de los Ríos y a partir de los 90 se sumó a la agrupación Músicos Pampeanos del Encuentro, que se encargó de gestionar reuniones que se sumaban a Músicos Patagónicos, para impulsar diferentes expresiones de esta región del país. Algunas canciones de su autoría son Un claro de vida, Casita blanca, Señales urbanas o Cita de luna.

«El disco fue el resultado de canciones que me identifican. En esa oportunidad me acompañó Claudio Camilletti, uno de los tecladistas más importantes que tiene nuestra provincia, y quien ha trabajado con casi todos a la hora de grabar. La técnica de la grabación fue de Guillermo Mángano, propietario de Fusión, a mi entender el primer estudio armado aquí con todas las condiciones técnicas. No era nada fácil tener un sitio con esas características, lo que nos permitió realizar un trabajo digno para la época. Tuvimos varias oportunidades para presentar el material, tanto esa vez en el Español como en otros lugares. Había mucha actividad, algo que, avanzada la década, se fue haciendo imposible y comenzó a ser reemplazado por otros formatos que servían para determinados intereses. En sí, se trató de una década bastante complicada, que nos dejó muchas marcas a los argentinos», concluyó Cejas.  

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Autor

Raúl Bertone