«Es la corona de espinas, no es la corona del rey»

«En la provincia de Baden-Württemberg, donde vivo, el gobierno me brindó una ayuda por ser músico independiente, algo que no sé sí en algún momento tendré que devolver. Después de tres intentos que hice me ofrecieron una especie de indemnización por todo este tiempo. Supe de colegas que tuvieron que insistir hasta siete veces para recibirla, por lo que puedo sentirme bastante halagado en ese sentido. Obviamente esta pandemia ha resentido todo a nivel artístico. Por ejemplo, en Alemania se suspendió el Festival de Bayreuth (Bayreuther Festspiele), un festival de música clásica que se celebra cada año desde 1876 en Bayreuth, y debía empezar en estos días. Como se sabe todos los teatros están cerrados y lo que se hace es algo muy reducido, de poca envergadura, por lo que es muy difícil pensar en un desarrollo artístico normal. Por estos días intervine en un concierto junto a la soprano Maria-Teresa Bäumler, que nació en Alemania pero su madre es argentina, y su esposo argentino, el barítono Hernán Vuga. Fue en la ciudad de Espira, una de las más antiguas de toda Europa, fundada por los romanos. El concierto se realizó en la casa que nos cedió una mujer que vivió algún tiempo en Argentina y Chile, y el mismo se transmite por YouTube. Estamos muy agradecidos por el gesto y ya llegaron las primeras donaciones, por lo que es una forma de poder ir tirando. Muchos artistas hicieron y hacen conciertos por Internet, y de esa manera se puede recaudar algún dinero. La encargada de una de las escuelas de música donde trabajo también apeló a Facebook, y recibió una ayuda, compartiendo algo de eso con nosotros. Surgieron diferentes iniciativas para poder continuar, pero la atmósfera de un teatro o de un concierto es de unión y no separación; lo mismo sucede con el arte, que quiere unir y no disociar, por lo que ha sido un gran desafío para los artistas. Una manera de ponerse a pensar alternativas. La situación en general sigue siendo muy complicada. Personalmente me he quedado prácticamente sin dos trabajos, en escuelas de música donde estaba como docente, por lo que empecé a buscar y terminé en un Hogar de ancianos, trabajando en la cocina. En sí no cocino, realizo tareas de entrega y demás, una experiencia totalmente nueva para mí. En los primeros días me quedaba energía solo para dormir, pero bueno, fui aprendiendo y no me disgusta, es un buen complemento. En una escuela estuve brindando clases de canto de forma online, y ahora empezamos con presenciales, pero con una serie de distancias, además de prender un aparato qué, según dicen, purifica el aire, pero lo que hace es matarte los pulmones. Lo mismo sucede con las máscaras o barbijos…¡bienvenidos los microbios!. Las bacterias se sienten súper bien con el calor de la boca, se quedan ahí jodiéndonos mucho más de lo que podría pasar estando libres. Pienso que es todo muy ficticio y muy relativo, sinceramente no creo casi nada de todo esto, y me parece que es una maniobra para manejarnos la cabeza, el espíritu, y para separarnos y tenernos dominados. No puede ser que de pronto no exista ninguna otra enfermedad mundialmente que el Covid-19. Siempre se murió gente y nadie se preocupó, y ahora, de pronto se hace una tremenda laraca por todo. Hay que tener una situación social buena para no cuestionarse esta crisis que está hundiendo a todos. Es la corona de espinas, no es la corona del rey. Es una tortura lo que están haciendo con las personas. En Alemania todos controlan o vigilan si una persona lleva la máscara o no, como si fuera un Tercer Reich. Además las informaciones son diferentes en todos lados, no sabemos si son verdaderas o no; se juega mucho con el manejo de las ideas, y con el miedo principalmente. Mi convencimiento es que no se puede frenar de esta manera la energía de la gente, todo lo que se frena, se empaca y se le pone un molde, en algún momento explota».

Alejandro Graziani

Nacido en Buenos Aires el 6 de julio de 1964, vive en Alemania desde hace más de 25 años. Estudió piano en el antiguo Conservatorio Nacional Carlos López Buchardo, egresando como Profesor de piano y música, habiendo realizado la actualización de su diploma como Licenciado en Artes y Ciencias Musicales en el otrora IUNA. Es también egresado de la Universidad del Museo Social Argentino como Director de coro. Estudió y trabajó en el Colón, fue pianista del Conservatorio Nacional, profesor del Collegium Musicum y pianista en el Instituto Goethe. Cuando emigró, fue  correpetidor en el teatro Estatal de Heilbronn, trabajando con muchos grupos internacionales de ópera y ballet. Brindó conciertos en diversas partes del mundo, y en París participó como preparador y cantante en una reposición del Requiem de Berlioz, en Saint Eustache. Desde hace años acompaña en diferentes presentaciones en nuestro país y en el exterior a la soprano Gladys Martino, radicada en Santa Rosa. Ha sido  profesor de escuelas Waldorf en las ciudades de Heilbronn, Munich, Backnang, Ludwigsburg y Lörrach. En Suiza dirigió a la Orquesta Sinfónica de Budweis, de República Checa, participando de cursos de perfeccionamiento en Viena y Le Marche. Viaja asiduamente por todo el mundo como pianista de cruceros internacionales, fundamentalmente por zonas polares, especialmente Groenlandia, el Artico, Alaska y también la Antártida. Tiempo atrás estuvo en Japón, Rusia, Indonesia, China, Brunei, Malasia y Filipinas.

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Autor

Raúl Bertone