“Es más fácil tener sexo que dialogar con una mujer”

Conversación con el investigador Ricardo Coler acerca de su nuevo libro sobre la poligamia en diferentes culturas.

“El hombre zulú que tiene un harén le hace una casa a cada una de sus mujeres y pasa una noche con cada una, pero al final llega el momento que se hace una casa para poder estar solo”, comenta Ricardo Coler que trata ese tema en su libro “Hombres de muchas mujeres. Entre la poligamia y la infidelidad. Cómo es vivir con más de una esposa”, que publicó Planeta.

Coler es médico, fotógrafo, periodista, fundador y director de la revista cultural “La mujer de mi vida”, viajero empedernido e investigador de propensión antropológica. Ha publicado “El reino de las mujeres”, “Ser una diosa”, “Eterna juventud”, “Felicidad obligatoria”, y “Mujeres de muchos hombres”, difundidos en los países de habla española, y traducidos y publicados en Estados Unidos, Brasil, Portugal, Italia, Francia, Alemania, Suiza, Austria, Turquía y Corea. Dialogamos con él sobre el libro donde sostiene que “las que están en contra de la poligamia no son las mujeres, son las esposas”.

Periodista: ¿Buscó mostrar que así como había contado de “Mujeres de muchos hombres” ahora recordar que por todos lados hay “Hombres de muchas mujeres”?

Ricardo Coler: Naturalmente era la segunda parte. Es lo que debía venir después de haber contado como era la vida de una mujer que convive oficialmente con cuatro hombres al mismo tiempo. Ahora quería contar qué pasa cuando el hombre tiene más de una mujer. No sólo lo que pasa en otros lados, o en el pasado, sino lo que nos pasa en la actualidad. Cómo funciona el hombre con amantes o con varias novias. Los varones tienen muchas veces la fantasía del harén, hasta que conocés a uno que tiene realmente un harén, y ahí te das cuenta que las cosas no son tan sencillas. Cuando se vive con varias mujeres al mismo tiempo, las oficiales y las no oficiales, lo que el hombre hace es trabajar, trabajar y trabajar. Trabaja afuera para poder llevar una vida en la que tiene más de una mujer, y trabajar adentro para mantener cierto equilibrio. La fantasía es que cuando se tiene varias mujeres es solamente sexo, y después no pasa absolutamente nada. Y no es así. No sólo tiene que mantenerlas sino escucharlas, ver qué le pasa a cada una, sentarte con ellas, estar atento. Y como apenas a veces se puede con una, cuando tiene vínculos con tres, cuatro, cinco mujeres para el hombre es un infierno. Si bien hay quienes sostienen que variar de pareja ayuda a la sexualidad, por ese rato se pagan grandes consecuencias. Yo eso lo veía en los zulúes donde tiene una casita para cada mujer. El marido tenía que pasar una noche con una, otra con otra. Y se termina construyendo una casa para él solo, para que nadie le hable, para que nadie lo moleste. Y no es porque las mujeres sean un infierno, sino porque establecer una relación es más que tener una relación sexual. Termina el hombre siendo el vasallo de todas ellas.

P.: Comienza su libro relatando la confrontación entre una feminista y una polígama.

R.C.: Visité África con una mujer que era una feminista inglesa que le iba a contar a sus hermanas zulúes lo sometidas qué estaban por tener que vivir muchas con un solo hombre. Y las zulúes le preguntaban: en tu país, ¿los hombres no tienen amantes? Si es así, de un modo u otro son polígamos, lo digan o no lo digan. La diferencia es que en las familias poligámicas todas las mujeres tiene los mismos derechos, todas son reconocidas públicamente, todas pueden usar el apellido del marido, en cambió en tu sociedad no. Las zulúes le decían que la poligamia no es un problema de las mujeres, es un problema de las esposas, por qué donde lo legal es la monogamia las amantes estables no tienen ningún derecho y son mujeres que han dedicado su vida a un hombre, que han vivido una relación de varias veces por semana durante muchísimos años, y no son reconocidas. Es el drama de “la otra”. Una zulú le dijo: sabe, lo que sucede es que nosotras somos más honestas.

P.: Para enfrentar al divorcio hubo fundamentalistas religiosos que dijeron que era legalizar la poligamia sucesiva.

R.C.: Cuando se piensa en familia polígamas oficiales se deja de lado el amantazgo, que es una cosa muy frecuente en nuestra sociedad. Diría que son muchísimos más los que mantienen relaciones con otras mujeres durante su vida matrimonial que los que no las mantienen. Se piensa que la poligamia es una conducta de cultura retrasadas, pero buena parte de mi libro transcurre en Estados Unidos, donde hay pueblos enteros de polígamos en Colorado Hildale, Rockland, Darger, familias enteras en barrios de Utha y de Arizona. Básicamente se las encuentra donde son mormones (hay tantos mormones como judíos en el mundo), se trata de una rama del mormonismo muy atada a las escrituras de Joseph Smith, donde el creador del culto mormón dice que para llegar al paraíso un hombre tiene que tener por lo menos tres mujeres, con menos de tres no se alcanza el “matrimonio celestial”, por eso son todos polígamos.

P.: ¿Qué pasa con la justicia en ese caso?

R.C.: Se vuelve loca con ellos. ¿Cómo se hace para determinar que una familia es polígama? Tiene que meterse en la cama de ese hombre que vive con una mujer, pero tienen cerca la casa de otra, y de otra. Si no se pudieran tener hijos con una mujer y con otra mujer, tendría que ir presa gente que es mormona y gente que no lo es. ¿Cómo hace el Estado para darse cuenta como se mantiene una relación sentimental? Ellos dicen que saben que está prohibido, pero que no los persiguen. Están casados legalmente con una y tiene matrimonio religioso con varias, y hijos con todas. Recuerdo lo orgullosas que estaba una mujer zulú de pertenecer a una familia con muchas mujeres. Es que si el hombre puede mantenerlas es de mucho dinero. A las mujeres les es más fácil tener amigas y sostener un hombre (que son difíciles de aguantar), por lo general ellas se llevan bien y se siente menos solas, viven una especie de hermandad. Si se llevan mal es un desastre. Y eso tiene que ver con el hombre, si no es equitativo con todas, lo que es un trabajo terrible, la familia estalla. Lo notable es que las familias poligámicas que funcionan bien son muy sólidas, hay mucha amistad entre el hombre y la mujer, la familia es importante, la sexualidad funciona, tienen muchos hijos, pero no se pretende el amor como lo conocemos nosotros, porque cuando el hombre y la mujer pretenden estar enamorados la familia se destruye. Se piensa que el amor estabiliza, pero no es así. ¿Por qué se separa una pareja? Porque ya no la quieren, porque no se sienten queridos, o porque se quiere querer a alguien. El amor genera inestabilidad, parece paradójico pero sin amor la relación es más estable.

P.: ¿Eso lo observó en la Red de Relaciones Libres que hay en Brasil?

R.C.: En ella un hombre puede estar casado no oficialmente con dos o tres mujeres, y las mujeres pueden tener relaciones con dos o tres hombres, está todo permitido. Lo único que no se puede hacer es mentir. En estas relaciones múltiples el amor no es posible, por lo menos como nosotros lo pretendemos, al estilo occidental. Ahí uno se da cuenta que no puede tener todo en la vida. Se puden tener muchas mujeres, cambiar todo el tiempo, pero algo se va a perder. Se va a perder tener una pareja estable. Se pude vivir una pasión que es algo momentáneo, pero no el amor, que es algo estable, que es algo para muy pocos con mucha suerte, y no sé si por mucho tiempo. Lo normal, por inmensa mayoría, son las relaciones que no funcionan.

P.: Ese “no se puede tener todo en la vida” surge en su libro de la confrontación de culturas diferentes que iluminan nuestra vida cotidiana.

R.C.: Lo que conservan las parejas que se llevan bien es la capacidad de diálogo, que es una cosa complicada. Es mucho más sencillo para un hombre tener relaciones sexuales con una mujer que poder hablar con ella. Poder mantener un diálogo a gusto durante mucho tiempo es algo complicado. Para eso se necesitan ciertas habilidades. Por eso pienso que el amor que ya tiene otros rasgos- es para gente grande, no para jóvenes. Cuando uno conoce las relaciones de familias múltiples, tanto cuando una mujer tiene varios hombres como cuando un hombre tiene muchas mujeres, encuentra que son equipos que se ayudan económicamente, armados para tener hijos, para estar insertados en la sociedad y pasarlo lo mejor posible, sin el amor como lo conocemos nosotros, porque de aparecer el amor la relación se vuelve de terror. ¿Cómo hace una mujer para soportarlo cuando se entera que su marido tiene amantes? Hay una fórmula que es fantástica, y que les funciona muy bien, lo dejan de querer. O por lo menos lo dejan de querer cómo al hombre le gustaría que lo quieran. Cuando ya les importa, cuando ya no le afecta, les duele mucho menos. Ahí volvemos a ver que no se puede tener todo. Un hombre puede tener muchas amantes, pasarla fenómeno, pero se pierde tener en casa a alguien que lo quiera como a uno le gusta que lo quieran. Todo no se puede.

P.: Después de “Hombres de muchas mujeres”, ¿está encarando una nueva obra?

R.C.: Estoy en plena etapa de decidir cuál entre los temas que tengo en carpeta voy a elegir. El tema de la adolescencia me interesa, el tema de la violencia es muy importante, me resulta investigar cuales fueron los resultados del movimiento feminista, si la mujer ha ganado o ha perdido, que se ve al confrontar diversos ciudades en el mundo. Yo creo que hay una mujer moderna, que se parece al hombre y eso le ha provocado una serie de conflictos que vale la pena tener en cuenta. Tengo que ver qué es lo que realmente me entusiasma como para ponerme cerrar las investigaciones y ponerme a escribir.

Fuente: Ambito Financiero, Máximo Soto. Diario de Cultura

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