«Es un álbum que está cargado de recuerdos y significaciones»

Esta pampa, esta llanura que nos envuelve y nos desvela. Circunstancia modeladora de una nostalgia infinita. El santarroseño Oscar García, al igual que tantos referentes de la música nuestra, se ha convertido en aquello que bulle en los alrededores del paisaje. Y así transita la vida, con las capas de la memoria en la que los recuerdos se parecen a los sueños. Y como un gesto mágico, el recuerdo es en sí un presente contínuo. «El sociólogo portugués Souza Santos señaló que hay dos tipos de personas en la sociedad; los que no quieren recordar y los que no pueden olvidar; bueno, yo soy de estos últimos», acotó en un momento de la charla con El Lobo Estepario.

Cuando recién empezaba a caminar este 2021, García buscó de alguna manera dejar atrás un año difícil y duro para todos. Y lo hizo ofreciendo música. La mejor manera de crear experiencias emocionales positivas. En 2015 había editado Pulsaciones y calandrias, que incluyó varios clásicos reversionados, y luego de aprovechar el largo tiempo de confinamiento obligado por la pandemia, donde revisó y sacó a la luz viejas obras, a finales del 2020 concluyó El bardo lejos, un nuevo álbum para un recorrido plagado de sensaciones.

«El disco va desapareciendo como expresión física, y la denominación álbum es ahora la tendencia. Fui armando una selección de canciones, un par ya estaban terminadas, y el resto no, cuando surgió la relación a través de un amigo con un músico extraordinario que se llama Obi Homer. Nos contactamos, charlamos, y nos pusimos de acuerdo muy rápido. Hizo algunos arreglos, me sentí muy bien cobijado con sus aportes, y entonces comenzó esta aventura que la terminé cuando finalizaba el año anterior. El material de alguna manera ya estaba por lo que no nos llevó mucho tiempo. Elegí entre todas las obras que tengo aún sin editar ni registrar, rescatando principalmente las más viejas y más queridas, como las escritas por Bustriazo Ortiz. Concentran la relación de amistad que tuvimos», contó García.

El último trabajo de quien fuera integrante de grupos como Las voces de Huitru Mapu, Los Ranquelinos, o de ese excelente quinteto vocal e instrumental llamado Cantizal, puede encontrarse en diferentes plataformas como Spotify o YouTube, y cuenta con el aporte de músicos como el guitarrista Juan Colombo, el pianista Fernando Lernoud o el bandoneonista Toti Mansilla. La dirección y los arreglos pertenecen a Obi Homer, quien además ejecuta varios instrumentos. La fotografía de portada es de Fabián Muñoz Docampo. «Es un álbum que está cargado de recuerdos y significaciones, está hecho de memoria. El aislamiento forzado nos volvió reflexivos, y ese revivir de hechos y personas que extrañamos tanto, provocó que se rescataran sentimientos. Me considero un tipo muy sociable, por lo que me afecta la falta de comunicación, el desprendimiento de la cotidianidad», reflexionó García.

La figura de Bustriazo aparece íntimamente ligada a este trabajo del músico pampeano. Su poesía emergió para sostener ese impulso inicial. Y claro está, las vivencias compartidas a lo largo de los años. «El bardo lejos, que le da nombre al disco, de alguna manera lo define. Es la palabra de Juan Carlos con la que me identifico. Milonga por braserío refiere a una noche en Anguil, cuando visitamos a Quico Mareque, hermano de Guillermo. Le caímos, como otras tantas veces, en el boliche que tenía, hizo un cordero a las brasas y como invitado especial estuvo Ernesto Natividad de la Cruz, recordado bandoneonista y autor del tango El ciruja. Bueno, ese poema de Juan Carlos lo tuve conmigo desde aquella época y pude encontrarle la vueltita que le faltaba. Como también Lagunita del monte, que siempre me pareció una maravilla y pude ponerle música».

En otro tramo de la charla, García habló de Noche de Reyes, uno de los tantos poemas de Bustriazo que fueron musicalizados para integrar el repertorio folclórico pampeano. «La anécdota puede llamar la atención, y de alguna manera concentra la creatividad de Juan Carlos. A media cuadra de la casa de mis padres, con quienes vivía, estaba el bar La Perla, sobre la única calle asfaltada que era la Raúl B.Díaz, que se extendía una cuadra más allá de ese reducto. Una noche Juan Carlos sale del bar, seguramente con alguna copa de más, y caminando se encuentra con los recolectores de basura. En ese momento se da cuenta que era Noche de Reyes, y entonces jugó con esa fantasía que él tenía, y los recolectores pasaron a ser los Reyes Magos. A partir de allí desarrolla un bello poema que también llevé conmigo durante muchos años para finalmente incorporarlo a este álbum», destacó.

La pluma de Ricardo Nervi también dice presente con Balada, poema musicalizado por Lalo Molina y con arreglos de Homer. A su vez, García eligió una composición de Rafael Amor, el trovador argentino fallecido hace algo más de un año. Se trata de Y no teníamos más que el amor, quien se la dedicara el propio artista nacido como Rafael Iglesias Toraño en ocasión de un concierto celebrado en Madrid. «Es de esas obras que uno hubiese querido componer alguna vez. Estando yo en España, unos amigos me invitan para ir a verlo cantar en Carabanchel. Nos habíamos conocido en Santa Rosa, cuando llegamos ya había comenzado el recital y en un momento Rafael me individualiza, por lo que cuando termina la primera parte aprovechamos para saludarnos. Cuando con su hijo Salvador volvieron al escenario, me dedicaron esta canción. Fue algo que me encantó».

García se refirió a tres canciones restantes del álbum que llevan su impronta. Una de ellas es Llueve como entonces, de la que es autor, y cuya música pertenece a Damián Sánchez, compositor, director de Los Trovadores y musicalizador principal de las obras del poeta José Pedroni. «Un día me dijo «a eso hay que ponerle música», y le respondí: «es todo tuyo». Después de un tiempo me lo envió. Tiene que ver con lo que casi todos hemos vivido en algún momento, algo fugaz como un destello en una estación de tren o de micros, mirando a alguien a través de la ventanilla y de todo lo que uno imagina o sueña a partir de eso, que después se pierde para siempre».

Habló de un sentimiento especial por Cantor de milongas -«es una canción que hicimos con Marcelo Cordero y está dedicada a Julio Domínguez El Bardino. Aunque no lo nombramos, está hecha para él»-, y la emoción afloró cuando hizo referencia a Boliche de Lunaclick, compuesta junto a Edgar Morisoli. «Se trata de un antiguo almacén de ramos generales que se encontraba en Árbol Solo, aunque Edgar lo llama boliche porque dice que en el habla popular todos los establecimientos rurales de aquella época llevaban esa denominación aunque no fueran un despacho de bebidas. Allí, en el oeste profundo, en ese lugar tan lejano, la gente que llegaba se apeaba ante el boliche. Lunaclick es la conjunción de dos apellidos; Luna, español, y Click, danés. El boliche, construido en adobe, cerró en 1975, pero en su interior se mantiene tal cual era en ese momento. Quedó como un museo. Esta fue la última obra que compusimos juntos, él pudo escucharla y celebrarla. Y estaba muy feliz con el resultado», concluyó.

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Autor

Raúl Bertone