Escribió un diario íntimo para su hijo antes de morir y ahora es un éxito de ventas

Una madre enferma de cáncer y su deseo de legar felicidad. María Vázquez, la arquitecta que se hizo conocida por hablar en Twitter con desparpajo del cáncer que padecía, terminó de redactarlo días antes de su muerte en abril. Se publicó hace dos semanas y ya agotó 3.500 ejemplares.

Ayer apagó sus primeras cuatro velitas y todavía no sabe el suceso que generó su mamá con el libro que le escribió durante sus últimos siete meses de vida. El cuaderno de Nippur llegó a las librerías hace 10 días y se agotó. Ya está en marcha la segunda edición.

En el bosque de la tapa está la nena, el lobo, chanchitos, ositos, árboles y una casita de tejas amarillas. Ese cuaderno llegó al sanatorio en el que María había sido operada de un cáncer que avanzó desde sus ovarios hasta hacer una metástasis que dibujaba un pronóstico negro. Justo en ese momento empezaron a llenarse de colores las páginas del libro que mamá Marie le escribe a su hijo para que la recuerde “si las cosas salen mal”.

Uno de sus sueños fue vivir para terminarlo. Se cumplió. Tras un trabajo de 7 meses, con lapicera escribió el te amo final y dibujó el último de miles de corazoncitos días antes de morir, el 21 de abril. “¡Boluda, esto hay que publicarlo! ¿Nos dejás llevarlo?”, la pinchaban las amigas que la visitaban en el Sanatorio de la Providencia. “Llevenló, llevenló”, consintió entusiasmada. Otro deseo se concretó: editado por Planeta, El cuaderno de Nippur se convirtió en “libro posta”, como dice Sebastián, su amor y papá del pequeño destinatario de la obra.

La de Marie es historia conocida. Con naturalidad, desparpajo, ironía, humor y amor desnudó ante sus seguidores en Twitter el crudo diagnóstico y las palizas de la quimio. Cuando el tratamiento no dejaba esperanzas fue ella misma quien comunicó que el final se acercaba y que lo esperaba con “una sonrisa y el puño apretado”. Su caso llegó a los medios. @kireinatatemono sumó miles de seguidores que acompañaron sus últimos días (tuits). Nunca se resignó. Puteó y agradeció. Enseñó sin pretenderlo. Se fue digna, entera. Hizo carne la frase de Sebastián que la marcó a fuego: “Es más importante ser uno mismo que el resultado”. Dos veces se la escribe a Nippur y en nota al pie le indica: “Pedile a papá que te explique bien esto”.

Cuaderno Nippur

“Más allá de todo a lo que tuvo que renunciar, lo que siguió haciendo, María lo hizo con las mismas ganas, el mismo humor, como si no le estuviera pasando nada. Y eso nos impresionó a todos”. Incluso a Sebastián, que caminó a su lado 24 años. Mientras algunos no podían contener el llanto a su alrededor, ella les “regaló una fiesta de despedida”. Las enfermeras y médicos la amaban.

“Llegó el momento, lo leés”, le dijo. Sebastián había evitado abrir el cuaderno (“no quería hacer melodrama delante de ella”). Pero no pudo negarse. Se sentó al lado de Marie. “No, pará, todavía no puedo”, le dijo. Fue al baño, volvió con una toalla. “No, pará todavía no”, insistió. Regresó con un toallón y lo empapó de lágrimas.

El cuaderno salió del sanatorio y fue atesorado por una de las “soldadas” de Marie. Otra lo escaneó con cuidado y amor. El contenido llegó a la editorial, donde se puso en marcha un trabajo para preservar al máximo el original, al punto que lo escanearon sin desarmarlo. Fue impreso en papel rústico, en 5 colores porque Marie inundó las páginas de un naranja flúo imposible de lograr de otra manera. Contiene dos inserts: un sobrecito con un poema y un desplegable, copias exactas de los que la autora pegó en las hojas. El diseño de la tapa es mérito de Sebastián.

Es un libro escrito para un chico, pero no un libro infantil. Un libro lleno de vida y colores escrito por una mamá joven que se prepara para la muerte, pero quiere legar felicidad. “Ella escribe el libro para que Nippur lo pueda leer toda la vida. Lo pueda agarrar de chico y entender algunas partes. De adolescente, de joven o viejo. Es un libro para cualquiera, porque habla de la vida, la muerte y el amor”, dice Sebastián.

Marie tenía 43 años, era arquitecta, dibujante y runner. “A ella le divertía hacer un relato de las cosas que le iban pasando, de lo que hacía y sentía. El libro busca eso: divertirlo al nene, enseñarle, aconsejarlo, transmitirle quién era ella. No es solemne”, confía Sebastián.

Un enorme “MAMÁ TE AMA” abre el capítulo 1. Marie le cuenta a Nippur de su infancia en Catalinas Sur y sus visitas a la panadería de sus abuelos en Lanús. Dedica un capítulo a sus mascotas de la infancia. “COMÉ DE TODO”, con esas letras, ordena. Habla de la yeta “de enfermarse así” y de cuánto extraña a salir a pasear con él. Dibuja una amuleto (“usala con prudencia”). Hace listas de películas y palabras preferidas, de cosas que le gustan, de lo que le da miedo y de los “mostros”. Le escribe (y dibuja) sobre la quimio, “unos súper remedios para sacarse lo malo de adentro”. Y en unas apostillas lo conmina: “Hacé muchas cosas que te gusten. Muchas. No te privés. No dudés. Pero tratá de mantener la boludez al mínimo. Pasión y amor”.

“Su ilusión de publicarlo no era por ella. No estaba pensando en trascender. Pero la principal razón, muchísimo más que esa, es el nene”, explica Sebastián. Es que, como él le decía al hablar del tema, “ya que va a ser huérfano, que sea huérfano de madre legendaria”.

Fuente: Nota de Diario de Cultura. Clarin, Florencia Cunzolo

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