Escultura, de Héctor Massara

Pasado el temblor de “Tierraplana” y a pesar de otra novela en preparación, la tendencia del escritor piquense Héctor Massara viaja hacia los relatos cortos, tal es el caso de “Escultura”, que presentamos ahora.

Escultura

¡Ah, la superficialidad que a veces nos limita! La falta de sensibilidad que raya en la ignorancia. Sólo puedo decir que esto es un torso con una cabeza y dos brazos. Estatua, le dirían algunos simplistas, palabra horrible que sólo menciono a falta de algún sucedáneo más apropiado. Esto, lo que estoy viendo desde mi perfil derecho a su perfil izquierdo, es una hermosa obra de arte. Una figura sutil y concreta con una cabeza redonda que bien podría prescindir de los ondeados cabellos sin sacrificar belleza. La línea de la nuca en tobogán perfecto que se sumerge en los hombros con naturalidad y guarda el frescor de la argamasa original. La suave y femenina caída de los hombros en comunión casi perfecta con las colinas de los senos. Tiene ésta obra la particularidad de los ojos entornados y la mirada apuntada al regazo como una madonna de Rafael, lo que no me impide adivinar la vivacidad y el color que seguro repetirá el de los cabellos. Vean esa frente recta como tropieza con la gracia de esa nariz helénica que se alinea en una perpendicular perfecta con la boca. Me faltó aire para repetir éste último párrafo, y no me importa. ¿Y los labios? Con respeto diré que Leonardo hubiera querido dibujarlos y así su Gioconda tendría menos misterio y más alegría.
La escultura se ha movido hoy ligeramente y de sus labios salió una frase suave que sonó a disculpa acompañada de un sonrojo. Lo siguiente fue un tropel de sensaciones, colores, texturas, aromas, explosiones de vida seguidas de pequeñas muertes. Me he retraído, me he ocultado en una maraña de palabras vacías. Tu nombre seguirá sonando a pradera y el mío al de un héroe al que la historia olvidó. Maldito nombre, maldita mujer.

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