Murió Leonard Cohen, Dios me ayude

«Con profundo dolor informamos que el legendario poeta, compositor y artista, Leonard Cohen ha fallecido. Hemos perdido a uno de los visionarios más respetados y prolíficos de la música. Se lo recordará en un evento que se llevará a cabo en Los Ángeles en una fecha posterior. La familia pide privacidad durante su tiempo de dolor», publicó Sony Canadá -su casa discográfica- en su perfil de Facebook. «Tras cinco décadas de trabajo, en las que influyó a múltiples artistas, el también novelista y poeta había declarado en una entrevista concedida al semanario The New Yorker el mes pasado que ´estaba preparado para morir», agrega el diario La Nación.
A todo esto y sin saberlo, esta misma tarde antes de viajar a Realicó y mientras tomaba los últimos mates escuché de una sola seguidilla «Dance me to the end of love», «The future» y «Wainting for the miracle». Le decía a Valeria lo de siempre, que son apenas tres notas y una vieja voz aguardentosa, pero que ahí estaba la comunión entre música y poesía, estaba todo, incluso el temblor y la quietud. A ella no le gustaba demasiado de todos modos. Pero en mí las cosas resultaron diferentes. La primera vez que lo escuché fue en un disco de los tantos que me mandaba Iván Wielikosielek. Primero estaba «Dancing to the end of love», después «The future» y finalmente «Waiting for the miracle». El orden de ayer a la tarde no fue casual, tengo grabada esa tríada indisoluble en mi memoria, como si fuera una sola canción de diez minutos que empieza en una nube, que luego se arremolina y termina en las estrellas. Después lo fui aprendiendo todo de él, sus canciones y sus libros. Por ejemplo, que la canción Beautiful losers de Luca fue un homenaje a esa tristísima novela. Son cosas sin demasiada importancia, pero con esas pequeñeses y datos inútiles compongo mi día. Miren este otro párrafo que encontré en Libro del anhelo, que Cohen escribió en cierto sentido pero que yo lo imaginaba en otro, lo imaginaba en silencio como epitafio o como últimas palabras para la noche por venir: “Las cosas volaban el día que nací. Hacía viento. Las hojas secas se estrellaban contra las paredes del Hospital Homeopático. Estaba vivo. Vivo en el horror. […] Los dones eran muchos, y muchas las advertencias que los acompañaban: / Te damos un gran corazón, pero si bebes vino empezarás a odiar el mundo. La luna es tu hermana, pero si tomas somníferos te acompañarán mujeres desdichadas. Cada vez que trates de apresar el amor perderás un copo de nieve de tu memoria…”
No fueron sus últimas palabras, tal como yo esperaba. Dijo: «Espero que no sea demasiado incómodo. Sólo eso».
Ahora mismo miro en rededor. No está mal. Mis niños, Valeria, mi hermana por llegar. Pero estoy en mi casa y no sé qué sucederá cuando salga fuera, cuando vea y camine entre todo lo horrible y lo salvaje, entre esas motos ruidosas, la grotesca luz el día, o escuche para siempre las conversaciones de ocasión y Leonard Cohen no esté más en el mundo.

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Autor

Eduardo Senac