“Yo estaba como bañado en tus cabellos vivos”

Médan, miércoles 28 de junio de 93.

Querida mujer bien amada, ¡qué vuelta al campo la noche del lunes! Llegué a Villennes en medio de un aguacero. La carreta inglesa me esperaba, pero ya se había transformado en barco. Tenía agua hasta los tobillos; jamás me había caído un chaparrón tan fuerte. Mas todo esto me inquietaba por ti, así que miré para su casa a la hora en que pensé debían subir la cuesta. Había muchas nubes. En fin, tal vez ustedes hayan podido regresar entre dos chubascos. Pensaba en mi pobre pequeño Jacques que estaba un poco molesto y temía que su estado empeorara si se mojaba demasiado. ¿Lo habrás cuidado bien y está mejor, no es cierto? Además acabo de verlo, a mi pequeño Jacques, en la ventana de la querida casa de ustedes. Tú lo sostenías entre tus brazos y me lo mostrabas, muy alto. También lo vi ayer martes. Las once de la mañana es muy buena hora, no podremos dejar de vernos una sola vez. Tú estás a la sombra, no debes sufrir el sol. Sólo que esta mañana el aire no estaba lo bastante claro y las vi mal, a Denise y a ti, porque seguramente llevaban ropa obscura. Jacques, en cambio, estaba todo de blanco. No puedes imaginarte cómo me late el corazón cuando los veo a los tres, tan lejos. Se me llenan los ojos de lágrimas. Mi corazón vuela hasta donde están ustedes y me pongo al mismo tiempo muy feliz y muy triste. Creo estar con ustedes y sin embargo, ¡estamos tan poco tiempo juntos! La prima vendrá sin duda el sábado con sus dos hijos. Pero como volverán a irse el lunes, los acompañaremos y no iré solo a París. Así que no nos veremos sino hasta la tarde en tu casa. Trataré de llegar a las tres para contar con dos buenas horas para estar contigo y con mis dos queridos pequeños. Esta esperanza de verlos así, una vez por semana, me impide hundirme en la desesperación más absoluta. Dile a Denise que es necesario que se aprenda bien sus letras. Si el lunes próximo me las dice sin equivocarse le daré el regalo que ella quiera. Es una vergüenza que una niña de casi cuatro años no se sepa sus letras. Es necesario que sea muy prudente y muy estudiosa para que nos sintamos orgullosos de ella. Todavía no logro sentirme lo suficientemente bien. Voy a intentar dedicarme con mayor ahínco al trabajo para no sufrir demasiado durante este interminable verano. Yo que me hacía una ilusión de poder descansar luego de tanto trabajo, no sueño más que en volver a París, de estar ya en octubre para volver a verlos. De todos modos tengo que ser razonable y no fatigarme demasiado. Yo sé que me amas, que me esperas y que sería conveniente que tomara la vida con más alegría. Te prometo hacer un esfuerzo enorme para ser feliz de todos modos. Querida mujer bien amada, he depositado mi confianza en ti y debe bastarme saber que tengo en tu corazón y en los corazones de mis dos queridos hijos un refugio de paz y de consuelo. Ustedes son mis tres hijos adorados, pienso en ustedes como en la única felicidad, la única alegría que me queda. Te lo he dicho con frecuencia: si ustedes me faltaran, todo se vendría abajo. Frente a la pena más minúscula, me refugio con el pensamiento entre ustedes. Me sostiene saber que en alguna parte hay tres corazones pequeños que se han entregado a mí y ya no se separarán de mi lado. Esta es la razón por la cual tienen que amarme muy fuertemente, mis queridos tres hijos, para ayudarme a vivir e impedirme sufrir demasiado. He soñado contigo esta noche, querida mujer bien amada. Te acuerdas de la noche en que subí para sorprenderte, y en que besé tu hermosa trenza que nunca había visto así. Sueño con ella desde entonces, sueño con esa trenza tan tibia y que huele tan bien. Pues bien: esta noche la he tenido en mis labios y la trenza me perfumaba por completo y yo estaba como bañado en tus cabellos vivos. Mis tres queridos hijos: los beso con toda la fuerza de mi pobre viejo corazón que sufre tanto. ¡Hasta el lunes! ¡Hasta el lunes! ¡Hasta el lunes! Tendremos un almuerzo encantador y nos besaremos muchísimo para que tengamos una buena provisión de besos para toda la semana próxima.

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Autor

Raúl Bertone