“Estaba preparada para llevar la mente a un lugar mucho más complejo”

La danza es la primera —y tal vez la única— de las artes que el ser humano manifiesta de forma instintiva. Convierte al cuerpo en el único e imprescindible elemento creador de arte. Y la danza como movimiento que abre las puertas a una comunicación más profunda y completa, lo que repercute positivamente en el encuentro con los demás. La expresión corporal constituye así una interesante forma de abordar las relaciones y los mecanismos que se establecen en los distintos grupos. Cuando bailamos nuestro cuerpo habla, nuestro cuerpo se comunica, se libera el alma. La expresión corporal propia de cada individuo y como tal, su necesidad de ser reconocida y explorada.
Días atrás se expuso en MEdANo la obra dancística Korper (cuerpo en alemán), creada y dirigida por la profesora Ludmila Martos, a cargo del Estudio de danzas The Wolves. Hubo en escena 80 bailarines de todas las edades, además de alumnos que asisten al Taller que se dicta en la Escuela 64. “Pude llevar a cabo el máximo sueño personal en la danza. Luego de esperar el momento justo, recolectando experiencias, estudios, formaciones a lo largo de estos 10 años como educadora, estaba preparada para enfrentar tanta responsabilidad, llevar la mente a un lugar mucho más complejo, y hacerle entender a ellos, mis bailarines, que sí pueden hacer de lo extraño lo fabuloso, de lo complejo lo simple, tan solo con ingredientes como disciplina constante, trabajo individual y en equipo, la toma de conciencia de responsabilidades, los objetivos planteados en cada uno de ellos, para con ellos y para conmigo”, señaló Martos.
Mediante la expresión corporal se consiguen desarrollar la imaginación y la creatividad, a través de la improvisación, la recuperación del placer de jugar y la espontaneidad. Constituye así una interesante forma de abordar las relaciones y los mecanismos que se establecen en los distintos grupos. En ese sentido, Martos destacó “la agilidad mental, del saber no solo donde va una coreografía sino a donde va un espectáculo, velocidad de aquí para allá, y lo más importante: romper las barreras del no puedo, me da miedo, no lo sé. Sin la necesidad de tener el traje más costoso, logrando resolver y expresar hasta el último sentimiento tan solo con pies descalzos y la elección propia de esa ropa que solemos usar a diario, no es el precio, es el contenido corporal, sentimental, espiritual que tiene cada ser humano. Alguna vez leí que el movimiento es el proceso interior del cuerpo que se vuelve visible y a la vez hace visible al cuerpo, y que la energía resultante no se puede traducir o denominar, esa energía puede traducirse y denominarse danza. Su expresión corporal transforma el gesto de entidad cerebral a hecho poético, buscando el equilibrio entre la experiencia de vivir en el cuerpo y la de vivir dentro del ambiente. El cuerpo que se mueve y crea conocimiento. El cuerpo actúa sobre otros cuerpos que se rozan, se apoyan y se atraviesan, es movimiento a partir del sentido táctil, donde el recorrido se vuelve música, rozando el aire, manifestándose cada sentir”.
Finalmente, Martos habló en su red social de las sensaciones por doquier que despertó la obra, conjugando en sí todo el esfuerzo de un buen tiempo para el armado previo. “Fue un mes de trabajo intenso, de elegir mi vida profesional ante la personal a costa de este gran sueño, de escasas horas de sueño, sin fines de semana, agotada pero ese es el precio si quieres alcanzar la meta. Cómo corrimos todos detrás de escena para llegar a esa perfección que asustó es indescriptible. Trabajé de manera conjunta, individual sobre cada cuerpo, y después llegó el día de unir a todos, ese todo enérgico con personalidades tan diferentes pero con el mismo objetivo, subirse al tren de este sueño, porque cuantos de ellos lo vienen soñando”, concluyó.

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Autor

Raúl Bertone