Fragmentos de «La precisión de la fiebre»

Fragmentos de «La precisión de la fiebre», editado en 2006 por Llantodemudo. Diseño de tapa Diego Cortéz.

  • Para el hacedor, todas sus visiones poéticas son verdaderas y eternas, sobre todo durante los primeros cinco minutos después de haberlas escrito.

  • Debemos apreciar todos los gritos que salgan de un papel. Organizar un dolor es el ejercicio descarnado de la sinceridad.
  • Cervantes utiliza un símbolo porque la alusión es más eficaz que la expresión. La mayoría de las personas viven adormecidas porque el universo no los asombra, pero a Cervantes sí, y entonces él fijó la vista en el mundo y vio todo lo que pasaba. De modo que fue a buscar la esperanza fuera suyo y para encontrarla debió apartar a los hombres vulgares, que somos la mayoría y que estamos adormecidos, simplemente viviendo.

Cervantes sabía que Dios es que existamos y que nos salgamos de nuestra biografía, por eso forjó un símbolo que fuera contra esas personas y con una lanza para despertarlos.

Y hay otra cosa,  que es la simpatía, la metáfora del Quijote vive en estos días porque todos simpatizan con él, en el fondo todos quisiéramos ser Quijotes, incluso los mercaderes. De algún modo lunar tenemos la sospecha que la virtud es esa, la lucha por la verdad, la lucha por el amor, la lucha por la nobleza, pero en tanto sigamos así, haciendo del mundo esto que vemos, el Quijote no podrá perderse y seguirá siendo señalado como aquello que debimos ser y no somos.

  • Si se trascienden los hombres y el tiempo estamos ante un libro clásico. Desde luego que para lograr la trascendencia hace falta ser un genio. Cada tanto escucho a la gente decir que aman la originalidad y por supuesto, tratan de ser originales todo el tiempo, acostándose tarde o sentándose en almohadones por ejemplo. Y les digo que no, que si quieren realmente ser originales que prueben con la genialidad, ya que, digamos, no hay abundancia de genios.
  • Cuando un sueño es común a todos y se pone entre tapas estamos ante un clásico. Un libro clásico es el sueño de la humanidad.
  • Dulcinea era una mujer que vivía en el Toboso, era una mujer fea, que estaba pelando papas, y don Quijote pensó que se trataba de una mujer hermosa. Pero esto fue únicamente a los fines del argumento, lo que Cervantes hizo fue abordar el amor como teoría, no como impulso. Y hay una cosa que demuestra que la ensoñación es superior a la locura, porque el Quijote llevó la infinitud de Dulcinea consigo, él la vio como una abstracción, se negó a ver su rostro, muchas veces más perecedero. Luego él, cuando se sentía desdichado pensaba en ella, para perderse en la irrealidad repetía su nombre,  él tenía esa virtud, tenía la práctica de imaginarla para olvidarse del universo, hubiese dado exactamente lo mismo que Dulcinea llegara tarde a la historia, que hubiese llegado muerta por ejemplo. Pero eso no importa ahora, y yo pensé en don Quijote caminando solo en la noche, con la gente burlándose de él, ya vencido, y él yendo de todos modos, repitiendo el nombre de ella para borrar el mundo.
  • Cervantes fue contemporáneo de la inquisición y ene se entonces la literatura española era eminentemente realista. De modo que él tiene que buscar un soporte material para su ficción, y que además sea aceptado por esa época, entonces nos presenta a un loco, pero lo que tenemos es a un hombre que está soñando. Y Cervantes quiere que su sueño hable por él, por eso busca un ladero con quien conversar, y esa es la necesidad que justifica a Sancho. Sin dudas lo mejor de este libro son los diálogos entre ellos, y para que funcione mejor a Sancho le toca la estupidez, y así se crea un contraste notorio con la inteligencia de don Quijote. Esos son mecanismos que deben buscarse para que un texto funciones, y además entre don Quijote y Sancho se funda una amistad, una de las más grande en la historia de la literatura.
  • Don Quijote no estaba loco, es Cervantes que está soñando.
  • Algo que me conmueve aún más que la lucha quijotesca es imaginarme a Cervantes sentado ahí, trabajando su sueño. Cervantes era un escritor preocupado por los dibujos del destino, por las extrañas razones que construyen el futuro. Pero yo no sé por qué, siempre imaginé ese paso previo a la escritura del Quijote como el de un hombre que está volviendo de la noche y que piensa para volver de esa noche, que podría mezclarse con la gente para depurar su resignación y cuando empieza a caer se deja libre a sí mismo, y empujado por su propio peso cae en espiral con la boca cerrada, los ojos fijos, el gesto adusto. Y en ese gran túnel sin luces se ven sin embargo manos abiertas que lo rozan y que significan un sostén. Sí, piensa, pero en todo caso sigue siendo preferible la caída.

Cervantes pudo haber sentido eso, y para salirse de ese infierno, de la apariencia del mundo fue tejiendo un sueño en prosa.

Eduardo Senac

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