Cómo fue la charla de Macron con cuatro escritores argentinos

Hablaron, sobre todo de literatura, incluso de las ganas de escribir del mandatario. Recibió de regalo un libro de fotos de Sara Facio.

Jorge Luis Borges riéndose de los grandes de la literatura francesa. Ese fue uno de los momentos pico en la visita que el presidente francés Emmanuel Macron hizo a la librería El Ateneo-Gran Splendid, en Santa Fe y Callao, famosa por su belleza. En realidad, se trataba de una selección tomada de Borges, el libro en el que Adolfo Bioy Casares documentó su amistad con el autor de El Aleph.

La gerenta del local, Andrea Stefanoni, le regaló a Macron un libro de fotos de escritores, cuya autora es Sara Facio. “Dijo que le va dar un lugar privilegiado en su biblioteca”, contó Stefanoni. El libro estaba dedicado por la fotógrafa a Macron y a su esposa Brigitte.

ZgLUp6zO4_720x0__1
Rodeado. Emmanuel Macron en El Ateneo Grand Splendid. A la izquierda, Silvia Hopenhayn. A la derecha, Damián Tabarovsky y Pola Oloixarac.

“Como él es fanático de Cortázar quería ver las las ediciones argentinas, ese tipo de cosas. Le gusta la literatura y estaba interesado en eso. Preguntó si los jóvenes seguían leyendo a los clásicos”, contó Stefanoni.

Macron tuvo una charla con cuatro escritores argentinos: Damián Tabarovsky, Pola Oloixarac, Silvia Hopenhayn y Gonzalo Garcés.

“Hablamos de Borges”, dijo Damián Tabarovksy (Buenos Aires, 1967) y la agregada cultural francesa, Caroline Coll, también presente, lo detalló: “Hablaron realmente de literatura. De la vigencia de Borges en la literatura contemporánea argentina, de su influencia en las obras de los cuatro escritores, de la traducción de los argentinos en Francia”.

“Fue un encuentro completamente inusual respecto de lo que uno puede pensar de un integrante del G20, dijo Silvia Hopenhayn (Buenos Aires, 1966). “Estuvimos prácticamente una hora hablando de literatura: él también encuentra en la literatura una especie de respuesta a la vida, sentido para darle a la realidad. Es muy lector de Borges, o por lo menos bastante conocedor de él y de otra literatura latinoamericana, mencionó a García Márquez, habló de Mario Vargas Llosa. Hablamos de Un pez en el agua, el libro de Vargas Llosa que tiene una doble lectura: la infancia, los afectos, el poder y la política. Hizo algunas preguntas interesantes, como si nosotros considerábamos que Borges estaba bien traducido al francés o incluso si notábamos si los autores actuales estaban bien traducidos al francés. Me pareció una preocupación precisa y preciosa. Hablamos con gusto literario”, dice la autora de la novela Ginebra, entre otros libros.

Y cuenta un detalle: “En un momento dado, Gonzalo Garcés (Buenos Aires, 1974) le preguntó por su propia escritura y él le dijo que era un pendiente escribir pero que en este momento lo tenía postergado. Y yo ahí le dije claro, la escritura como un espacio de mayor libertad. Y él me respondió: ‘No se crea que tan fácil, quizás es más difícil la tarea del escritor que la que me toca en este momento. Un escritor tiene que vérselas consigo mismo y con el sentido de la vida’”. Garcés – autor de libros como Hacete hombre. Historia personal de la masculinidad y editor- le regaló al presidente francés un ejemplar de una edición bilingüe del Marqués de Sade que sacó Galerna.

Después, Macron le preguntó a cada uno cómo Borges había influido en su escritura. Hopenhayn le habló de una frase de Biografía de Isidoro Tadeo Cruz, donde Borges escribe: “Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en que el hombre sabe para siempre quién es”.

Entonces, cuenta Hopenhayn, “intentamos explicarle la importancia de Borges en el mundo actual y mencionamos un texto, El escritor argentino y la tradición.

Pola Oloixarac, por su parte, le llevó una traducción al francés en proceso del Borges de Adolfo Bioy Casares, los extensos diarios en que Bioy documentó su amistad con el autor de El Aleph. “Entonces se lo entrega, explicándole la importancia de ese libro”, narra Hopenhayn. “Macron agarró los papeles que le dio Pola y mostrándoselo al embajador le dijo ‘Tenemos que hacer que se publique este libro en Francia’”.

Oloixarac (Buenos Aires, 1971) lo cuenta así: “Fue una conversación muy amena, en la que Macron comenzó comentando la fascinación que le provocaba Borges de joven y como fue para él descubrir que un escritor podía jugar a ser universal puramente desde su voluntad, desde su biblioteca. Gonzalo Garcés conectó esto con el ensayo El escritor argentino y la tradición y el auge de los nacionalismos actuales. Cuando le dije que, para mí, El Aleph existía en forma de Google, y que por eso los personajes hackean googlemaps en mi novela Las teorías salvajes, me dijo que había encontrado una metáfora fantástica. Le comenté que mi Borges favorito ahora era el Borges de Bioy Casares, y Silvia Hopenhayn contó que también la fascinaba el humor. Yo había llevado una selección de entradas del Borges traducidas al francés por mis amigos Victoria Liendo y Charles Coustille, donde Borges se despacha sobre Baudelaire, Stendhal y otros capitanes de la literatura francesa. Macron lo leyó en voz alta encantado, riendo de las maldades borgianas, y al enterarse de que el libro no estaba publicado en Francia, manifestó que ahora tenía una misión para su retorno a Francia”.

El presidente de Francia se hizo eco de la charla en las redes: “Como joven europeo, Borges fue para mí una puerta de entrada hacia un imaginario sudamericano a través de la ficción. Me parecía extraordinario que hubiera un hombre que se deslizaba hacia la ceguera en una biblioteca de Buenos Aires y que conseguía recapitular aquello que su educación anglosajona le había enseñado sabiendo pasearse por el budismo, describiendo las guerras en los mares de China… Borges es una sensibilidad personal que entra en sintonía con el destino del pueblo argentino y le hace alcanzar la universalidad”, escribió en Instagram.

Cuando se iban, algunos de los autores le desearon buena suerte, pensando en el contexto político francés. Macron les dio la mano: “Gracias, tomo la buena suerte, del resto me haré cargo yo”.

Fuente: Clarín.

Nota: Diario de cultura.

Compartir

Autor