Fuimos un rayo de luz

Un texto de Héctor Massara.

Fuimos un rayo de luz, una cósmica agonía en un universo trémulo. Un desliz pecaminoso en cabellos de mujer, un sinfín más de delicias que aparecen lejanas (algunas desaparecidas, de las que sólo quedan recuerdos imprecisos de tintes y olores). Entendimos todo y, acaso embriagados de soberbia, reímos de los supuestos tontos y nos apiadamos de la ignorancia. Nos confundimos con dios, al que ahora evitamos darle mayúsculas por respeto tardío.

Una sospechosa fuerza, creo firmemente en una venganza o al menos una despiadada ironía nos arrastró a lo que después llamamos mundo y que no es otra cosa que esta madeja de materiales desgastados que un caprichoso ser claroscuro teje por nosotros. Por nosotros, que nos creemos tejedores y apenas podemos deslizar los dedos con torpeza por la divina urdimbre.

Aquí, en un bólido que atraviesa insignificantes espacios y mira con tristeza, casi envidia, los lechosos brillos de galaxias lejanas gastamos nuestro crédito febrilmente sin saber, o apenas sospechando, que para ser luz nuevamente debemos aceptar la oscuridad.

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