El jazz seduce, solo hay que dejarse llevar

“Creo que la importancia del jazz está en la manera en que puede salirse de sí mismo, no dejando nunca de seguir siendo jazz. Como un árbol que abre sus ramas a derecha, a izquierda, hacia arriba, hacia abajo…, permitiendo todos los estilos, ofreciendo todas las posibilidades, cada uno buscando su vía. Desde ese punto de vista está probada la riqueza infinita del jazz; la riqueza de creación espontánea, total. Pero además, cuando comencé a escuchar jazz, descubrí algo que desconocía porque yo no era nada fuerte en teoría musical y es que, a diferencia de la música llamada clásica —expresión que detesto sin poder encontrar un equivalente— donde hay una partitura y un ejecutante que la interpreta con más o menos talento, en el jazz, sobre un bosquejo, un tema o algunos acordes fundamentales, cada músico crea su obra, es decir, que no hay un intermediario, no existe la mediación de un intérprete. Me dije —y no sé si eso ya está dicho— que el jazz es la sola música entre todas las músicas” dice Julio Cortázar en Conversaciones con Cortázar, de Ernesto González Bermejo. Libertad y melodía. El jazz es un estilo muy amplio que abarca muchas influencias. Y contrario a lo que se pudiera pensar, no es difícil de entender, es más, ni siquiera es necesario. Su ritmo, cadencia e improvisación son ingredientes suficientes para dejarse seducir.
El próximo sábado 14 de octubre Santa Rosa volverá a vivir una cita con los mejores artistas de la provincia y el país en ese clásico encuentro llamado Magna Jazz, que en esta oportunidad arribará a su duodécima edición. La grilla para esa noche en el Aula Magna de la Universidad Nacional de La Pampa ofrecerá compartiendo el escenario al Grupo de Jazz Santa Rosa, celebrando sus 40 años de existencia, y Dancing Mood, la gran banda porteña que presentará su más reciente disco, On the good road. Por su parte, Damián Watson será el artista invitado que expondrá sus obras en esta oportunidad. La particularidad es que el joven pintor realizará una actividad en vivo y se expresará ante el público en el break, una vez finalizada la actuación del Grupo de Jazz Santa Rosa. Las entradas se pueden conseguir en Fahrenheit Libros (9 de julio 56), con una promoción limitada que incluye la venta del último disco de Dancing Mood. La organización es conjunta entre la Secretaría de Cultura y Extensión de la Universidad Nacional de La Pampa y MJ Producciones, que prometieron algunas sorpresas interactivas para la presente edición.

Grupo de Jazz Santa Rosa

Fundado en el año 1977, a lo largo de estos 40 años de actividad musical ininterrumpida ha realizado numerosas presentaciones en importantes escenarios nacionales e internacionales. Su formación actual está integrada por Rodolfo Nino Fiks (corneta y trompeta), Nelson Fernández (clarinete, saxo soprano y saxo tenor), Lisandro Dasso (piano), Carlos Peláez (tuba), Pablo Weht (bajo y guitarra), Alberto Neco Santoro (batería y washboard) y Clara Agüero en voz.
El grupo propone un espectáculo a puro jazz, ideal para relajarse y escuchar clásicos de su repertorio, en el que conviven principalmente el swing, con standards y clásicos de la historia del género. En su extensa carrera han participado en los Festivales de Jazz de Rosario, Córdoba, Mendoza, Bahía Blanca, Mar del Plata, Coronel Suárez, Río Cuarto, Avellaneda, Bariloche, entre otros. Han realizado más de diez giras por Uruguay, Chile, Alemania, Holanda, Bélgica, y Estados Unidos. Es una de las agrupaciones importantes en la historia de la música pampeana y una de las piezas más valoradas de la cultura doméstica, no sólo en la provincia, sino fuera de ella.

Dancing Mood

Se formó en Buenos Aires por iniciativa del trompetista Hugo Lobo, quien supo plasmar mejor que nadie las enseñanzas de los jamaiquinos The Skatalites, su grupo de cabecera, y combinar el reggae y el ska con las armonías y el humor del jazz de los años 40 o 50 en una Big Band liderada por vientos. Nacido en cuna de músicos, desde los cinco años tocaba la batería. En el Conservatorio estudió piano y a los 15 se decidió por la trompeta. Embelesado por la música que venía escuchando desde chico, pasó de Quincy Jones a Henry Manzini, de Rubén Blades a Héctor Lavoe, The Specials a Madness, el ska, el reggae, el soul, la salsa, el jazz, todo influenciaba a su atracción por los vientos. Estudioso de los estilos, pronto supo fusionar Duke Ellington con Delroy Wilson o Burt Bucharach con Count Basie, o Dizzy Gillespie con Charly Parker.
La experiencia, a pesar de su juventud, recogida junto a muchísimas bandas del circuito nacional (Viejas Locas, Callejeros, Satelite Kingston, Riddim, Turf, Ataque 77, Mimi Maura, Todos tus Muertos, Intoxicados, Damas Gratis y un veintena más) y su amor por las big band lo llevó más lejos y acopló una banda sinfónica. En el escenario generan un feeling especial con el público desde que suenan las primeras notas.

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Autor

Raúl Bertone