KWAI CHANG CAINE, Ídolo de All Boys de Santa Rosa

KWAI CHANG CAINE, Ídolo de All Boys de Santa Rosa

Hay quienes dicen que “sólo importan los hechos”, que “las conjeturas” o “la ficción” (es decir, el más profundo “software” de la literatura fantástica) no tiene otra prestación para el hombre que la distracción o el ocio. Y sin embargo, la imaginación funda mundos. Hablo de mundos contantes y sonantes, es decir de “realidades” como les gusta decir a los fácticos ¿Qué es, si no el Cristianismo, por citar un ejemplo arquetípico? ¿Qué es, si no, una construcción basada en un libro más cercano al mito que a la historia? ¿Y qué son todas las iglesias y templos sino la fabulosa materialización de una palabra? Una que no se puede rastrear históricamente y que no se sabe si fue dicha en hebrero o en arameo pero que, casi como una ironía, sentenció que en el mundo “no quedará piedra sobre piedra”.

Pensé en todo esto ayer, releyendo sobre unas figuritas que configuraron mi infancia. Eran las “Canchita”, unos jugadores de historieta con la camiseta de los clubes más populares del ´77 dibujadas por Félix Saborido. Gracias a esa “fantasía”, Patoruzú y el Capitán Kirk siempre fueron “jugadores de San Lorenzo”, tan importantes para mí como el “Gringo” Scotta, el “Ruso” Siviski o el “Pipi” Romagnoli.

Pocos años después, más precisamente en 1981, las “Canchita” tuvieron una fabulosa continuación en las “Gran Match”. El concepto era el mismo. Pero en aquellos partidos de fútbol imaginarios, se ampliaron los personajes y, sobre todo, los equipos. Y es que, además de los grandes de Buenos Aires, La Plata y Rosario, aparecía una constelación de cuadros que habían participado en las últimas copas argentinas y torneos nacionales. Cuadros como Talleres de Córdoba y San Lorenzo de Mar del Plata; Desamparados de San Juan y Deportivo Roca de Río Negro; Estudiantes de Santiago del Estero y Central Córdoba de Salta. En esa rutilante y desconocida galaxia del interior, mi preferido era All Boys de La Pampa; sólo porque su número siete era Kwai Chang Caine, el sacerdote “shaolín” de “Kung-Fu”. Debo decir que de chico yo era fanático de esa serie. Y reconozco que mis primeras enseñanzas sobre ética y moral las recibí, amén de aquel Jesús de los libros, de ese héroe televisivo protagonizado por David Carradine.

Hoy, que sigo sin saber nada sobre aquel equipo de Santa Rosa excepto que tiene la camiseta azul y amarilla como Rosario Central, pienso que uno de los grandes “hitos” de su historia es poder decir que Kwai Chang Caine jugó alguna vez para ellos. Ese “hecho”, que no fue más que la fantasía de un dibujante pensada para los chicos de aquellos años, terminó siendo para el club pampeano, su “fichaje” más alucinante de todos los tiempos.

Entonces me lo imaginé a Caine siguiendo su derrotero por las pampas, haciendo changas en las vías de General Pico o Guatraché como antes lo hiciera en Los Ángeles del “lejano oeste” hasta llegar a la capital Santa Rosa, entrar en un “Saloon” y pedir un vaso de agua para disolver el polvo morado de sus raíces. Y una vez allí, tras fajarse con algunos peces gordos de la hacienda, lo veo charlando con el técnico de All Boys, quien le pide por favor se ponga la casaca “auriazul” para aquella Copa Argentina del ´70. No me lo imagino a quedándose mucho tiempo en Santa Rosa. Pero sí el suficiente como para quedarse en el corazón del hincha y ser ovacionado con un “olé olé olé olé/ Kwai Chaaaang/ Kwai Chaaaang”. Y sobre todo, me lo imagino desbordando en polvorosas canchas del desierto sin número tres alguno que se le resista; como un Garrincha del Tibet.

Un día no muy lejano (y si es que no lo han hecho ya) el club pampeano levantará una gigantografía de Caine en su sede; un mural que presidirá la entrada como lo dibujó Saborido. “Él también jugó para nosotros” dirá una leyenda que fundará una realidad. Sin importar si aquel jugador vistió la casaca de All Boys en este plano de cosas o en el otro; en ese país de ensueño donde el “auriazul” también existe y tiene el mejor wing de toda el Asia budista.

Por Iván Wielikosielek
Iván Wielikosielek

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