“La cuestión era leer”

Ya está disponible en librerías de Santa Rosa y Toay, y próximamente en General Pico el libro Militante de ilusiones de Raúl Datri. Será presentado en la Feria del Libro de Lonquimay, en Santa Rosa  y en la Feria Internacional del libro de Buenos Aires.

Por Sergio De Matteo

(Especial para El Lobo Estepario y Viejo Mar).

Los libros nos cuentan historias de hechos pasados, tanto de lugares como de personajes. Historias que son resignificadas y escritas por el investigador o investigadora desde determinado punto de vista; por lo tanto se las instala en el presente, en el tiempo-ahora. Por eso las historias no son neutras, están cargadas de sentido, aquellas que ya sucedieron y también las que interactúan en la actualidad.

Militante de ilusiones (Editorial Voces, 2019) es un libro dialogado, nacido de la oralidad, donde la memoria es interpelada y rescatada del espacio del recuerdo y el olvido. El periodista Dario D’Atri entrevista al periodista Raúl Isidoro D’Atri, y ambos saben la gramática de significaciones que conlleva sacudir la modorra de los acontecimientos vividos, historiados.

La historia de un hombre (o una mujer) a veces, es la historia de una familia. Es la raíz desde donde se funda el nombre, las tradiciones, las anécdotas, el porvenir. Esta obra con relatos en primera persona no sólo nos hace revisitarla historia, sea la santarroseña, pampeana o argentina, sino que también nos enfrenta con el pensamiento y las acciones de un hombre que, como Sócrates en la antigua Atenas, era un tábano incómodo que interpelaba constantemente a la ciudadanía, y mucho más a los dirigentes que ejercen el poder.

Después de terminar sexto grado en una escuela nocturna de Chivilcoy empieza a trabajar de canillita en el diario La Razón. Aprende todos los escalones del oficio gráfico, desde el tipográfico hasta el periodismo y, además, también inicia su periplo trashumante que culmina con la radicación definitiva en Santa Rosa. Abandona el hogar de adolescente para recalar en la ciudad de Buenos Aires, siempre pisando en la realidad y luchando por la sobrevivencia. Mendoza, Córdoba, Comodoro Rivadavia, fueron algunos de los posibles destinos donde vivir; pero La Pampa estaba predestinada; pues tal cual resalta Darío D’Atri, como interlocutor válido y necesario, “Encontrarse en Santa Rosa, a fines de los años 20, con un grupo de socialistas tan testarudos, obcecados y aventureros como él fue el prólogo de una vida…”.

D’Atri destaca y reconoce esa oportunidad que tuvo al asentarse en la provincia y construir, de alguna manera, su vida, la de su familia, y cada uno de los actos de los que participa, sin perder nunca de perspectiva que era trabajador, sea “obrero gráfico”, “obrero calificado” u “obrero del volante”. Él mismo detalla: “participar en emprendimientos colectivos, donde se ponía de manifiesto la vocación de servir a la comunidad. La militancia política, el periodismo, el movimiento cooperativo, mi actuación incidental en el sindicalismo y, muy destacadamente, la promoción hidráulica fueron as razones que explican cómo se fue acentuando ese amor a primera vista con La Pampa”.

Un hombre con ideas, lector, pero dispuesto a la acción. Un hombre que tenía bien en claro cuál era su lugar en la escala social. Proveniente de un barrio popular, sabía su estigma y pertenencia social, su conciencia de clase, y reconocía a los adversarios, la “oligarquía vacuna”, que lo lleva a escribir en las paredes de Chivilcoy junto a otros jóvenes socialistas: “Mueran los chanchos burgueses y viva la Revolución Social”.

Esa impronta no la abandonará jamás y en sus análisis políticos siempre va a considerar el factor socioeconómico, clave en la lucha de clases. Más allá de la ideología de los gobiernos centralistas, D’Atri consigna que “Siguieron siempre las mismas necesidades, la misma situación para la clase trabajadora, las periódicas etapas de crisis con la consiguiente desocupación, el envilecimiento del salario”; porque en definitiva, siempre estaban detrás “los grandes intereses capitalistas, imperialistas, de la misma clase oligárquica”.

Desde Yrigoyen, la década infame, Lisandro de la Torre, Palacios, Perón, hasta el Territorio Nacional de La Pampa Central, con Corona Martínez, Santiago Marzo, Víctor Lordi, Pérez Virasoro, Duval, Páez. Pasa la historia y sucede, los hechos marcan y jalonan el currículo de un hombre. En esos años identifica como funciona el sistema y pone en evidencia a aquella Santa Rosa de Masón y Gil, como un latifundio urbano, y sentencia que “la comuna era un simple apéndice de la actividad social de las clases más adineradas”. La política para D’Atri era una herramienta de transformación de la realidad, siempre pensando en el pueblo trabajador, por eso la panadería y la carnicería municipal: “la factibilidad del Estado en cuanto a su función y misión de control en beneficio del pueblo, en todo aquello que hace al bienestar, al confort y a la salud de la población”. También los diarios serán una especie de campo de batalla para las ideas, tanto Germinal, como la misma fundación de La Arena en agosto de 1933; la cual se edita hasta julio de 1948, porque D’Atri no cede en su toma de posición cuando el peronismo mediante la administración del papel trata de domesticar a la prensa escrita. Las instalaciones del diario serán voladas en 1975 por una bomba de la Triple A, aún así, ante el peligro, una pizarra escrita con tiza blanca dirá: “Mañana sale el diario”.

Hay instituciones que son pilares de una comunidad y su creación también está determinada por la talla de los hombres y mujeres que la componen y se comprometen. Raúl Isidoro D’Atri participa en varios de estos acontecimientos fundantes, como en la creación de la Cooperativa Popular de Electricidad de Santa Rosa, la Cooperativa de Provisión de Papel de la Prensa Argentina y la Cooperativa de Consumo de Santa Rosa; integra también la primera Comisión Permanente del agua (1950), la Comisión Pro Colonización de 25 de Mayo, la Copdrip (Comisión Popular de Defensa de los Ríos Pampeanos).

Podrían seguir anotándose hechos, anécdotas, relaciones, luchas, etc., de un hombre que fue creciendo a la par de la ciudad, siempre defendiendo sus ideales más allá del poder de turno; incluso fue detenido bajo el Plan Conintes o enjuiciado por no develar sus fuentes periodísticas.

En ese sentido,  Raúl D’Atri es una referencia ineludible al hablar de la historia de Santa Rosa y de la provincia de La Pampa; porque ha sido uno de sus forjadores desde la palestra de la acción, de la praxis, sea en el cooperativismo, el sindicalismo, la política o el periodismo. Un hacedor, un intelectual que increpa y enfrenta a la patronal, a la hegemonía. Bien sabía que un hombre se debe a su familia, a sus compañeros de lucha y, por sobre todo, al pensamiento crítico y la defensa de la libertad. Esa independencia está en la formación y reflexión, pues lo sentencia estando preso en Coordinación Federal: “La cuestión era leer”. Ese canillita de Chivilcoy, fundador del diario La Arena, militante de ilusiones, entendía que la lectura es la patria de la emancipación y de la imaginación.

Compartir

Autor

Avatar