«La fascinación por las estampillas sigue siendo un misterio incluso para los chicos»

Especialista en sellos clásicos del país, el villamariense Pedro Rinaudo es una de las grandes autoridades de la filatelia argentina. En 2014 le dieron el premio de la FAEF, ese que sólo reciben las leyendas.

El primer recuerdo que tengo de don Pedro Rinaudo se remonta al año mil nueve ochenta y cuatro. Yo iba a primer año del secundario y con un amigo habíamos empezado a coleccionar sellos. Y por eso algunos sábados íbamos al Centro Filatélico. Y una vez allí, al margen de comprarle estampillas baratas a don Gherardi (nuestro “proveedor” oficial) nos pasábamos mirando los catálogos argentinos con los sellos más antiguos. Esos que, a pesar del blanco y negro de las impresiones en papel ordinario, nos parecían tan preciosos como inaccesibles: el “Corrientes” de 1856 (primer sello del país) y el Córdoba de 1858; las “Cabecitas” y “Escuditos” y, por cierto, los fascinantes “Rivadavias” a los cuales les imaginábamos una gama infinitas de azules y carmines y verdes en viejas cartas del color del olvido.

Sin embargo, una tarde se hizo la luz de todos los colores imaginados. Porque ese hombre sereno y muy parecido a RayBradbury que solíamos ver de lejos, estaba sentado con nosotros en una pirca de calle Mendoza esperando que abrieran el centro. Todavía no sabíamos su nombre y no recuerdo cómo fue que empezamos a charlar. Pero es casi seguro que nos preguntó nuestros nombres y por nuestras incipientes colecciones. Y yo le habré dicho que, amén de mi fascinación por Rusia, me gustaban los viejos sellos argentinos pero que sólo los había visto en el catálogo.

“¿Así que nunca viste uno?” me dijo. Y con la tranquilidad de un notario, abrió un clasificador de tapas rojas. Y entonces aparecieron el azulado “papel barrilete” de los Corrientes; los “Córdoba” sin dentar y, en varias páginas, increíbles series de “Rivadavias” de las ocho tiradas. Los había en azul (en gamas en las que ni soñé) los carmines y los verdes. Los mismos de la clorimetría de la TV color que por ese entonces aparecía en el país. Y fue para mí como si “ATC” fuera un invento cromático de esos sellos vistos en la tarde. Luego el hombre se presentó y nos dio la mano. A partir de entonces y hasta hoy (cuando hace más de veinte años que ya no colecciono nada) don Pedro Rinaudo será para mí ese hombre que hizo la luz en un rincón de mi curiosidad con la simple apertura de un catálogo. Ese hombre que le puso color a lo que yo me imaginaba sobre viejos catálogos en blanco y negro o el filigrana intangible de mi imaginación. Y sé que, salvando las distancias, eso fue y sigue siendo para muchos coleccionistas de la ciudad. Un faro en torno al cual girar en el insondable mar de la filatelia del mundo.

LEYENDA NACIONAL

Treinta y cinco años después de aquellos días, don Pedro sigue en el Centro Filatélico como lo que realmente es o como quiere que se lo trate: como un miembro más. Su misma pesada tranquilidad, su silencio casi inherente y el increíble parecido con RayBradbury. Sin embargo, todo el mundo sabe que es uno de los grandes filatelistas del país, tanto por su conocimiento como por sus colecciones; en ese orden, lo que no es poco decir cuando uno ha visto cualquiera de sus exposiciones.
Y así, con la certeza absoluta de que no me recuerda de esas viejas tardes, le pregunto por el premio que recibió de la FAEF (Federación Argentina de Entidades Filatélicas); ese que sólo está reservado a las eminencias.

“Fue un reconocimiento a la trayectoria, nada más -dice con una humildad que conmueve- Y me lo dieron acá, en la ExpoViMa 2014. La verdad es que me sorprendieron mucho porque a ese premio lo recibieron coleccionistas como Galvalisi o Sabattini… Es algo que te llega al final de la carrera y que no estoy seguro de merecer…”

-¿Cuándo decidió que la filatelia sería parte de su vida?
-Mirá, yo empecé a los diez años por la atracción que despiertan los sellos en los chicos; los países, los dibujos… A esa edad hay muchos que se entusiasman y luego dejan. Pero yo seguí. Y empecé a coleccionar en firme a los 20 años, cuando me contacté con la gente el Centro Filatélico. O sea que ya tengo 60 años de coleccionismo…

-¿Ahí decidió que se especializaría en los “Rivadavias”?
-No, porque en ese entonces yo coleccionaba sellos de muchos países. Después fui reduciendo hasta que me dediqué sólamente a la Argentina, sobre todo a los sellos clásicas primero y posclásicos después.

-Habló del Centro Filatélico ¿Cómo llega?
-Justamente por uno de sus fundadores, “Pocho” Vargas. Cuando me enteré que habían abierto, lo fui a ver a la cigarrería donde trabajaba. Yo no lo conocía pero él fue muy amable conmigo y me invitó. Así que gracias a él, que en paz descanse, todavía estoy aquí. “Pocho” fue uno de mis grandes amigos pero aquí conocí a otros coleccionistas que me ayudaron muy mucho, y que me siguen ayudando todavía…

-Sin embargo, los muchachos comentan que es al revés, que es un lujo tenerlo a usted como referente…
-Bueno, seguro que la experiencia y el conocimiento que uno adquirió a lo largo de los años sirve, y es bueno que se vaya transfiriendo. Sin embargo, uno llega con ayuda de otros y hasta donde puede. No te vas a creer que yo toqué el cielo con las manos. Acá hay otros coleccionistas que me han superado, como Sergio Olivero, que ha sacado premios mucho más importantes que los míos. Él tiene dos oros internacionales, cosa que yo nunca alcancé. Cuando el discípulo supera al maestro, ese maestro se debe poner contento ¿no?

AQUELLA VIEJA FASCINACIÓN

-Usted hablaba de sus inicios a los diez años ¿Se apagó esa fascinación por los sellos en los chicos?
-No, porque la fascinación por las estampillas sigue siendo un misterio incluso para los chicos. Si bien es cierto que ellos tienen otros atractivos y los seduce la tecnología, no están exentos de esa atracción que producen los sellos. Porque la filatelia requiere de otro tipo de interés, quizás más anticuado. Y que te gusten ciertas cosas que ya no tienen vigencia. Pero eso no quita que los chicos no se interesen. De hecho, cada tanto aparece un pequeño coleccionista por acá.

-¿La disminución de cartas conspiró contra el interés por la filatelia?
-Esa es una causa que aducen muchos para explicar que hoy no haya tantos filatelistas. Pero yo no lo veo así. Y creo que si hoy se terminara la emisión de sellos postales, habría material de sobra en estos casi 200 años de impresiones para entretenernos. Y cuando más atrás vamos en el tiempo, más interesante se vuelve una colección.

CARTAS DESDE VILLA NUEVA

-Alguna vez comentó que el sello de Córdoba emitido en 1858 casi no se usó, y que los pocos ejemplares salieron de Villa Nueva…
-Efectivamente. Se hicieron de dos valores, de 5 y 10 centavos. No se conoce ningún ejemplar usado de 10 centavos y sólo había 5 sobres sellados con el de 5, y confirmados por el especialista Víctor Kneitschel. Fueron cinco cartas despachadas desde Villa Nueva a Rosario. Después aparecieron algunas otras que se sospecha pueden haber sido truchadas ex profeso, aprovechando esa rareza.

-¿Qué me puede decir de Víctor Kneitschel?
-Que fue el comerciante de filatelia más importante que hubo en el país entre los años ´40 y ´80. Él sabía de dónde provenía cada pieza. Sin embargo, a él también lo superaron. Kneitschel pertenecía a una época en donde se coleccionaba de una manera y luego eso cambió.

-¿Y usted, don Pedro?
-A mí me pasó lo mismo. Cuando yo empecé, casi no se le daba importancia al estudio del matasello; siendo que hoy es algo fundamental en lo clásico. Incluso hubo mucha reconstrucción histórica y y en Villa María tenemos dos grandes estudiosos, Omar Pérez y Sergio Olivero. Así que yo empecé a fijarme en los matasellos después.

-Supo tener una carta de Manuel Anselmo Ocampo ¿Tiene más valor una pieza dirigida a un prócer?
-No; ese dato sólo le puede dar un plus a nivel curiosidad, pero en lo postal sigue siendo lo mismo. Esa carta era de 1867 y no me acuerdo si se la habían dirigido a Villa María o a Buenos Aires. Tampoco entiendo por qué la vendí…

-Usted nombró a “Pocho” Vargas, fallecido en 2015. Otro amigo suyo, Carlos Martín, se fue en 2016…
-Sí… Siempre pienso en lo que hoy diría el Carlos si viniera al Centro Filatélico; porque él, como coleccionista de monedas, siempre fue minoría. En cambio ahora, los interesados en las monedas nos superan ampliamente a los filatelistas. Y él podría haberles aportado su conocimiento. Yo aprendí mucho a su lado también…

Y cuando llega la hora de la foto, Rinaudo mira a la cámara como si mirara al pasado o al futuro. Como RayBradbury. Es el último gran coleccionista de la ciudad y en sus ojos hay un brillo melancólico y esperanzador. Acaso el “Pocho” y el Carlos acaban de aparecérsele en el filigrana del aire. Como pasa cada sábado que viene al centro filatélico y los nombra.

Iván Wielikosielek
(Esta nota apareció en Puntal Villa María el martes 26 de febrero de 2019)

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