«La incertidumbre posiblemente sea una de las sensaciones más difíciles de llevar»

«La sensación que me gana esta pandemia es básicamente de incertidumbre, y sabemos que esta dispara otros estados como angustia, ansiedad, enojo, frustración. Mis estados emocionales cambian con bastante frecuencia, me pregunto todo el tiempo ¿Hasta cuándo? ¿falta poco? ¿falta mucho?. A veces me sorprendo que una de las cosas que no tengo es «miedo» y pienso…¿sería mejor tenerlo?. La respuesta la desconozco. Comprendo que muchos lo sientan. El no tener miedo por supuesto no me hace irresponsable, y me cuido como el más miedoso pues, entiendo, que al cuidarme también cuido. Veo en estos días algunas marchas donde se disparan consignas absolutamente irracionales como desconocer el estado de «pandemia» hasta defender «empresas» que lo único que han hecho es quedarse con muchísimo dinero del Estado, o sea, de todos nosotros, gracias a los favores de sus socios para el desfalco (léase el «mejor equipo de los ultimos 50 años»). Con estas aglomeraciones lo único que logran es la posibilidad de que el «coronita» siga su curso de contagio. Por supuesto, todo el tiempo siento hartazgo, tengo ganas de echar culpas y enseguida me pregunto ¿a quién?, entonces entiendo que el único culpable de esto es un bicho con coronita y se termina todo, no me subo al carro de una gran conjura internacional para imponer la pandemia, una boludez tamaño baño. La incertidumbre posiblemente sea una de las sensaciones más difíciles de llevar. El no poder mensurar fehacientemente el fin de esta pesadilla hace los días más largos, sumando a esto la melancolía propia de la estación, días fríos, lluviosos, y por supuesto el lugar donde elegí vivir hace ya casi 40 años (Buenos Aires) no facilita las cosas, más bien las complica. En estos momentos extraño vivir donde nací, en primer lugar porque ahí aún están mis viejitos queridos y no puedo ir a visitarlos, y en segundo lugar porque están libres de este bicho maldito y, sin haber vuelto a la «vieja» normalidad, ya pueden hacer muchas actividades con los debidos protocolos. Como músico una de las cosas que más extraño es tocar, básicamente el tocar con otros músicos, obviamente puedo tocar solo pero, como el lenguaje musical que me ha atrapado es el jazz y este se nutre esencialmente del intercambio musical con otros al mismo tiempo, realmente se añora. Aprovecho para estudiar, oír cosas que hacía tiempo no escuchaba, alimentar mi hobbie (la relojería), ver conciertos, series, películas, ordenar recuerdos, hablar o escribirme con mis hijos (dos viven muy lejos y uno a solo media hora pero hace 90 días que no lo veo personalmente), mis padres, amigos y tener a mi mujer al lado tambíen alivia la pesadilla que nos toca vivir con esta pandemia. A veces me pregunto ¿cuando esto pase, lograremos ser una sociedad distinta?, ¿más justa? ¿menos individualista? ¿más solidaria? ¿menos consumista? ¿más pensante?, y la verdad es que creo que NO. Tal vez en un tiempo corto, luego de que aparezca la tan esperada vacuna (no tengo dudas que llegará) o algún medicamento que aplaque la enfermedad, todo volverá a la normalidad, a una vieja normalidad a la cual todos deberíamos por lo menos ponerla en debate y tal vez transformarla en una nueva. A lo mejor estamos ante una gran oportunidad, el desafío será ver si somos capaces de lograrlo».

Marcelo Mayor

Nació en General Pico el 6 de agosto de 1961. Desde muy pequeño comenzó sus estudios musicales y a los 19 años se trasladó a Capital Federal para continuar su perfeccionamiento con la guitarra. Así descubre el jazz al escuchar al gran Walter Malosetti. Estudia primero con él y luego con Armando Alonso; perfeccionándose en armonía y composición con el maestro Manolo Juárez. Domina su instrumento con una singular convergencia de influencias y experiencias capitalizadas para definir un perfil musical reconocido en la escena nacional e internacional del jazz. Y a ese vuelo que se sostiene por muy justificados motivos en la tradición de esa manifestación que es el hard bop, ha demostrado además ser un compositor exquisito, de gran melodismo y expresividad. Se inició como músico profesional a mediados de los ’80 junto a Pocho Lapouble, Jorge González y Juan Cruz Urquiza. Posteriormente integra distintas formaciones, llegando a tocar con Fats Fernández, Walter Malosetti, Horacio Larumbe, Mariano Tito, Norberto Minichillo, Javier Malosetti , Juan Carlos Mono Fontana, Osvaldo Fatorusso, Junior Cesari, Guillermo Vadalá, Fernando Martínez, Guillermo Calliero, Osvaldo López, Jorge Navarro, Norberto Machline, Hector López Furst, Diego Urcola, Gustavo Bergalli, Alfredo Remus, Manuel Fraga, Hernán Jacinto, Ricardo Nole, Alberto Favero, Santiago Giacobbe, Arturo Puertas, Oscar Giunta, Carto Brandan, Jerónimo Carmona, Guillermo Romero, Eloy Michelini, Rubén Barbieri, Sergio Mihanovich, Enrique Varela, etc. Ha tocado también con el vibrafonista norteamericano Ted Pilzecker (integrante del legendario quinteto del pianista Gerge Shearing), el clarinetista australiano Don Burrows y el pianista Kevin Hunt, participando de una jam session con Lapouble & Asociados junto al trompetista Wynton Marsalis y su hermano el saxofonista Brandford Marsalis. Desde el año 1992 comenzó a formar parte del Quinteto Argentina, convocado por el saxofonista austríaco Karlheinz Miklin, junto a Gustavo Bergalli, el uruguayo Cacho Tejera, Lapouble y Alejandro Herrera, realizando varias giras por Europa y grabaciones de Cd y DVD. En 2006 lanzó su primer disco solista Once y veinte.

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Autor

Raúl Bertone