La luna, un grafitti y Nidia Tineo

Cuando la poeta piquense Nidia Tineo leyó un graffiti que aún se puede leer en calle 21 y 36, pintado sobre unos portones grandes de chapa, pensó que tenía un poema entre manos. O quizás sería mejor decir que lo sintió, ya que esa es la profesión del poeta, y Nidia lo demuestra como Whitman lo decía: «No se puede ser poeta sólo los domingos por la tarde». A cada minuto el asombro nos espera, lo único que podemos hacer es estar listos.

VOS, LA LUNA Y YO

Por las calles desiertas andaba

hurgando en los adentros del corazón profundo,

sin comprender qué pasa, ni por qué te apareces, así,

tan de repente.

Procuré espantar  imágenes, recuerdos que

 llegaban  desde la melodía de tu voz,

desde tu cabellera,

desde el más allá de tu cobre distancia.

No sé cómo ni cuándo anidó

este amor azul como  susurro al viento.

Quise echarlo de mí, arrojarlo a la tierra de donde provenía.

Su aliento era tan grave y era extraña la fuerza, desnuda de rutinas,

que parecía atraernos, aunque no nos mirásemos,

aunque no hubiera  palabras más que  fugaz palabra

orillando tus labios, escrita por tus manos,

y ese hilo ancestral  que quedó flotando entre tanta partícula,

suspendido en el aire.

Dónde está la templanza cuando  brota la hoguera,

esa luz, ese rayo que gravita encendido

en el cuerpo, en los pies,  en los ojos la luna,

en el mural de  fábrica, en el graffiti

en la calles del pueblo, en las noches de marzo…

Nidia Tineo

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