«La madera me permite ser más libre»

Gabriela López continúa buscando inspiración en su propia experiencia. Como una constante evolución hacia dentro. El acto de la escultura. Y eso tan fascinante que sigue siendo la transformación que sobreviene cuando de un material cualquiera puede crearse belleza. «Es un gran privilegio ser capaz de trabajar con mis sentimientos (y también fuera de ellos) a través de la escultura» señaló cierta vez Louise Burgeois. El momento en el que el arte transforma al artista, lo embriaga, lo anestesia, mientras inicia la construcción de la obra.

“Hacer una escultura es amar las horas que paso haciéndola, eso es para mí la felicidad. El amor al presente, el respeto al presente», reflexionó tiempo atrás la destacada artista piquense, durante una entrevista con El Lobo Estepario. Con sus manos manipulando madera de caldén, hierro, piedra, cerámica, mármol. No ha dejado nunca de alimentar ese vínculo y con búsquedas constantes de vivencias sigue adquiriendo alternativas para la convivencia con ese ritual sagrado.

«El mismo mar» (caldén).

En dos ocasiones López se instaló varias semanas en Pietrasanta, una localidad en la costa norte de Toscana, en Italia, en la provincia de Lucca, que por su cercanía con las canteras de mármol de Carrara se transformó en centro de febril actividad artística. Asistió a talleres para aprender talla en mármol, como también todo el proceso de la fundición del bronce, experiencia que absorbió parte de sus días en ocasión de la estadía el año pasado.

«Volver a Italia fue muy lindo, es un lugar donde todo es muy profesional. Lo que hice fue un poco de piedra y pasar trabajos en bronce, pude trabajar en la broncería, que es la otra parte de la escultura que está muy profesionalizada en Italia junto a la talla en mármol. Te brindan el espacio aunque vayas con una obra chiquita. Para realizar una escultura en bronce se necesitan diferentes fases de elaboración, como el moldeo en resinas acrílicas, la reproducción del modelo en cera, la posterior fundición…Todo lleva un determinado tiempo. El mármol en Italia es maravilloso, acá consigo una piedra de Córdoba que no es mármol. Igualmente la madera me gusta más, tiene esa calidez que el mármol obviamente no la tiene. Es lindo cambiar, experimentar, pero la madera me permite jugar y ser más libre a la hora de bocetar, de ensamblar, algo que es riesgoso y difícil con la piedra», expresó la artista nacida en nuestra ciudad hace 44 años.

«Ciudades y charcos» (caldén).

López ha recorrido un intenso camino de aprendizaje y trabajo desde que fuera parte en 1995 de la primera Muestra de Arte Indisciplinado, auspiciada por el Concejo Deliberante local, llegando con una de sus obras de la serie Las niñas al Salón Nacional de Artes Visuales, en el Palais de Glace. Desde ese primer momento se sucedieron participaciones en diferentes salones y muestras, recogiendo distinciones varias. «Lo que intenté en este último tiempo ha sido aprender en otros formatos, o mejorar los más pequeños. Normalmente trabajo en tamaño natural y me llevó bastante esfuerzo cambiar de medidas. Es todo un desafío personal modificar la escala, en eso estoy. En cuanto a la temática, sigue rondando más o menos lo mismo, tiene que ver con la infancia y con el juego. Si bien aparecen cada tanto otras, con insistencia vuelvo a eso», comentó.

En 2019 afrontó algunos trabajos para muestras individuales e intervino en varias grupales, junto a compañeras del oficio. También, en ese permanente afán por aprender y seguir perfeccionando su trabajo, realizó talleres que definió como «muy movilizadores». Comenzando a transitar este 2020, y esperando de alguna manera cómo proyectar lo que se viene, una pequeña muestra suya se pudo ver hace algunos días en Acatras del Mercado, una galería de arte que se encuentra en la ciudad de Montevideo. «De alguna manera fue mi primera vez en otro país, no encuentro mucho el sentido en este momento de exponer afuera, y esto se dio porque se pusieron en contacto conmigo. Además, gente que conozco ya expuso allí», agregó la escultora, destacando que existe un proyecto para Casa de La Pampa, en Buenos Aires.

«Bebé durmiendo» (bronce).

Cuando se le preguntó por su relación con los galeristas y el mercado del arte, López destacó que «hay galerías que cobran un canon altísimo, la mayoría de las existentes en Buenos Aires te cobra para exponer. Hay una cuestión económica elitista. El circuito privado es bastante complejo, personalmente nunca busqué galerías, por lo que voy exponiendo por otros lugares, utilizando caminos alternativos. Aún no terminé de entender lo que llaman mercado del arte, es tan complejo, tiene tantas aristas, que no lo puedo desentrañar. Una sola vez intenté en una galería de Buenos Aires, a la que llegué con una súper recomendación, y ni siquiera me abrieron la carpeta. Tenés que invertir mucho más dinero en exponer que para hacer la obra, y mi carrera ya me lleva un montón de dinero».

En ese sentido, amplió el concepto sosteniendo finalmente que «hay que trasladar el trabajo, dejarlo en la puerta, y se quedan con un buen porcentaje de obras que les colocan un precio caro. En síntesis, terminás bancando un circo que es demasiado grande. Además, hay que ver hasta dónde se quiere invertir para promocionarte. No digo que uno no quiera vivir de lo que hace, pero son los momentos dónde se decide en qué se pone la energía, y en este momento, si tengo que decidir entre invertir para exponer o invertir para aprender algo, voy a dirigirme a esto último. Al menos por ahora. Lo que voy ganando con mis trabajos, lo invierto en ese proceso, no en promoción. Lógicamente, después queda claro el porqué de los valores que tienen las obras. Seguramente mis trabajos nunca lleguen a tener un precio alto al no pasar por ese proceso de validación, que un galerista diga que sos bueno en lo que hacés. De alguna manera es eso».

«Aurora» (cerámica).
«Espera el día» (caldén).
«Bebé durmiendo» (mármol).

Fotos: Pablo Rivero Maldonado.

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Autor

Raúl Bertone