La magia de una sonrisa

Componen criaturas tiernas, emotivas, queribles. Haciendo eje en el humor típico del clown, en el que la reiteración de situaciones provoca gracia. Tienen la voluntad de jugar hasta el último minuto. Con una estética donde priman la destreza física, la frescura y la complicidad con el público por encima de otras cuestiones más vinculadas con la tradición circense, la Compañía «La Risotada, humor y circo» generó el pasado domingo en el Auditorio de MEDANO ese ámbito de la impronta del teatro callejero.
Los payasos «Zoquete» (Julián Martín Serralta) y «Sovaco» (Luciano Roggero) tienen a la risa como alimento. Pero también hay otras acciones que los acompañan y palabras que los definen: libertad, sinceridad, espontaneidad, juego, improvisación, creatividad, vulnerabilidad, inocencia, complicidad, humor, comunicación. Todo eso está presente en cada una de sus actuaciones. Expresando a través de gestos y ademanes. Haciendo malabares. Una obra que transcurre bajo una línea narrativa, pero que puede modificarse de acuerdo a la conexión con el público.

Foto: Pablo Rivero Maldonado.

Foto: Pablo Rivero Maldonado.

«La verdad es que es maravillosa la sensación que nos produce cada vez que vamos a presentar un espectáculo. Por un lado vemos reflejada nuestra energía en el público y también la de ellos en nosotros, y en espacios como el de MEDANO, se nos hace más fácil todavía. Es un reducto que ya conocemos, nos brinda comodidades, y eso hace que juguemos más relajados» contó Roggero, cuando aún las risas provocadas en la última función seguían vivas.
El lenguaje del clown. Ese trabajo con uno mismo y en contacto con el niño que uno tiene adentro. El crítico y ensayista Martin Esslin, en su texto sobre el teatro del absurdo, rescata como antecedentes formas teatrales que han estado siempre cercanas a lo físico, casi diría a lo coreográfico: la Comedia del Arte Italiana, el payaso de circo, incluso el mimo. «Zoquete» y «Sovaco» se proponen, desde hace un tiempo, cambiar el estado de ánimo de un niño o un adulto. Al menos por un rato. El domingo utilizaron esas nuevas técnicas del arte de hacer reír, conjugadas con lo tradicional del payaso de circo y el lenguaje teatral.
En ese sentido, Roggero comentó que «presentar algo nuevo siempre te genera un poco más de nervios y eso está bueno que suceda. Nos gusta experimentar nuevos números, modificarlos e ir probando de que manera nos sentimos mejor haciéndolos. El espectáculo que hicimos esta vez fue muy dinámico, el espectador no tiene tiempo de pensar. Fuimos llevándolos por diferentes estilos, desde la mímica, pasando por actos donde hacemos sonidos y con nuestros movimientos creando situaciones absurdas y alocadas. También estuvieron aquellas en las que la finalidad fueron el mensaje, las acrobacias o los malabares; y otras de payaso, donde el cuerpo y la palabra se combinan. En esta oportunidad utilizamos a una persona del público, algo que no habíamos hecho en las ocasiones anteriores en MEDANO».

Foto: Pablo Rivero Maldonado.

Foto: Pablo Rivero Maldonado.

Gestos, movimientos, voz, locura personal. Jugando hasta el cansancio en un sinfín de torpezas, accidentes y destrezas. Empeñados en dibujarles una sonrisa a todos los presentes. Y con una técnica esencialmente lúdica. «Esta fue la cuarta vez que nos presentamos en MEDANO, y las cuatro veces fue a sala llena. Es algo que nos produce mucha alegría, sentimos un apoyo verdadero del público, como así también en la plaza y en otros espacios de la ciudad donde nos toca trabajar. El proyecto que encaramos ahora consiste en retomar «Risoterapia, espectáculo de improvisación». Lo vamos a presentar el domingo 2 de noviembre, también en MEDANO. Y para el 13 de diciembre programamos un gran cierre de año, en el Cine Teatro Pico, con un espectáculo al que asistirán como invitados artistas locales y de Buenos Aires. Este momento se lo debemos en gran parte a toda la gente que nos ayuda y acompaña, como nuestras familias, los amigos, y lógicamente el público, esas personas que aportan o tiran buena onda para que todo salga bien», concluyó «Sovaco» Roggero.
Henri Bergson dirá que lo mecánico en el hombre nos provoca la risa, ya que nunca esperamos que las personas se comporten de esa manera. El clown es vulnerable, ingenuo. Un niño que quiere ser adulto. Es curioso, todo le sorprende y disfruta jugando. No hay personaje ni actor en el clown. Dicen que todos llevamos un clown dentro. Solo hay que conectar con nuestro lado más payaso, con las aventuras, lo sublime y lo ridículo, el éxito o el fracaso, la lucha o el amor. Pensar en libertad, espontaneidad, humor, juego, creatividad, vulnerabilidad, comunicación y verdad. Luego buscar nuestro lado más cómico, ser lo más natural posible, lo más real y honesto. Y estaremos muy cerca de nuestro clown.

Foto: Pablo Rivero Maldonado.

Foto: Pablo Rivero Maldonado.

 

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Autor

Raúl Bertone