«La naturaleza está de vacaciones, disfrutando de alguna manera que la bestia está contenida»

«La brama de marzo 2020 estaba organizada, las cabañas del Parque Luro reservadas y pagas por adelantado, todo listo para que lleguen nuestros amigos fotógrafos de Buenos Aires y juntos pudiéramos disfrutar de lo que tanto nos gusta, la fotografía de naturaleza. Todo calculado menos lo que la propia naturaleza nos tenía preparado, una lección clara y sin excepciones de lo frágiles que somos, nosotros, la especie fuerte del planeta. Casi 80 días de encierro, sin defensas y con una gran incertidumbre por delante. Lo que está claro es que nada será igual, al menos por un largo tiempo. Nuestra pasión, la fotografía de naturaleza, no se escapa de esta realidad. Difícil hacer un análisis claro de cómo seguirá si aún lo estamos transitando y el contexto cambia permanentemente. La fauna del barrio, y sobre todo las aves, se han transformado en nuestra única opción fotográfica; un comedero en el patio con algo de semillas, grasa y un poco de alimento que le robo al perro, me permite disfrutar de la presencia de gorriones, palomas, benteveos y calandrias, como gran novedad, en estos días, me visitó una dormilona cara negra que seguro anda de paso en su migración anual. El primer tiempo, cuando aún ni teníamos demasiada conciencia de lo que nos pasaba, aprovechamos el encierro para editar esas fotos que andaban por ahí y hasta para hacer ese curso de Photoshop y Lightroom, que nunca me daban los tiempos para poder hacer. Ya los terminé y agregué algunos cursos más. En esta situación desesperada de abstinencia de naturaleza, las redes sirvieron para fortalecer los vínculos, apareció Zoom, todo salvador, y con él un nuevo millonario. Los vivos se superponían y de alguna manera pudimos acercarnos a la máquina de foto y los animales a través de innumerables charlas que se daban a lo ancho del planeta. Pude ver la realidad del fotógrafo profesional, ese que tanto uno envidia por cómo se gana la vida y que, como tantos otros, hoy tiene una situación muy compleja desde lo laboral, donde la organización de cursos virtuales y la venta de sus libros, solo ayudan en algo. ¿Y los viajes que teníamos en mente? ¿Y los reservados?…Difícil permitirse soñar en un viaje con cierta intención de materializar. ¿Cómo pensar en futuro? ¿Cómo pagar en cuotas el viaje del año que viene? Subirse a un avión, viajar a otro país….si la realidad cambia en 24 horas. Paralelamente a esta pandemia, y como una gran consecuencia de su existencia, la situación económica se tornó muy compleja, ese conocido dicho ‘siempre se puede estar peor’, parece que es cierto, el dólar no para de subir y así nuestros viajes al exterior se esfuman, nuestros equipos se ponen inalcanzables, tendremos que cuidar lo que tenemos y costará reponer algo que necesitemos. Si de todo este lío el fotógrafo de naturaleza tiene alguna ventaja relativa, o si le quisiéramos ver el lado bueno a algo que es difícil de vérselo…La naturaleza está de vacaciones, disfrutando de alguna manera que la bestia está contenida; menos presencia humana, menos contaminación, menos presión a toda la fauna y su ambiente, les da sin duda un aire merecido para recuperar y relajar, escenario recuperado y fortalecido que en algún momento podremos registrar y disfrutar con nuestras máquinas. Nuestra actividad en la naturaleza nos aleja de las grandes urbes y de las concentraciones de personas, no nos es difícil respetar el distanciamiento social, de hecho es una elección para muchos de nosotros y no una obligación. Si un sentimiento nos ganó, es el extrañar; se extraña agarrar la máquina y salir sin rumbo fijo para el monte, el médano o alguna laguna. Ese lugar que teníamos armado para el avistaje de aves, donde llevábamos semilla y agua para que se acerquen, está en total abandono. Así vamos transitando nuestro otoño, extrañando las heladas, los cielos azules en el campo, el olor a pasto y tierra mojada, las caminatas por el monte, esa monjita blanca que te mira de lejos, el grito de los teros que delata tu presencia, se extraña ese sin fin de cosas simples que toman dimensión de valor solo cuando te las quitan».

Jorge Luis Dal Bianco

Nació en Santa Rosa el 28 de noviembre de 1969. Médico veterinario, es fotógrafo amateur desde el año 2009, dedicado a la fotografía de naturaleza. Sus imágenes están presentes en diferentes publicaciones, además de aparecer en la tapa de uno de los números de la revista Aves Argentinas. Ganador de muchos salones, tanto nacionales como internacionales, Meche fue reconocido por la Federación Argentina de Fotografía como Destacado Artista FAF. Ganador del Ranking Nacional 2015 de la FAF en la sección Naturaleza, premiado por la FAF por Mejor Fotografía del Año en Naturaleza en los años 2016 y 2019. En siete años participando en la Federación Argentina de Fotografía, acumula 460 obras premiadas.

«Dormilona Cara Negra, en casa».
«Churrinche macho».
«Benteveo, en casa».
«Culebra».
«El tero que nos delata con sus gritos».
«Espátula Rosada y su presa».
«La Monjita que te mira de lejos».
«Maca común y su cría».
«Monte, niebla, olor a pasto mojado y una cierva».
«Naranjero o Siete colores».
«Que la naturaleza no abra el grifo pronto».
«Ratona, en casa».
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Autor

Raúl Bertone