La rastra, elemento icónico de la pilcha gaucha

Las iniciales de su dueño, el cincelado de un caballo o de una flor, la marca del estanciero. Varios pueden ser los motivos que merecen ser lucidos, pero hay algo que termina unificando. La rastra es parte de la esencia en la indumentaria del gaucho. Ese escudo metálico macizo o calado que asoma sujetado en el centro de un cinturón de cuero, mayormente acompañado por monedas de la época, o apliques de metal. En una recopilación del Museo Las Lilas de Areco se puede leer que la primera descripción de una rastra de la que tenemos noticia es la realizada por el médico francés Henri Armaignac en Voyages dans les pampas de la République Argentine (1883), narración de su viaje por nuestro país entre los años 1869 y 1874. Al señalar las diferencias que presenta el tirador según la clase social de su portador, el autor describe una rastra aunque sin utilizar este término.

En otro párrafo, señala que en la literatura gauchesca su aparición es relativamente tardía; la primera mención la encontramos en la novela Una amistad hasta la muerte (1881), de Eduardo Gutiérrez, escrita como continuación del Santos Vega (1880): Pero aquella noche estaba de desgracia y mi puñal fue a chocar contra la rastra de su tirador sin causar más daño que el golpe que hizo a Grigera dar un grito de muerte, llevándose la mano a la boca del estómago, porque se creyó herido…En 1896 el término es retomado por el periodista y escritor costumbrista Martiniano Leguizamón en Recuerdos de la tierra, serie de bocetos criollos ilustrados que incluye un “Índice alfabético de las principales voces indígenas y modismos locales usados en esta obra” en el que aparece una definición de tirador donde se menciona la palabra rastra.

Las obras del artista Carlos Montefusco representan nuestra cultura, en relación con el medio natural, nuestros orígenes indios y criollos, el paisaje y su vida silvestre. Todo eso está presente en colecciones privadas, llegando a lo profundo del país en almanaques, libros y revistas. Montefusco viene exponiendo de forma ininterrumpida desde el año 1993, y a sus reconocidas ilustraciones o pinturas, le ha sumado en el último tiempo sus primeras esculturas en bronce. Por estos días, Montefusco le está dando vida a un proyecto que estaba demorado. Junto al orfebre Daniel Escasany, distinguido entre los pilares de la platería criolla en la Argentina, ha plasmado una rastra denominada El boleador, que nació inspirada en las llamadas “rastras del caballito”.

«En un libro que se llama Platería pampa, uno puede encontrar esas rastras del caballito, donde aparece un paisano a caballo, que pueden variar de acuerdo al trabajo del platero, pero generalmente son muy parecidas y más o menos respetan esa línea. Ese es uno de los diferentes motivos. Yo quise salir de lo tradicional y diseñé una propia que es un paisano a caballo pero tirando las boleadoras, fue algo que se me ocurrió. La temática es muy amplia, hace algunos años había una muestra sobre la rastra en el Museo Las Lilas de Areco, y uno se encontraba con una enorme cantidad de motivos. Todas tienen una historia y algunas son simplemente las iniciales», contó Montefusco, entrevistado por El Lobo Estepario.

El proceso arrancó con la idea plasmada en un primer dibujo en papel, y luego modeló en plastilina la figura del gaucho en la acción de desplegar las boleadoras. El siguiente paso fue un escaneo en 3D del original en plastilina, se lo pasó a un material rígido, ajustándolo a la medida exigida para una rastra. Posteriormente, la tarea quedó en manos de Escasany, quien tomó una primera copia en cera de la impresión 3D para armar el molde que recibió la plata fundida. Finalmente, el maestro platero se encargó de darle los retoques con su cincel. La rastra El boleador cuenta con una serie de diez copias numeradas, y cada pieza tendrá un detalle diferente para hacerlas únicas. En ese sentido, Montefusco agregó que «las diferencias serán leves, por ahí en algunas más fino el hocico del caballo, y en otras las boleadoras estarán en otra disposición, o cinceladas las espuelas para que se le vean las púas. Daniel quiso respetar mi creatividad y me iba consultando por teléfono hasta que lo logramos».

En cuanto al proceso creativo, que puede durar bastante tiempo, Montefusco indicó que «técnicamente es muy lindo y divertido, además de ser un trabajo, realmente es algo que me produce placer. La fui bocetando, haciendo un esquema, Daniel me iba diciendo cómo hacer ya que la figura debía tener cierto equilibrio para después engarzarla, ponerle los tiros que la unen al tirador de cuero, el cinturón con bolsillos donde se engancha la rastra. Con respecto a las monedas que van como botones donde se prende la rastra, hay una gran variedad y las más conocidas son el Carolo, de origen español, que tenía la efigie del Rey Carlos, y otros motivos eran la Peseta o el Patacón. Llevan tres de cada lado, y se pueden hacer botones ex profeso con alguna figura en particular. En este caso elegimos unas monedas y los tiros son de alambre».

A la hora de un breve recorrido por la historia, el artista expresó finalmente que «existe una lista grande de plateros en el siglo 19, que entre 1820 y 1830 empezaron a trabajar en el Río de la Plata. La mayoría tenía sus talleres en ciertas calles de Buenos Aires, y los cuños, las firmas que se imprimían sobre la pieza, hoy son famosas y muy buscadas. Son piezas de colección. Eran artistas criollos o arribados de Europa, pero también la platería se desarrolló mucho en pueblos originarios, entre ellos los ranqueles, araucanos, tehuelches o pampas. Los araucanos eran los principales en el manejo del metal, habían tenido mucho contacto con los incaicos y esas técnicas las traen a la llanura pampeana para terminar mezclándose con las técnicas y herramientas europeas. Es un arte bien criollo, bien mestizo. La rastra abarca casi todo el territorio argentino, pero también Uruguay y Río Grande del Sur. E insisto que las imágenes centrales que se eligen son muy variadas, desde iniciales pasando por el águila, la mariposa, plumas de avestruz, la estrella federal, el angelito o el caballito».

Original en plastilina.
Impresión 3D y primera copia en cera.
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Autor

Raúl Bertone