La única gente importante de este mundo

Camino por la ciudad y tomo colectivos; abro el Facebook o escucho conversaciones fugaces; hablo con mis compañeros de trabajo o veo afiches en las calles. Y una tristeza inmensa me impide tragar saliva. Porque en todos lados veo políticos o escucho hablar a los políticos o hablar a la gente sobre políticos. Están quienes los defienden y están quienes los desprecian, pero eso poco importa. Lo único que importa es que son el único tema. Los que están a favor le hacen “campaña” y los que están en contra le hacen “prensa”. Hete aquí el fabuloso mecanismo de la propaganda.

No es ninguna novedad para quienes creen en el Espíritu: todas las cosas de este mundo son producto directo de nuestras conversaciones y creencias; la consecuencia directa de lo que cada hombre cree y construye en torno a esa cosa. Si mañana los hombres dejáramos de nombrar y pensar el mar; es seguro que el mar desaparecería. Y no sólo de nuestro imaginario sino acaso también del mundo. Sin embargo los hombres no pueden prescindir del mar. Está en nuestro adn más profundo como el aire, la tierra o el fuego. No así los políticos; gente absolutamente prescindible que, de no hacer campaña, no tendría ninguna injerencia en nosotros. Gente a la que le damos vida y poder sólo porque la nombramos. Todo es parte de la programación que ellos mismos dirigen para que las cosas funcionen de este modo. Y mientras tocamos la partitura de la “conversación social” que nos ponen (y nos imponen) frente a las narices, nos olvidamos de preguntarnos quiénes somos, de dónde venimos y a dónde vamos.

Y así, dándole entidad a los pequeños príncipes de este mundo, nos volvemos pequeños esclavos suyos. Siervos sumisos de sus vacías potestades. Creemos que la salvación o la condenación vendrá de ellos, cuando sólo están en nosotros.

Jesús dijo: “¿no dice la ley, dioses somos?” Y el Buda dijo: “no crean lo que digo porque soy el Buda, experimenten y hagan su propio camino”.

Y estas son las cosas que nos dan pavor.

Ser dioses de nosotros mismos o hacer nuestro propio camino son dos vértigos. Y pareciera que es mejor el remanso del vacío, depender mansamente de esos que sonríen en los carteles y que sólo es importantes porque nosotros, sabiéndolo o no sabiéndolo (sobre todo, no sabiéndolo) le damos entidad con nuestra palabra, le damos poder con nuestra energía y le damos vida con nuestra sangre.

Jesús y Buda, Platón y Lao Tsé (y algunos pocos más) son la verdadera gente importante de este mundo. Tarde o temprano (más temprano que tarde) todos tendremos que enfrentarnos al dolor, la enfermedad, la vejez y la muerte. Tarde o temprano (más temprano que tarde) todos estaremos frente al gran misterio de la resurrección o la nada. Y todos tendremos la oportunidad de entender que ” conocer es recordar”y que el camino (ese gran software del universo) es anterior a todo lo que existe y que no tiene principio ni fin.

Y estos hombres son los únicos que han arrojado luz sobre esos temas; los únicos ineludibles.

Hay una fabulosa escena en los evangelios y es esa en la que Satanás se acerca a Jesús para tentarlo. Y todo lo que le propone a cambio son reinos y dominios, adoración y dinero, gente sumisa y gente que le tema. Son exactamente las cosas que prometen los políticos. Pero Jesús pronunció el gran conjuro: “apártate”. Lo que es proporcional a decir “venga a nosotros tu reino” a los portadores de la luz. Pero pareciera que a los hombres no nos gusta la luz. Preferimos la oscuridad mientras esa mentira colectiva llamada “realidad” sigue viviendo de todos nosotros como una sanguijuela. Transfusión de luz a un monstruo de tinieblas que nos consume y no redime.

En días como estos en donde los carteles y las radios, las redes y la gente dice siempre lo mismo, yo quisiera desaparecer o no haber nacido; casi sin poder tragar saliva Pero luego me digo que por algo nací y que por algo estoy aquí y que por algo estoy angustiado. Acaso para vivir estos tiempos donde los únicos hombres importantes fueron convertidos en leyendas casi intangibles y las entidades insulsas en realidades de granito. Esa es la gran alquimia de los príncipes que desde el principio han sido mentirosos y homicidas. Todo crimen contra la luz sólo se sostiene en la cotidiana matanza de los inocentes. Hete aquí lo que he aprendido, lo que he recordado esta noche.

Por Iván Wielikosielek

Iván Wielikosielek

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