Libros digitales: cuestan hasta un 80% menos que sus versiones en papel

Los electrónicos tienen en la Argentina costos notablemente más bajos que sus versiones físicas y son una opción que eligen cada vez más lectores. Dos editores explican las razones.

Recorrer las góndolas de una librería es siempre una experiencia estimulante. Pero en un tiempo de crisis, los precios de los libros pueden volverse prohibitivos. Más allá de la mística del papel, ahora las ediciones electrónicas tientan: muchos títulos están sensiblemente más baratos en formato e-book.

Un libro que en el mercado argentino sale alrededor de mil pesos, puede encontrarse por el 30 o el 20 por ciento de ese valor en su versión digital, e incluso por menos. Algunos ejemplos ilustrativos:Esferas II, del filósofo Peter Sloterdijk, cuesta -agárrense- $ 3.055: por su versión digital se pagan 340. El reino (Anagrama), de Emmanuel Carrère, que sale $ 985 se consigue por $ 148.33 en su versión digital; Por qué este mundo (Siruela), la biografía de Clarice Lispector escrita por Benjamin Moser, cuesta $ 1.470 en papel y $ 204 en digital, mientras que El gigante enterrado (Anagrama), del premio Nobel Kazuo Ishiguro se consigue por $ 635 en papel y $ 222,57 en versión e-book.

Entre los libros de autores locales: Las hijas del capitán (Planeta), de María Dueñas, cuesta $ 699 contra $ 199 del digital; e Historias de diván, de Gabriel Rolón, sale $ 725 en papel contra $ 124 en su versión electrónica. Algo parecido ocurre con Las maldiciones, de Claudia Piñeiro, que se consigue a $ 529 contra $ 289,33.

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Para muchos, además del precio, influye en la elección la practicidad de los dispositivos portátiles: la revolución digital redunda, en ese sentido, en una mayor funcionalidad y comodidad (por ejemplo, ante la perspectiva de un viaje, al que se pueden llevar decenas de títulos). Y también una disponibilidad mucho más amplia en el catálogo.

Es cierto que por décadas los lectores han pagado por textos asociados a la materialidad del objeto–libro y no solo estrictamente por los contenidos, pero en virtud de lo que cuesta el fetiche, parecen acelerarse cambios.

En simultáneo, las editoriales y las cadenas libreras comienzan a entender que sus posibilidades de supervivencia dependen en gran medida de la habilidad para volcarse o incorporar a sus planes de negocio la comercialización de libros electrónicos, e incluso de aliarse entre ellas.

Entre los nuevos jugadores que se suman a este nuevo mapa de situación a nivel global están compañías como Amazon, Google y Apple –cada una con sus respectivas características, servicios y dispositivos de lectura– que intermedian la relación entre las editoriales y los lectores, operando como librerías virtuales y vendiendo por catálogo miles de títulos cada día.

El proceso es similar al de la compra de cualquier otro bien o servicio en un sitio de comercio electrónico: basta con elegir, registrarse en caso de que el sitio lo requiera y pagar a través de la tarjeta de crédito. Algunos sitios permiten, también, la cancelación de la compra mediante Pago Fácil o Rapipago.

¿Pero qué determina esa diferencia en algunos casos abismal, entre el costo del libro físico y el digital? ¿Las editoriales adoptan la política de precios digitales tomando como base el precio del impreso?

“El libro, a pesar de su inmenso valor simbólico, está sujeto a las generales de la ley de cualquier bien que se produce industrialmente. Y el papel, cuyo precio está fijado en dólares, es su insumo principal, con lo cual impacta inevitablemente en el costo, como también lo hacen la logística, el depósito, las estructuras de las editoriales”, explica Juan Ignacio Boido, director editorial de Penguin Random House. “El e-book tiene la ventaja de que su costo de producción es único: se ‘hace’ una sola vez. Aunque, al ser sus ventas tan bajas todavía, no amortiza ese costo tan rápido en el volumen. Y, además, exige una inversión más constante de promoción y visibilidad en las redes y tiendas digitales”.

Boido admite que “es cierto que en nuestro catálogo existen títulos con diferencias de precio del 40 por ciento entre físico e-ebook, y también otros en que ese porcentaje llega al 80 por ciento. Esto es porque nuestro catálogo digital tiene naturalmente un territorio de venta más amplio que el físico, por lo que la política de precios digitales contempla, además de las características del título en sí, la de esos territorios en los que está disponible. Es más complejo ponerle precio a un libro que se va a vender en 10 o 15 países que a uno que se vende sólo en uno.”

E-books: en el país crecieron fuerte las ventas
En Planeta explican que hace unos años, cuando apenas se comenzaba con la digitalización de catálogo, se tomaba como base para los libros digitales su precio en papel y se estimaba un descuento porcentual fijo. Sin embargo, con los cambios de consumo cultural, el crecimiento de las tiendas y la popularización del formato esto tuvo que redefinirse. “A diferencia del papel, un e-book no compite en una mesa de librería con cierta cantidad de libros de otras editoriales locales y algunas importaciones. Hay una oferta inmensa de libros de editoriales de todo el mundo, autores autopublicados, publicaciones gratuitas o a precios mínimos que, junto con los hábitos de consumo digital, van cambiando el valor percibido y la predisposición a pagar de un lector por un e-book en una tienda online. Este mercado digital, totalmente diferente al papel, comenzó a exigir estrategias propias”, argumenta Julieta Lorea, editora de Contenido Digital de la editorial para Latinoamérica.

En cuanto a si la presencia del formato digital seguirá ampliándose y cuánto, Boido opina que “es probable que siga creciendo pero lentamente… Pero nada indica que el crecimiento electrónico ponga en riesgo al papel. Al contrario, en países donde el formato está muy establecido, como Estados Unidos o Inglaterra, el papel volvió a crecer y hoy se estabilizó en un 70 por ciento papel y 30 por ciento e-book.” El audiolibro es otro formato que está en expansión. “Su taza de crecimiento es extraordinaria. En Random House, más de 30 autores argentinos ya tienen alguna de sus obras en este formato y estamos produciendo más”, define.

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Lorea, por su parte, cree que “es posible que en una época de crisis como la que atraviesa el país, los e-books se vuelvan atractivos por su precio, como también podrían ser los libros de bolsillo. Si temporalmente hay lectores de papel que se vuelcan a la versión digital de ciertos textos por una imposibilidad económica, bienvenido sea porque esto significa que se sigue leyendo, pero esos mismos lectores amantes del libro físico seguramente vuelvan a una librería en cuanto lo encuentren posible”.

La especialista está convencida de que “la presencia del formato digital va a seguir ampliándose, a partir de los distintos formatos que ya existen y de los que puedan llegar, pero no necesariamente en perjuicio del libro físico. Quedó demostrado que ambos formatos conviven y la lectura es cada vez más mixta”

Cómo comprar
Es posible buscar miles de títulos y, si se trata de uno raro, no hace falta esperar que salga del depósito. En el mundo on line casi todo está ya almacenado. Basta con cargar los datos de una tarjeta de crédito para pagar y descargar el libro en el momento. El requisito se vuelve más accesible con el avance digital: en muchos sitios ofrecen la descarga gratuita de un programa que permite leer libros electrónicos en la PC o el celular, si no se cuenta con una tableta lectora. Entre otros sitios, se puede comprar en Bajalibros.com, Librería Santa Fe, Google Play Books o Amazon.

Fuente: Clarín

Nota: Diario de cultura

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