“Los afectos cosechados son la mejor ganancia para el alma”

Subido a un escenario con una guitarra y su voz transmitiendo vivencias, paisajes, colores, ruidos. La música ha sido, es, parte vital de la vida que transita. Nunca se hizo rogar ante el pedido de poder escucharlo cantar. Ruedas de asados, peñas, reuniones familiares, encuentros con amigos. El bálsamo elegido para su alma. El vínculo con el instrumento lleva más de 50 años, armó un camino sin más pretensiones que alimentar el aire con los rasguidos de su guitarra y lo generado a través de su garganta. Amilcar Jacinto Fiorucci, el cantor de Lonquimay, vivirá esta noche un reencuentro especial con la gente. La presentación de su primer disco, al que llamó Antes que pierda la voz, estará despertando sensaciones por doquier. Y en coincidencia con el día de su cumpleaños.
“Nunca lo tomé como una carrera profesional, para nada, pero sí con mucha responsabilidad para representar a mi pueblo y a mi provincia en las instancias que se iban sucediendo con el transcurrir de los años, principalmente a partir del 74 cuando gané en General Pico en el Festival de Artistas Pampeanos y comencé a integrar diferentes delegaciones, como la de Peña El Alero, para pisar muchos escenarios del país. Con el canto nunca he ganado dinero como para comprarme cuatro o cinco cuerdas por año, pero sí he ganado muchos afectos, son la mejor ganancia para el alma. La idea del disco arrancó el 12 de noviembre del 2016 cuando me hicieron un homenaje por los 50 años de trayectoria, donde hubo artistas invitados y mucha gente, y lo que de alguna manera impulsó a que lo encarara fue que de forma simbólica los organizadores me entregaron un cheque de 40000 pesos para que grabara en la editorial Tierra adentro de Santa Rosa, es como que me sentí con la obligación de hacerlo. Yo era bastante mañero para grabar y ensayar, me costaba en su momento”, contó Fiorucci, durante la entrevista con El Lobo Estepario.
Siendo un niño recibió de regalo una guitarra. Fue el gesto movilizante. Con el tiempo conformó un grupo llamado Las Voces de Lonquimay, y a partir de 1969 se inició como solista. Habitué de aquellas peñas de entonces como Brasas de Tradición en Miguel Riglos, Caldén Seco en Anguil y por supuesto El Alero en General Pico, en el 74 fue el primer pampeano en abrir la noche central de la Fiesta de la Ganadería en Victorica. “Hacer el disco llevó su tiempo, un poco motivado por esos meses donde estuvo cortada la ruta por las inundaciones y se nos complicaba poder juntarnos para ensayar. En la placa hay muchas canciones que uno escribió, intenté plasmar las que refieren a mi familia, a mi Lonquimay y a algún amor perdido. Siento que es una forma de dejar un testimonio en vida, tal vez el año que viene grabo otro con aquellas que quedaron afuera, y que hablan de la vida en el campo, de personas de mi pueblo. Claro está, siempre y cuando me de la voz. A esta altura de mi vida, como se dice siempre de un disco, se gestó mi primer hijo musical, si bien ya tenía canciones grabadas, perdidas, pero grabaciones al fin, a través de lo que implementaba Cultura de la Provincia en su momento, o placas grabadas en la radio donde trabajo, que estaban bien pero simplemente como recuerdo para algún familiar. Espero que al menos de las 11 canciones que contiene me conformo de que a la gente le guste al menos tres, siempre habrá una, dos o cuatro temas que sobresalen, pero no son todas. Hay temas que grabé y nunca los volví a cantar”, concluyó Fiorucci.

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Autor

Raúl Bertone