Los elegidos de Alberto Acosta (músico, escritor)

Un libro: Seda, de Alessandro Baricco.

“Vaya. Tengo que aclarar que dedico no menos de dos horas diarias a la lectura literaria (sin contar la que hago para informarme o por mi trabajo). De modo tal que el universo es muy amplio. También es difícil optar por un género, ya que tanto la narrativa, como el ensayo, la poesía, y la biografía (o autobiografía) me convocan por igual. Me decanto por elegir una novela, que ese el género que yo más cultivo en mi escritura. Por la misma razón elijo no una novela monumental (como podría ser La guerra del fin del mundo, de Vargas Llosa, que me encantó) sino un libro mínimo, una nouvelle casi cuento. Por su elegancia, su dosis justa de sentimiento y misterio. Un libro perfecto”.

Fragmento: “Permanece así, te quiero mirar, yo te he mirado tanto pero no eras para mí, ahora eres para mí, no te acerques, te lo ruego, quédate como estás, tenemos una noche para nosotros, y quiero mirarte, nunca te había visto así, tu cuerpo para mí, tu piel, cierra los ojos y acaríciate, te lo ruego, no abras los ojos si puedes, y acaríciate, son tan bellas tus manos, las he soñado tanto que ahora las quiero ver, me gusta verlas sobre tu piel, así, sigue, te lo ruego, no abras los ojos, yo estoy aquí, nadie nos puede ver y yo estoy cerca de ti, acaríciate señor amado mío, acaricia tu sexo, te lo ruego despacio, es bella tu mano sobre tu sexo, no te detengas, me gusta mirarla y mirarte, señor amado mío, no abras los ojos, no todavía, no debes tener miedo estoy cerca de ti, ¿me oyes?, estoy aquí, puedo rozarte, y esta seda, ¿la sientes?, es la seda de mi vestido, no abras los ojos y tendrás mi piel, tendrás mis labios, cuando te toque por primera vez será con mis labios, tú no sabrás dónde, en cierto momento sentirás el calor de mis labios, encima, no puedes saber dónde si no abres los ojos, no los abras, sentirás mi boca donde no sabes, de improviso, tal vez sea en tus ojos, apoyaré mi boca sobre los párpados y las cejas, sentirás el calor entrar en tu cabeza, y mis labios en tus ojos, dentro, o tal vez sea sobre tu sexo, apoyaré mis labios allí y los abriré bajando poco a poco, dejaré que tu sexo cierre a medias mi boca, entrando entre mis labios, y empujando mi lengua, mi saliva bajará por tu piel hasta tu mano, mi beso y tu mano, uno dentro de la otra, sobre tu sexo, hasta que al final te bese en el corazón, porque te quiero, morderé la piel que late sobre tu corazón, porque te quiero, y con el corazón entre mis labios tú serás mío, de verdad, con mi boca en tu corazón tú serás mío, para siempre, y si no me crees abre los ojos señor amado mío y mírame, soy yo, quién podrá borrar jamás este instante que pasa, y este mi cuerpo sin más seda, tus manos que lo tocan, tus ojos que lo miran, tus dedos en mi sexo, tu lengua sobre mis labios, tú que resbalas debajo de mí, tomas mis flancos, me levantas, me dejas deslizar sobre tu sexo, despacio, quién podrá borrar esto, tú dentro de mí moviéndote con lentitud, tus manos sobre mi rostro, tus dedos en mi boca, el placer en tus ojos, tu voz, te mueves con lentitud, pero hasta hacerme daño, mi placer, mi voz, mi cuerpo sobre el tuyo, tu espalda que me levanta, tus brazos que no me dejan ir, los golpes dentro de mí, es dulce violencia, veo tus ojos buscar en los míos, quieren saber hasta dónde hacerme daño, hasta donde tú quieras, señor amado mío, no hay fin, no finalizará, ¿lo ves?, nadie podrá cancelar este instante que pasa, para siempre echarás la cabeza hacia atrás, gritando, para siempre cerraré los ojos soltando las lágrimas de mis ojos, mi voz dentro de la tuya, tu violencia teniéndome apretada, ya no hay tiempo para huir ni fuerza para resistir, tenía que ser este instante, y este instante es, créeme, señor amado mío, este instante será, de ahora en adelante, será, hasta el fin.”

Una canción: Quedándote o yéndote, de Luis Alberto Spinetta.

“Otro género que yo cultivo (o malogro, según se mire). Acaso por lo conciso del género, parece haber muchas más canciones perfectas que libros perfectos. Y hay tantos maestros del género…Chico Buarque, Serrat, Caetano, Brassens, Dylan, Los Beatles, elegir uno solo es casi como elegir qué dedo cortarte. En esta categoría la idea es homenajear al que probablemente sea mi artista de cabecera -en cualquier disciplina- y también a una canción que no está en el top ten de nada ni de nadie, pero que es perfecta y me identifica totalmente”.

Un disco: Abbey Road, de Los Beatles.

“Adoro los LPs, sobre todo en versión vinilo. Tengo (literalmente) miles. Aquí también voy a elegir homenajear al artista, y al primer disco que me fascinó, a los seis años”.

Una película: Down by Law, de Jim Jarmush.

“Amo el cine, sobre todo visto en el cine. He tenido maratones memorables como ver las dos primeras El Padrino, o las dos Novecento, de un solo saque (seis horas en cada caso). Me gustan casi todos los géneros, pero por algún motivo -y aunque adoro las superproducciones, sobre todo del espacio- termino prefiriendo las películas de bajo presupuesto, donde con poco se dice mucho, y sobre todo, se transmite un discurso original. Así que elijo una película algo viejita, en blanco y negro, con una historia sencilla y delirante a la vez, con un trío de actores memorable (Tom Waits, John Lurie y Roberto Benigni) y que -creo- cualquier puede entender y apreciar.

Un poema: Y entonces, ¿qué queréis?, de Vladimir Maiakovski.

Hice crujir las hojas del diario,
abriéndole las pupilas parpadeantes
y luego
de cada frontera distante
subió un olor a pólvora
persiguiéndome hasta en casa.
En estos últimos veinte años
nada de nuevo hay
en el rugir de las tempestades.

No estamos alegres,
es cierto.
Mas también, ¿por qué razón
habríamos de estar tristes?
El mar de la historia
es agitado.
Las amenazas
y las guerras
habremos de atravesarlas,
rompiéndolas al medio
cortándolas
como una quilla corta
las olas.

“La poesía ha sido más atenta conmigo que yo con ella. Siempre me acompañó en los momentos difíciles o tumultuosos. Estuve muy cerca de elegir “So long” de Neruda, pero finalmente me quedo con esta obra de Maiakovski”.

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Autor

Raúl Bertone