Los elegidos de Raúl Genovesio (fotógrafo)

Un libro: Walden, mi vida entre bosques y lagunas, de Henry David Thoreau.

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“No podría citar solo un libro de los que me marcaron en la vida, pero sí uno por el que tengo un especial afecto y que me influenció bastante en mi manera de pensar y vivir. Este libro lo conocí en mi adolescencia y aún releo con mucho placer. En él Thoreau narra su estadía en solitario en una cabaña que levantó con sus propias manos a orillas del lago Walden donde cuenta su experiencia de vida en medio del bosque y critica con agudeza e ironía la vida alienada y consumista -escribía esto a mediados del siglo 19- de sus conciudadanos. Un libro esclarecedor y actual que, creo, todos deberían leer, sobre todo los jóvenes”.

Fragmento: “Fui a los bosques porque quería vivir deliberadamente, enfrentar sólo los hechos esenciales de la vida, y ver si podía aprender lo que ella tenía que enseñar, no sea que cuando estuviera por morir descubriera que no había vivido. El poema de la creación es perenne pero pocos son los oídos que lo escuchan…La mayoría de los hombres viven una vida de tranquila desesperación. Lo que llamamos resignación no es más que una confirmación de la desesperación. De la ciudad desesperada pasamos al campo desesperado. Hasta detrás de los llamados juegos y diversiones de la humanidad se encuentra una desesperación estereotípica, aunque inconsciente. No hay diversión en ellos, porque esta viene sólo después del trabajo. Pero no hacer cosas desesperadas es una característica de la sabiduría. Nunca es demasiado tarde para renunciar a nuestros prejuicios. No se puede creer firmemente, sin pruebas, en alguna forma de pensar o de hacer, por antigua que sea. Lo que hoy todo el mundo repite y acepta como verdadero, puede convertirse en mentira mañana, una mera opinión de humo que algunos creyeron fuera nube que daría agua fertilizadora para los campos. Tratad de hacer aquello que la gente antigua afirma ser imposible de realizar, y demostrad que sí podéis. Los hechos antiguos pertenecen a las generaciones antiguas, y los nuevos, a la nueva generación…Nadie puede ser un observador sabio e imparcial de la raza humana si no se encuentra en la ventajosa posición de lo que deberíamos llamar pobreza voluntaria…”

Una canción: La strada nel bosco, de Bixio, E.Ermenegildo y N.Salerno.

“Es difícil elegir una entre las muchas que a uno le han gustado, pero podría citar La strada nel bosco por Gino Bechi, y muy cerca estaría el tango Amurado por Carlos Gardel. La primera por la belleza de su melodía y la voz magistral del barítono Bechi. Y la otra sobre todo por la inigualable interpretación de Gardel”.

Un disco: Séptima Sinfonía, de Jean Sibelius.

“Al igual que los libros, no podría afirmar que haya un disco en especial, pero si tuviera que elegir entre muchos sería la Séptima Sinfonía, dirigida por Paavo Berglund. La Séptima es una obra maestra de la madurez del compositor, tal vez su mayor logro en el campo de la sinfonía. Sibelius decía “otros ofrecen complicados cócteles, yo ofrezco agua pura”.

Una película: El tercer hombre, de Carol Reed.

“No me interesa el cine actual salvo excepciones. Me parece pésimo, vacío y aburrido, solo entretenimiento para consumo masivo como la Coca Cola. Me quedo con el cine que ahora se considera “clásico”. De elegir traería este film con la actuación de Wells”.

Un poema: Papel de lija, de José Pedroni.

Cuando estoy triste lijo
mi cajita de música.
No lo hago para nadie.
Sólo porque me gusta.

Hay quien escribe cartas;
quien sale a ver la luna
para olvidar. Yo lijo
mi cajita de música.

Amarga es la madera
de palo santo, dura.
Pero es como el amor
que no muere y perfuma.

Cuando estoy triste lijo
mi cajita de música.
Porque te vas y vuelves,
no he de acabarla nunca.

Te espero. Mi tristeza
huele a ti y es menuda.
Tengo las manos verdes
esta noche de lluvia.

“Son muchos los poemas que uno ha leído a lo largo de la vida, pero de elegir un autor sería el santafesino Pedroni, poeta ineludible de nuestro tiempo. Vale la pena recordar su sentido Papel de lija“.

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Autor

Raúl Bertone