Mon cher Noir

Mon cher Noir, la muestra en el Museo Emilio Caraffa sobre el escultor cordobés Horacio Juárez, se propone como un ejercicio de reconstrucción de la trayectoria del artista. Junto a las piezas artísticas ahora disponibles, hay catálogos, fotos y periódicos que componen un recorrido que procura explorar, sin agotarla, una constelación de relaciones de bordes imprecisos a través de su potente figura. La procedencia obrera de Juárez, sus inicios en la academia, el viaje europeo como becario, la militancia política, su consagración en los salones oficiales, su traslado a Buenos Aires, son algunos de los eventos.
Mon cher Noir, mi querido Negro, caro Negro, che Juárez, los apelativos con que amigos y conocidos se dirigen a Juárez en las numerosísimas cartas que integran su archivo personal, nos hablan justamente de conexiones entre puntos (en apariencia) tan distantes como Córdoba, Rosario, Unquillo, Venecia, Buenos Aires o Tucumán, a la vez que nos permiten acercarnos a las obras desde una perspectiva que pone en evidencia la complejidad que toda producción artística supone; esto es, la tensión entre lo individual y lo colectivo.
Aunque su consagración en el Salón Nacional se sustenta desde fines de los 30 y durante los 40 en una línea específica (aquella que lo lleva a producir figuras femeninas de gran escala, cuya potencia creativa se completa con ciertos elementos nativistas), Juárez explora en lo sucesivo, otras vías. Desde la figura y el retrato, que nunca abandona, ensaya un modelado más libre que acentúa progresivamente el diálogo con la materia. La muestra del artista cordobés (1901-1977) en el MEC se puede visitar hasta el 10 de marzo.

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Autor

Raúl Bertone