Por ella nació la palabra “cholula”: tiene 90 años y aún trabaja como periodista

Adela Montes tiene 90 años, cumplidos el 6 de septiembre, y una energía envidiable. Aún trabaja activamente en el periodismo de espectáculos como la integrante más mimada del staff de la Revista Pronto. Asiste a la redacción dos veces por semana para estar atenta al cierre y a las consultas de sus compañeros sobre algún dato que se necesite.

Es que esta joven mujer, de inmaculado cabello canoso, es una biblia abierta que sabe todo, y más, sobre las celebridades vernáculas. Desde chica amó a ese mundo de fantasía que le permitía escaparse, ilusoriamente, de los sacrificios de una pobreza de esas que calan hondo, como todas las pobrezas.

Coquetas y discretas. Así avanzaban las Cazadoras de Autógrafos en busca de una nueva firma.

Su historia enternece. Adelita, como todos la llaman, era una niña de 12 años cuando fundó el Club de Cazadoras de Autógrafos junto a sus amigas y vecinas de un Barrio Norte con conventillos y austeridad, muy distinto a lo que hoy exhibe esa coqueta zona de Buenos Aires. Ahí comenzó todo. Fue el despertar de una pasión por estar cerca de las estrellas, por admirarlas con devoción reverencial. Y fue ese cenáculo, y sobre todo su figura, la fuente de inspiración que llevó al creador de historietas Toño Gallo a crear aquella famosa tira semanal que se publicaba en la Revista Canal TV y estaba protagonizada por una fanática de los artistas de moda que, como un narrador omnisciente, lo sabía todo sobre los astros y estrellas de la radio y el cine de la época. Corría la década del ´50. El dibujante la bautizó con un mote, un término que se convertiría en toda una definición: Cholula, nombre propio y sustantivo a la vez que, de tan instalado e irradiado, ya es parte del acervo cultural del argot popular argentino. Una palabra que no figura en el repertorio de la Real Academia Española ni en el Diccionario del Argentino Exquisito de Adolfo Bioy Casares. Un vocablo que bien podría ser comidilla de análisis de Ivonne Bordelois por todo lo que implica semántica y sociológicamente. Ella es Cholula. La verdadera. La real.

Loca por los astros
Coqueta y pulcra, llega puntualmente a la entrevista que se realizará en un café ubicado a una cuadra de su casa, en esa zona liminal entre Once, Almagro, Boedo y Caballito. Intersección tan porteña como su ADN. No solo será estricta en el horario sino que cumplirá con el pedido del cronista de acercar fotografías, documentación, y algunos originales de la famosa historieta inspirada en ella. Su archivo es una joya preciada por todos aquellos que aman la historia del espectáculo argentino. Adelita conoció a todos los grandes nombres de una época de oro. Y con más de uno entabló amistad, aunque jamás un noviazgo. No se trata de mezclar pasiones, siempre lo tuvo claro.

“Toño Gallo, que también dibujaba en Patoruzú, nos hizo varios dibujos para un festival de las Cazadoras de Autógrafos. Landrú también nos retrató. Pero fue Toño quien tenía la idea de un personaje fanático de las estrellas, aunque le faltaba el nombre para poder publicarlo. Así fue como nos consultó cómo nos llamábamos a cada una de nosotras para poder inspirarse. Finalmente, Cholula derivó de Chola, el nombre de una de nuestras compañeras. El título de la historieta se completaba con el acertadísimo: loca por los astros. Cada semana, en la redacción de Canal TV, nos preguntaba qué había sucedido para poder plasmarlo en la historieta. El personaje sabía todo y estaba en todos lados”, explica la periodista. Tal era el vínculo de las cazadoras de autógrafos con los artistas que Gallo no se privó de dibujarlas en los sitios más insólitos: “Una vez nos hizo dentro de una maternidad junto a Carmen Morales y su bebé Gustavo Sofovich en brazos, en la semana en la que nació el heredero de Gerardo”. Si bien eran varias, Adela fue el motor, el alma, de ese clan de fervientes devotas de los astros. Y quien mejor se ganó la estima de las estrellas. Para Toño Gallo, era una referencia de consulta ineludible.

-¿Cómo nace tu vocación por conocer todo sobre las estrellas?

-Siempre fui muy curiosa. Me despertaba interés saber sobre el otro, sin imaginar que, alguna vez, iba a ser periodista. Hasta el día de hoy, me interesa saber cómo vive la gente, cómo está conformada su familia. Ni hablar de mis compañeros de trabajo.

En la legendaria revista Canal TV aparecía la historieta “Cholula, loca por los astros”, creada por Toño Gallo. Cada semana, una aventura diferente reflejaba las experiencias de estas chicas conocedoras de la vida de los famosos.

Adelita es minuciosa en su hospitalidad. No pasa por alto un solo cumpleaños. Llama a famosos y colegas con igual atención. Y, si se trata de un compañero de redacción, sus chocolates son infaltables para celebrar desde un onomástico hasta un aniversario. A esta entrevista, también llega con sabrosos chocolates para agasajar al cronista y al fotógrafo. “Yo quiero a la gente”, se ufana. Y se le nota.

-A los 12 años comenzás a vincularte con los famosos. ¿Por qué esa fascinación por los artistas?

-Fui una nena muy sufrida. Como en mi casa éramos muy pobres, sabía que nunca iba a llegar a ese mundo. Así que, para mí, era como un cuento de hadas.

-¿Quiénes idealizaban ese mundo inalcanzable?

-Irma Córdoba y Eva Franco ya eran señoritas grandes, aunque rondaban los 30 años. En cambio, Mirtha y Silvia Legrand tenían nuestra edad y nos reflejaban completamente. Ellas mostraban historias y situaciones que podrían ser más cercanas para nosotras, aunque nunca las fuéramos a vivir realmente.

-Se trataba de un ideario aspiracional.

-Así es. Algo inalcanzable, pero soñado. Soy de la época en la que salir con la ropa rota era mal visto. ¡Ahora es tan cara la ropa rota! Había gente que iba a una zurcidora para que le realice los remiendos, pero nosotros no teníamos dinero ni para la zurcidora. Todo se hacía en casa.

Las Cazadoras de Autógrafos compartían el logro de tener la foto autografiada de una figurita difícil.

Siendo una niña, Adela vivía en la calle Larrea, entre Juncal y French. Una pieza de conventillo albergaba a la familia de tres hermanos, una mamá que trabajaba de doméstica y un papá taxista y muy bohemio. “Papá estuvo siempre muy enfermo. Y mamá limpiaba casas y era lavandera, en la época en la que no había agua caliente”, explica esta legendaria cronista que se ufana de ser una de las socias fundadoras de la Asociación de Periodistas de la Televisión y Radiofonía Argentinas, APTRA, institución que entrega el Premio Martín Fierro y a cuya fiesta, Adela no faltó jamás. Es una presencia asegurada allí y en cuanto estreno teatral se lleve a cabo en Buenos Aires. Su agenda agotaría a cualquiera, menos a ella que va de un lado a otro con ganas, alegría y, fiel a su estilo, preocupación por el otro.

“No estudié el colegio secundario porque trabajo desde que tengo 12 años, cuando entré a una fábrica de toallitas higiénicas. Hacía el turno de seis de la mañana hasta el mediodía. De ahí me iba a mi casa a prepararle la comida a mi hermano más chico, porque mamá trabajaba afuera. Luego me iba a estudiar dactilografía y mecanografía. Y tres veces por semana me paraba en la puerta de Radio Splendid para pedir autógrafos junto con mis amigas. Éramos una barrita unida. Nuestros padres sólo nos dejaban salir juntas, sobre todo si la salida era nocturna”.

Las cazadoras de autógrafos sabían todo y tenían una meticulosidad tal en su tarea que lograban hasta la admiración de los profesionales del medio. “La periodista María Ofelia fue la que nos dijo que éramos como cronistas porque le armábamos el programa sugiriéndole invitados. ¡Y hasta le acercábamos información! Fue quien, en 1949, nos consiguió un espacio en Radio Libertad. Ahí tuvimos nuestro programa. Lo hacíamos gratis, nunca nadie nos pagó nada. Pero fue un éxito. Se llamaba Autógrafos en el Aire“.

-¿Dónde pedían los autógrafos?

-Antes no había tanta llegada a los artistas. Se los podía ver en los estreno de cine o en las puertas de las radios.

En todos lados

De “cholula” a periodista. De joven, Adela Montes ya era una reconocida cronista del medio que entablaba buenas migas con celebridades como Irma Córdoba y Mirtha Legrand.

Como sabuesos, las Cazadoras de Autógrafos, con Adela Montes a la cabeza y como líder del grupo, recorrían la ciudad y se acercaban a los más diversos lugares en busca de la foto firmada, el saludo afectuoso, y la complicidad con el famoso al que ellas sentían cercano. Así que, además de pararse en las puertas de las emisoras y asistir a las avant premiere de las salas de la populosa calle Lavalle; las chicas frecuentaban recepciones de hoteles, salones de fiestas y hasta conocían las direcciones particulares de los famosos. “Había periodistas que nos tenían mucha simpatía y nos contaban dónde iban a estar los actores. Los artistas se sorprendían al vernos. ´¿Cómo saben que estamos acá?´, nos decían. Una vez, se realizó una fiesta en casa de Blackie. Una reunión que se iba a realizar en otro lugar, pero a último momento se decidió que fuese allí. Nosotras fuimos a la primera dirección, a la que también llegó Zully Moreno. Pero luego nos trasladamos a la puerta de la casa de Blackie, donde finalmente se realizaría el evento. Cuando nos vio Zully Moreno gritaba: ´¡son las mismas que estaban allá, son las mismas!, ¿cómo saben todo?´ Pero siempre fuimos muy respetuosas. Nunca se quejaron de nosotras”.

La idea de conformar un club fue de Mendy, una periodista que era hermana de la actriz Elina Colomer. La organización llegó a tener cientos de autógrafos. Y Adela Montes se carteó con decenas de chicas de todo el país que le solicitaban fotos y firmas de los ídolos. “A los actores de segunda línea, que todavía no eran tan conocidos, les pedíamos autógrafos a propósito para darles corte y que la gente los identifique. Jorge Luz siempre nos agradeció eso. También lo hacíamos con los elencos estables de las radios, aunque ya los conocíamos, para que otros fans nuevos los reconocieran. De alguna manera, los promocionábamos. Al pedirles una firma, otras chicas nos preguntaban por ellos y así se empezaban a hacer conocidos. En la revista Mundo Radial llegamos a tener nuestra propia página. Y su director nos pedía asesoramiento sobre a quién poner en tapa. Los actores nos agradecían mucho estos gestos”.

Cuestión de códigos
“Nunca molesté a los artistas. Y, en la época de las Cazadoras de Autógrafos, contábamos con un decálogo que debía ser respetado a rajatabla”. Lejos de la improvisación, las chicas cumplían con su tarea de manera organizada y respetuosa. Este sería, seguramente, el secreto de su buena llegada a las estrellas de moda.

-¿Qué decía aquel decálogo?

-No pedirles nada a los famosos; no tocar el timbre de sus casas; no llamarlos por teléfono; solicitarles el autógrafo con una sonrisa. Esas eran algunas de las premisas. No éramos invasivas.

A diferencia de lo que sucede hoy, las estrellas tenían mayor predisposición al contacto con el público: “La época de la radio era divina. Como no había televisión, los actores tenían más tiempo. A la radio llegaban temprano para ensayar y se quedaban en la puerta charlando con nosotras. Como teníamos buen vínculo, y sabíamos todo sobre ellos, les preguntábamos por la familia y hasta por sus mascotas. Era otra época”.

2803181w1000
“Antes había más llegada a los famosos, ahora están más metidos para adentro”.

Tiempos donde no había redes sociales ni formatos digitales para deschabar a un famoso in fraganti o en una situación que no deseaba divulgar. Faltarían varias décadas para que la selfie reemplace al autógrafo firmado en un papel y se convierta en la pesadilla de las divas sin maquillaje ni photoshop. Eran tiempos donde los medios especializados en farándula rendían culto reverencial por sus figuras. Una idolatría que los convertía en intocables. Tiempos alejados de las fake news, las posverdades, y con celebridades que no dudaban en pararse en la puerta de las radios o en los foyers de los cines para conversar con el público.

Adela Montes entabló amistad con algunos pocos famosos. A pesar de ser conocida y tener un muy buen vínculo con todos, en el plano social podría decirse que fue bien selectiva: Olga Zubarry, Elena Lucena, Jorge Luz, Silvia Legrand, Duilio Marzio, María Duval, Juanito Belmonte y Claudio Segovia fueron algunos de sus allegados. Enrique Pinti es un amigo muy presente en el hoy. “Maurice Jouvet y Nelly Beltrán también fueron íntimos amigos. Nelly me invitó a Europa con todo pago durante un mes y me regaló un anillo de su hija Mónica, luego que falleció”.

-Adela, ¿cambiaron los famosos con el paso del tiempo?

-Antes había más llegada. Se acercaban más al otro. Ahora están más metidos para adentro. No lo digo por mí, pero en general se alejan de los periodistas. Hoy se la creen más. Se creen que son estrellas y eso es tan fugaz. Antes el que llegaba no bajaba más. Ahora, en cambio, suben y bajan.

Pensar en el otro
-¿Cuál es el secreto para llegar en tu estado a los 90 años y tener tantas ganas de seguir en actividad?

-Soy la más longeva de mi familia. Nadie vivió tanto. Uno de mis secretos es socorrer a los demás. Nunca llamo a nadie para hablarle de mis problemas. Al contrario. Escucho y trato de aliviar al otro. Aunque hoy estoy viviendo muy angustiada porque hay muchos compañeros que están perdiendo el trabajo.

Adelita es una profunda creyente en Dios. Y su vocación solidaria también se plasma en la visita a enfermos a los que les lleva una palabra de aliento en los hospitales, como lo hizo durante un tiempo en las salas pediátricas del Hospital Fernández.

-¿Cómo nace el hábito de estar al servicio del otro, de preocuparte por la gente?

-Cuando era chica, nosotros vivíamos en una pieza. Pero, en dos oportunidades, dos mujeres se quedaron a dormir traídas por mi mamá, dado que le daba lástima porque no tenían adonde ir. Mi papá era taxista y, si se cruzaba con alguien que no tenía para comer, lo traía a casa para que comiese con nosotros.

-Ahí está el germen solidario.

-La gente que vive para sí misma, se angustia por cualquier pavada. Los que vivimos para los demás, no. Fui tan pobre que veía que no había futuro para mí. Entonces me propuse servir para algo: estudié enfermería a nivel universitario. Puedo decir que le di inyecciones gratis a todo el mundo.

2803183w1000
Así es esta mujer que hasta se dio el gusto de presentar, en vivo, números musicales en la cadena de cines de la empresa de Clemente Lococo. El Teatro Opera la contó como animadora, a pesar de su extrema timidez: “Cuando tenía que presentar canciones en inglés, me aprendía la fonética”.

-En tu niñez imaginabas un no futuro, pero hiciste mucho en tu vida.

-No sé, quizás no llegué a grandes cosas, pero algo hice. Ser positivo es lo principal para lograr objetivos. En mi familia fuimos muy pobres, pero nunca resentidos. Y puedo decir que dediqué mi vida el espectáculo.

La periodista no siempre fue remunerada por su tarea, así que para vivir trabajó en fábricas y empresas como la compañía Dubarry, en la que llegó a ser secretaria del directorio.

-Sos soltera. Ofrendaste tu vida al espectáculo. ¿Qué sucedió con el amor?

-He tenido simpatías. Me he enamorado. Tuve amores imposibles, pero era como la madre de los chicos y no la novia. Así que cortaba yo. No necesitaba alguien que me mantuviera, pero tampoco ser la mamá de un novio.

-¿Existió algún amor famoso para contradecir al decálogo de las Cazadoras de Autógrafos?

-Jamás. Nunca. Ni siquiera platónico. Por Roberto Escalada tuve adoración, pero no amor.

Fuente: La Nación

Compartir

Autor