Nair Rebecchi, y un arco iris cursando sus venas

A la pregunta de si la potencia de un artista importa más en su obra o en su vida privada, hubiese contestado lo primero años atrás, antes de conocer a Iris Nair Rebecchi. Después de eso me inclino por lo segundo, una vez visto lo que ella hace de su casa, de cada uno de sus días, del modo de preparar el mate y de interesarse por el prójimo, su voz, la interesante excursión por los pasillos y patios de cualquier sitio de su cálida morada, una casa cualquiera que antes de Nair es seguro que fuera gris. Me parece estar en esas escenas de los dibujos animados que se ven en blanco y negro y cuando el hada va pasando el mundo se va coloreando a sus espaldas. Finalmente, después de repasar el dossier de su vida que fue preparando página a página con fotografías y dibujos y trazos al paso, arribar a la conclusión que ella es su propia obra de arte, su «pieza maestra» como cantaba el gran Leonard Cohen en la inolvidable «A thousand kisses deep».
Nair es una artista que ejerció bastante tiempo en el ISBA de General Pico, reconocida en el ambiente, pero que luego emigró a Mar del Plata y finalmente se encuentra viviendo en Trenque Lauquen, provincia de Buenos Aires. Sin embargo nunca cortó los links que la unían a nuestra ciudad y vaga, siempre mariposa, por la memoria de cientos de alumnos y compañeros. Por esa misma razón huelga referir el itinerario de Nair porque más o menos todos lo conocemos, pero está bien saber cuál fue su evolución como artista durante estos últimos años: «experimenté con otros materiales», dice rápidamente para quitar la duda, y detalla: «en Mar del Plata hice muchas cosas textiles, con tapices y materiales de ese tipo, en cambio en Trenque Lauquen al tener mayor acceso a materiales de construcción trabajé con otras cosas, y me encanta todo, porque sigo narrando con todo eso. Actualmente estoy con el mosaico, que es una técnica que me gustaba antes de empezar la carrera, recuerdo cuando me decía ´de chica algún día voy a hacer eso´, y aquí estoy.»

– ¿El mosaiquismo tiene alguna arista particular que cambia tu forma de narrar? Porque veo en tu casa que el mosaico está muy presente, en las paredes, en el patio…
– Mi vida ha estado formada por pequeños retazos, como fragmentos que se van uniendo unos con otros, con algunos que cuando no encajan se disuelven, se vuelven a unir; y eso es lo que tiene el mosaico, una pieza al lado de la otra y en el intersticio pasa el color, la electricidad, el magnetismo que le da la fuerza a la imagen, y es lo que me gusta, evidentemente.

-Quizás tácitamente el mosaiquismo está espejando tu historia.
-Sí, sí, porque es coherente esta técnica con mi vida real, la verdad es que sí, es así. El mosaico transita por varios bordes, la arquitectura (porque es su soporte en algunos casos), el arte, el diseño y la decoración también, que en este último tiempo se ha puesto muy de moda, aunque para mí significa otra cosa que va más allá de eso y de los bordes, tiene más que ver con este asunto de unir, unir una cosa con otra, unirlos a través de las formas pero también a través del color. Es eso y es ver que al unirse pasa otra cosa, un hilo que va amalgamando todo, tejiendo. De hecho una vez una vecina cuando vio por primera vez uno de mis trabajos dijo: «parece un tejido», y hasta ese momento no había sido consciente de eso, y de hecho está tejiendo una narración, una trama, un tema.

-Por lo que se puede deducir que el arte está en esos intersticios que mencionabas, uniéndote a vos misma, tus propios fragmentos.
-Claro, porque en todo momento de mi vida el arte ha significado el lugar en el mundo, incluso si no estoy haciendo algo que tiene que ver con el arte me parece que estoy perdiendo el tiempo, que no estoy haciendo nada que valga, faltando a mí misma como ser. Tal como vos decís, el arte es mi casa.

-También veo en vos Nair luego de tanto tiempo sin verte una nueva cosmovisión, cierta energía, que también la he visto en otras partes pero casi siempre disociada del arte, aunque me sorprende emanando sincera de tu interior y unida al arte, como si hubiese miles de puntos de contacto.
-Absolutamente. Antes me pasaba que cuando hacia una obra, una imagen, sentía que era como el caso de los pre históricos, una imagen que anticipaba el porvenir, por eso puedo decir que el alma me ha dado imágenes que yo sin saberlo las he plasmado y ahora, mucho tiempo después y a través de los años, logro encontrarles un sentido extra que no había entendido entonces, un sentido más profundo. Cuando hago mis meditaciones y varias imágenes vienen a mí, se me presentan palabras también, y ahí relaciono todo y ato cabos.

-Y luego te sentís bien.
-Sí, perfecta.

Entonces esa es la potencia y la importancia, el arte puesto en cada segundo, como esa visión del mosaiquismo que recién nos relataba Nair, esa aguja de tejer que une lo que hay en el día y en la noche, en el alma y en la casa, en lo que se piensa y lo que se dice. Y ya no hay poses, todo resulta natural y colorido, y así es como van llegando los hombres a la patria de la felicidad.

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Autor

Eduardo Senac