Nito Mestre, a 50 años del primer show de Sui Generis: el recuerdo, la relación con su “hermanito” Charly García y el consejo de Paul McCartney

MIRÁ EL VIDEO. Entre anécdota y anécdota, el emblemático músico toca algunos temas del repertorio con el que se presentará en su gira por los Estados Unidos y Europa. “Ya cumplí mi gran sueño: unir a diferentes generaciones”.

Algún día de fines de 1969 dos jóvenes de pelo largo, amigos inseparables de la secundaria, dieron su primer show. El lugar elegido fue una escuela ubicada a tres cuadras del Congreso, ante unos 400 alumnos. “Era nuestra fiesta de despedida, del Instituto Social Militar Dr. Dámaso Centeno, que se hizo en el colegio Santa Rosa. Me acuerdo perfectamente de aquel día porque había unos nervios importantes: era mi primer show y había mucha gente que había ido especialmente a vernos a nosotros”, recuerda Nito Mestre. El otro integrante del dúo, claro, era Charly García. Sin saberlo, ese día marcaría un hito en historia de la música argentina: la presentación en público de Sui Generis.


A 50 años de aquella jornada, Nito llega a la entrevista junto con su guitarra acústica Gibson Hummingbird de 1966, que se la compró a Raúl Porchetto con la plata que ganó en los primeros festivales en los que se presentó Sui Generis. Una auténtica joya que acompañará al emblemático músico durante toda la charla para adelantar, en dosis de estrofas, algunos de los temas que tocará durante los 12 shows que brindará en su gira por los Estados Unidos y Europa.

En los espectáculos hará un repaso por su carrera, poniendo el acento en el aniversario por el medio siglo de Sui Generis. Siempre estará acompañado por invitados especiales, como Silvina Garré, que viajará a los Estados Unidos especialmente para tocar con él, o el reconocido cantante cubano Amaury Gutiérrez. En otras oportunidades, se subirá al escenario con músicos que no conoce personalmente, pero que se contactaron con él a través de Internet.

—Me adapto a la forma millennial de conocerse, vía redes. Muchos músicos que quieren tocar conmigo me mandan sus temas, y algunos de ellos me van a acompañar en mis shows. Es factible que durante la gira también haga una charla sobre música un poco más cerrada, más moderada. Y el cierre va a ser con un gran show en el hipódromo de Miami.

—¿Con qué se va a encontrar tu público?

—Con temas como los clásicos -adelanta, mientras entona un fragmento de “Canción para mi muerte”- y muchos más. Obviamente, los clásicos de siempre y algunos nuevitos. Te voy a tocar un pedacito de uno que le escribí a mi mujer -ahora toca la primera estrofa de “My Dear”-. Va a haber un poquito de todo.

—¿Te molesta que te pidan los clásicos en tus shows?

—No. Esta gira está basada, de alguna manera, en recordar. Mucha gente, te imaginás, tanto en los Estados Unidos como en España, se fue del país hace mucho tiempo y tiene el recuerdo de cuando estaban en la Argentina y escuchaban a Sui Generis, que es un clásico absoluto que tiene muchísimo tiempo de vida. Ya estamos cumpliendo los 50 años del primer show y no me molesta en lo más mínimo que me pidan sus temas. De hecho el 80 por ciento de los shows que vamos a dar van a ser canciones de Sui Generis, aunque también habrá algunas de mi etapa como solista y de las nuevas porque la gente quiere saber qué estoy haciendo ahora y le gusta cantar conmigo. Me baso en lo que me dijo Paul McCartney cuando lo conocí: “Tenés que tocar los clásicos, la gente viene a verte porque naciste -en mi caso- con Sui Generis”. Y en el suyo, con Los Beatles.

—Tus clásicos siguen siendo vigentes, pero en tus shows y en los de Charly se ve que el público siempre se renueva. ¿A qué se debe?

—Esto sucede con el público de Sui Generis porque los padres les cantaban a los hijos los temas, entonces, al escucharlos desde chiquitos, les resulta familiar. Lo mismo pasaba con María Elena Walsh. No falta oportunidad en los colegios cuando hay una fiesta, o en un fogón cuando todos se juntan y cantan: “Detrás de las paredes, que ayer te han levantado, te ruego que respires todavía. Apoyo mis espaldas y espero que me abraces, atravesando el muro de mis días. Y rasguña las piedras…” Los pibes escuchan a Sui Generis y lo toman como algo que está sucediendo en el momento y quieren ver de qué se trata. Ellos saben más de la historia de nuestra carrera que nosotros mismos, porque chusmean muchísimo y así nos mantienen vivos. Uno de mis sueños, además de conocer a Paul McCartney, era traspasar las generaciones, unir a padres e hijos: lo cumplí y lo sigo cumpliendo.

Hace 50 años, mientras daba sus primeros pasos de la mano de Sui Generis, Nito empezó a juntar los recortes de diarios y las fotos que le tomaban durante sus ensayos y los shows junto a Charly. Lo hizo hasta 1974, un año antes de aquellos históricos espectáculos que brindaron en el Luna Park a modo de despedida ante sus fanáticos. Con toda la documentación armó dos carpetas que con el paso del tiempo cobraron un valor inimaginable en los albores del emblemático dúo. Por eso, al cantante le dolió tanto haberlas perdido.

“En agosto del 75 nos juntamos en una sala de ensayos para prepararnos de cara al “Adiós Sui Generis” y llevé las carpetas para mostrárselas a alguien. Pero me las olvidé ahí y me fui. Cuando quise volver a la sala ya la había clausurado la policía: eran tiempos difíciles y un vecino nos contó que la habían cerrado porque veían entrar a ‘gente sospechosa de pelo largo’”, recuerda, con una pícara sonrisa.

Después de 40 años sin rastros de sus carpetas, su esposa, Pamela Gowland, realizó una publicación en la cuenta en Facebook del cantante explicando lo que había sucedido y pidiendo ayuda a sus seguidores para encontrarlas. En contra de todas las probabilidades, una mujer se contactó con ellos y les dijo que su padre tenía la “hemeroteca” de Nito: “Me dijo: ‘Te devuelvo las carpetas si venís a contar algunas anécdotas y comemos unas empanadas’. Así que fui a su casa en Caballito. Y me contaron la otra parte de la historia: el hombre era el dueño de la sala, que la clausuraron porque veían entrar y salir a gente sospechosa de pelo largo, que éramos Charly y yo”.

—Cuando hablás de Sui Generis o ves las fotos de esas carpetas que pudiste recuperar, ¿qué te genera?

—Fue una etapa muy linda a la que le tengo muchísimo cariño. Cuando armás tu primera banda, que es la del colegio, soñás con tener tu primer disco y ser, al fin, un profesional. Me juntaba con Charly, con el que compartía un montón de cosas y aprendí muchísimo sobre música: éramos el yin y el yang. Él era la pata necesaria para armar una banda. Íbamos juntos a todos lados, a los recitales a ver a Los Gatos, Manal y Almendra, a comprar discos, a cantar a las fiestas del colegio y a presentarnos en discográficas para mostrar lo que estábamos haciendo. Hasta fuimos presos juntos. Eso nos hizo ser como hermanitos de la vida. Por eso no decimos que somos ex Sui Generis, decimos que somos Sui Generis.

—No puedo dejar pasar de largo el episodio en el que fueron presos juntos…

—Fuimos presos más de una vez. Era la época en la que empezábamos a tocar, en un teatro que se llamaba ABC. Tocábamos los jueves, viernes, sábados y domingos en la trasnoche para hacernos conocer. Compartíamos cartel con músicos como Spinetta, Roque Narvaja, Horacio Fontova y muchos más. Terminábamos como a las tres de la mañana y eran tiempos muy difíciles. Cuando salíamos nos decían “venga para acá” y pasábamos la noche en la comisaría por averiguación de antecedentes. La policía nos decía “tenemos que ver de dónde vienen”… Era lo típico, una cosa usual terminar preso un par de veces por mes. Era parte del paseo que, visto a la distancia, era muy molesto, pero formó parte de la historia argentina.

—¿Se rompió en algún momento la relación con Charly?

—No. Como todo amigo, si no te peleás quiere decir que no es tu amigo. Tuvimos pequeñas peleas por cuestiones de “quiero hacer tal cosa”, pero después de Sui Generis. O cositas menores. Pero nunca tuvimos una pelea mayúscula bajo ningún punto de vista. El otro día fuimos a tomar el té para escuchar lo que hicimos en el Luna Park el 7 de agosto. Con Charly es imposible pelearse, es como un hermano.

—¿Qué relación tienen actualmente?

—Yo viajo muchísimo y él está más instalado en Buenos Aires. Cuando estoy acá trato de no salir ni socializar demasiado pero cada vez que podemos nos encontramos con Charly. Con él tenemos esta clase de hermandad que nos encontramos y a los dos minutos es como que nos conocemos de memoria y el tiempo no pasó. Lo mismo me pasa con los colegas con los que empezamos, como León Gieco y Raúl Porchetto. Con Charly tenemos esta afinidad de ponernos a jorobar y acordarnos de aquellas pequeñas anécdotas de hace mucho tiempo que nos matamos de risa. Dentro de poquito lo voy a grabar para el programa que tengo en radio Nacional Rock (Distinto Tiempo) y lo vamos a dejar para la última emisión del año.

—¿Qué significa él en tu vida?

—Yo tengo un hermano de sangre, que se llama Eduardo y vive en Mar del Plata, y Charly es mi otro hermanito, con el cual cumplí el sueño de empezar una carrera y armar Sui Generis, juntar generaciones y seguir tocando después de 50 años. Es una amistad que nació en el secundario, una cosa que no suele pasar. Nos bancamos mucho mutuamente por ese cariño enorme que nos tenemos, por saber que logramos cumplir un sueño juntos y que ninguno de los dos lo podría haber hecho sin el otro. Eso es muy importante y lo tenemos siempre presente.

Fuente: Infobae.
Nota: Diario de cultura

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