“No imagino mi vida sin poder cantar ni tocar”

Desde un amor acendrado lleva la música en la sangre. Y en un tiempo donde a veces el pesimismo tiene las de ganar, ella lucha denodadamente contra eso. Inquieta, su alma y su cuerpo le piden hacerlo. Se abre paso por sí sola. “Cuando digo tu nombre mi Comarca/un resuello animal bulle en mi pecho/deben ser los que anduvieron el pasado/caracol leche de mar hace milenios”, le cantó Julio Domínguez El Bardino a su lugar, el puesto El Divisadero, al sur de Algarrobo del Aguila. La cantante luiggense Lucrecia Rodrigo vive en la ciudad de Córdoba desde hace más de 15 años, pero nunca se fue del todo del pago. Parajes y personajes de la región aparecen vívidos en sus canciones como banderas identificatorias de un paisaje y de un canto que alimenta y define -al decir de muchos-, el concepto de pampeanidad. Su lugar de infancia y adolescencia sigue estando, convive con la pátina de sus recuerdos.
Su casa en la localidad norteña fue el origen de todo. El arte le fue legado por ósmosis. Mucho canto popular en el aire. Así fue creciendo, se fue construyendo. Encerrada en su habitación, y con la luz apagada, echaba a andar esa convivencia tan íntima con la música. Haciendo agitar los duendes nocturnos. Un buen día decidió tomar la ruta, salir al ruedo cuando entendió que era hora de mostrarse. Con su guitarra a cuestas abordó con garra el compromiso. La voluntad se puso de manifiesto desde el vamos. Con la compañía de su hermano fue matizando las horas con acordes en plena peatonal cordobesa. Esa convivencia con la mirada cercana del otro, la escucha de quienes podían encontrar en su voz, por un momento, un paraje agradable donde detenerse, fue un alimento vital para sostener y acompañar el esfuerzo que convivió con su búsqueda.
“El atrás está presente hoy. Es muy duro el desarraigo de la tierra de uno pero a medida que vamos creciendo y madurando, comprendemos un poco todo, y que todo es necesario. Recuerdo mi casa chiquita y humilde en la orilla de La Pampa, como decía yo, porque estábamos en la última calle de Ingeniero Luiggi, calle de tierra, el lugar donde me crié. Comencé cantando en la pieza, encerrada por vergüenza, poder subirme a un escenario era mi sueño de toda la vida pero, repito, tenía mucha vergüenza, y cantaba con la luz apagada. Cuando mis viejos abrían la puerta de inmediato cerraba la boca. Tengo muy presente poner música en cassettes y cantar sobre ellos, cerraba los ojos, y soñaba. Y en muchos de esos cerrar los ojos estuvo presente Cosquín“, comenzó diciendo la artista pampeana en una extensa entrevista con Lobo Estepario.
Cosquín fue un mojón decisivo en su carrera. Sucedió el último verano. A partir de allí otro horizonte se abrió. Previamente marchó varios años con luz propia, después de tomar las riendas y andar el camino sin apuros ni estridencias. Y frente a las dificultades que pudieron asomar, creó un sendero alternativo y original. Interactuando, asumiendo protagonismo en el armado, en la producción. Natural -editado en 2016- fue su disco debut, y allí habitan huellas, chacareras, zambas. Animándose al repertorio pampeano, insistiendo. Bustriazo, Jaquez, Nervi, Cortez, Palmer….Buceando constantemente en él para darle lustre a tantas gemas de nuestra poesía. Así, Lucrecia posee una instrumentación vocal de sentires con los que tamiza su canto.

– ¿Cómo sucedió el momento en que esa adolescente que cantaba en su habitación, a oscuras, finalmente se subió a un escenario?
– Un buen día mi papá abrió la puerta y me dijo “es hoy o nunca”. Sucedió en el año 99, había una peña en el pueblo y mis condiciones fueron que subía, cantaba y me bajaba del escenario. No hablaría nada. Ese momento está muy presente, recuerdo los ojos de mi abuela –que ya no vive- y de mi mamá mirándome, acompañada por músicos muy queridos, todos amigos de mi viejo. Fue en el club Costa Brava y a partir de ese momento no me bajé más del escenario. Fue un tiempo hermoso, tocando viernes y sábados en toda la zona. Era mi adolescencia y cuando mis amigos iban al boliche, yo iba a las peñas. Disfrutaba todo eso, vivía ensayando y, por ejemplo, no tuve viaje a Bariloche. Mi hermano, cinco años mayor que yo, ya estaba en Córdoba cuando terminé el secundario y mis padres me manifestaron que lamentablemente no podían sostener a dos hijos estudiando. Fue entonces que agarré mi mochila, la guitarra y les dije que me iba a ver que sucedía. Antes de subirme al micro, en Martini, mi mamá me dijo que me daba las alas para que volara y aprendiera a volver. Con mi hermano cantábamos en la calle para comer, uno de los escenarios más duros pero más hermosos, poder conocer gente. Era toda una aventura, por ahí mi hermano lo sufría un poco más, verme a mí siendo mujer y tener que pelearla así. Decidí quedarme, empecé varias carreras, inclusive música, y las dejé, hasta que estudié fonoaudiología y pude recibirme. Soy de la escuela de la calle, eso te da mucha experiencia. Y mis padres me dejan el mayor capital que es la educación, además de ser los pilares fundamentales de todo lo que me pasa.

Natural se fue gestando y armando lentamente, procurando dar cada paso con la mayor precisión posible ¿qué ha significado ese disco tan anhelado por vos?
Natural llegó en el momento justo, en un tiempo donde me siento más armada, más completa como mujer. Todo eso no lo separo jamás de la música, va madurando paralelamente con una. Esperé 18 años para poder tener un disco. Obviamente tenía demos grabados pero nunca había hecho algo de forma profesional, que implica tanto sacrificio y tiempo. Estuvo gestándose durante un año completo, tuvimos la suerte de poder tener esa libertad en el estudio, y entonces pudimos crear mucho más fácil. Natural fue como el complemento de tres discos, es decir, empezó siendo una cosa, después se cambió, volvimos a intentar y bueno, cayó en Natural. En tanto tiempo donde estuvo la idea de tener un disco, mi cabeza concentró todo lo que se quiere plasmar en un trabajo con 11 o 12 temas, entonces costaba definir el repertorio, qué canción iría y cual no. Natural es un hijo para mí, es un estado que tengo en mí constantemente. Creo que desde que comencé a desarrollarme en esta profesión. No imagino mi vida sin poder cantar ni tocar. Estoy muy feliz con el disco, me ha dado muchas satisfacciones. Fue un poco atreverse a incluir música que no es común se escuche por aquí, en esta provincia, y en algunos otros lugares. Era como jugarse un poco en un primer trabajo, pero sentí que tenía que apostar por lo que estamos haciendo.

– Existe como una reinvindicación de la poesía pampeana, que estaba olvidada o era poco conocida en el contexto musical nacional ¿percibís otro reconocimiento del público, de colegas del interior?
– La música nuestra está surgiendo de otra forma, se está escuchando mucho más en el país, se abren horizontes y me parece buenísimo poder comprometerse. A veces no es fácil y tiene mucho que ver con la región donde se habita. Hace bastante que no vivo en La Pampa pero sucede que es más difícil cuando estás en otro lugar que escuchen lo que no es cotidiano. Creo que la región pampeana y la cuyana son las que tienen más complicaciones para poder entrar en los restantes lugares. Ocurre mayormente cuando nos enfrentamos con los festivales o con las peñas, es todo un desafío. Cuando era más joven subestimé mucho tiempo al público, por una cuestión muy mía. En Córdoba me topé con otras costumbres, con otra gente, y la mayoría de los colegas no eran cordobeses, eran santiagueños, salteños, jujeños, o catamarqueños. Yo imaginaba entonces cómo sería salir al ruedo con una milonga o una huella, y quizás era porque no estaba preparada para eso. Faltaba madurar, y hoy me encuentro con que me puedo plantar desde otro lado. Tiene que ver con una seguridad en todo este camino que vine haciendo, voy encontrando la raíz, donde no hay forma que escondas el lugar de donde venís. Me resulta más fácil pero insisto que no es tan simple sostener esa propuesta. Me ha pasado de escuchar algo así como “bueno, me gustaría que vengas pero mirá que ¡acá es todo festivalero, eh!, o pedirte que hagas otro repertorio….Y no, a veces tenés que decir que no. Sucede que en algunos lugares no es que te cierren las puertas, sino que se escucha otra música y eso es respetable. El año pasado, en las peñas de invierno de Cosquín, la gente pedía chacarera y salía a bailar. Bueno, nosotros caímos con lo nuestro y nos sorprendimos gratamente cuando bailaron un triunfo, una huella. Eso me dio empuje a seguir. Fue un aliciente. Tenemos obras muy bellas, siempre rescato y respeto a los intérpretes que desde hace mucho tiempo vienen haciendo esto, autores que no se les da el valor que se merecen estando vivos. Surgen homenajes cuando ya no están. Hay muchos poetas pampeanos que están todo el tiempo componiendo. Plantando una semilla para siempre y nutriendo a nuestro cancionero.

– En tu disco aparecen dos canciones propias como Yo lo he visto y Sin tu voz ¿cómo se encuentra actualmente esa veta compositiva?
– Me inspiran muchas cosas, el simple hecho de encontrarme con colegas, poder escucharlos y quedarme sorprendida de todo lo que me transmiten, bueno, ahí ya me dan ganas de escribir. O las cosas cotidianas de la vida. La inspiración me viene con situaciones sencillas. En lo que respecta a la composición, me pasa un poco como cuando cantaba tango, y debo decir que soy muy respetuosa de los tangueros. Por ahí estoy equivocada con el pensamiento, si bien no me gustan los títulos ni las etiquetas, soy respetuosa también de los compositores, de quienes se dedican realmente a la composición. Es por ese motivo que no me considero compositora. Escribo muchísimo, sí, y me encanta hacerlo. Guardo todo hasta que salgan a la luz, soy de las que tienen un impulso, escribo sin parar, pero no tiene una estructura, me cuesta llegar a eso. O por ahí al revés, me sale una melodía y no la puedo encajar en ningún lado. Es como que me falta una vueltita para poder sacarle jugo. Tengo ahora algunas cosas hechas, estilos del sur, que tal vez aparezcan en el próximo disco, pero bueno, están ahí. Repito, cuando incluí esos temas en el disco me costó hacerlo, por vergüenza o por temor. No me identifico con la composición, sí con ser intérprete.

– Transcurridos algunos meses de tu presentación en la gran plaza Próspero Molina, cuando mirás hacia atrás y te concentrás hoy en ese momento ¿qué sensaciones te siguen ganando?
– Es algo que me siguen preguntando y aún no tengo la respuesta. Creo entender que para muchos de los que estamos en la música es como un sueño, aunque esta no sea una palabra habitual en mí. Me pasó un poco de lo que me sucedió con Natural, creo que llegó en el momento justo. Y no sé si Natural fue un poco la puerta que abrió eso. Siempre pienso que si durante todos esos años que cantaba en mi pieza con la luz apagada, me abrían la puerta y me decían “tenés que ir a Cosquín“, creo que no hubiese podido. Me falta mucho trabajo, un artista nunca termina de aprender, esto es infinito y entonces a mi me falta perfeccionarme en muchos aspectos, pero a Cosquín lo busqué en un momento donde me sentía preparada para eso. Con todo el respeto que se merece subir a ese escenario, y desde un lugar muy humilde, repito, me sentía preparada, de lo contrario creo que no lo hubiese buscado, y antes lo buscaba desde mi cabeza pero nunca de forma tan intensa como ahora. Es increíble Cosquín, tiene mucha magia, se siente algo muy extraño ahí arriba y muy bueno a la vez. Imaginar a tantos grandes de nuestro folclore pisaron ese escenario y han dejado tanto ahí arriba. Estaba muy nerviosa y se notó, pero a la vez muy en paz de haber llegado a un sitio que anhelé. Estoy muy agradecida con la gente que hizo posible mi presencia, a la comisión que aceptó la propuesta que acerqué, que tengan en cuenta otros estilos. Yo soy una artista nueva para muchas personas que me escucharon esa noche, lo acepto, pero venimos trabajando desde hace años. Cosquín te brinda muchas cosas positivas, y después tenés dos opciones, o te quedás con el recuerdo, te sacás la foto y la colgás en la pared, o comenzás a trabajar. Las puertas se te abren, te ve gente, te brinda posibilidades de estar en la tele para llegar a muchos lugares del país, conocés a muchos colegas. Cosquín es un punto de crítica siempre, desde la propuesta hasta pasando por los horarios, pero me parece muy bueno lo que hace esta comisión desde hace dos años, de tomar el rumbo de algo que venia machacado, y ahora de a poco va marchando. Es muy bueno que sea la noche de todos, que haya otro espacio para los valores excelentes del Pre Cosquín.

– Esa noche dejaste expuesto un claro mensaje sobre la problemática que vivimos los pampeanos con el río Atuel ¿cómo ves el rol de los artistas a la hora de exponer públicamente una cuestión determinada?
– Los espacios te brindan la posibilidad de manifestarte, estamos en una época en la que nos podemos expresar por un montón de redes y medios. Obviamente existen lugares donde antes te aclaran, no es algo que me pasó, pero te dicen que de tal tema no se puede hablar, o directamente no contratan a artistas. En Cosquín eso no está pasando, hemos visto un abanico de propuestas donde han llevado sus banderas de alguna causa como puede ser el desmonte, y eso está buenísimo. Claro que también depende del artista que se anime o no, tampoco es llevar por llevar. Yo no soy mucho de hacer eso cuando desconozco el tema, el objetivo no tiene que ser levantar una bandera para que el publico aplauda, uno tiene que ser consciente de lo que dice arriba de un escenario. En la presentación de Natural en Córdoba se expuso la cuestión del Atuel, y pensé que podía hacerlo en Cosquín y en Jesús María. Nunca nadie me dijo nada malo, me sorprendió gratamente y fue positivo para interiorizarme más. Siempre que pueda lo haré, soy pampeana y nuestra provincia sufre hace mucho tiempo con esta lucha. Cuando me bajé del escenario y en la rueda de prensa me preguntaban, pude darme cuenta que mucha gente no sabe lo que sucede, y eso fue lo positivo, poder explicarlo. Insisto, los espacios existen, solo hay que aprovecharlos.

– Un artista independiente encuentra contratiempos por doquier, si bien el producto cosechado después adquiere otro valor ¿cómo está actualmente la escena?
– Es muy difícil trabajar de forma independiente, pero se puede. Lo hice siempre y lo sigo haciendo, es un trabajo, y depende de como uno se tome la carrera. Yo la tomo desde el sentido de cumplir con un montón de cosas, a veces trabajo más en la gestión que en ensayar o en el repertorio, gestionar es lo que más tiempo te lleva. Contactar. La cultura está siempre recortada, es una realidad, los presupuestos se acortan para gestionar otros, pero los espacios también se sostienen por los propios artistas que comparten. Así nos sostenemos. Es medio tabú eso de que el arte no se negocia o no se cobra. Sí se cobra. ¿Por qué tenemos que pensar que como artistas no tenemos que cobrar?. Es un trabajo, nos lleva tiempo, plata, un disco sale mucho dinero, cambiar las cuerdas de la guitarra, ensayar, viajar, mantener la voz, entrenarla, todas esas cosas a veces no se contemplan, se piensa que es armar un repertorio y presentarlo. Los espacios están abiertos, pero sucede también que te dicen “mostrate y listo”. Está en el músico hacerse valer, pelear por lo que nos corresponde. Resistimos por eso, por el trabajo de hormiga.

– Un segundo disco que se está horneando, presentaciones que se suceden ¿conforme con la agenda que lograste armar en este tiempo?
Natural es un disco que recién tiene un año, que está vigente, por lo que lo vamos presentando en diferentes lugares con muy buena respuesta de la gente. Ya comenzamos a trabajar sobre el segundo disco, que concentrará totalidad de temas pampeanos. No sé cuando saldrá, están casi terminadas las maquetas y bueno, la idea es encararlo con pasos más firmes en el verano del año que viene, buscando que salga a la luz en 2018. Este fin de semana compartí con la querida y talentosa Ángela Irene un espectáculo llamado Cantoras bajo el mismo sol, en un lugar bellísimo como es Cocina de Culturas. Y entre los proyectos tenemos muchas ganas de presentarlo en otras provincias, y obviamente nos encantaría hacerlo en La Pampa.

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Autor

Raúl Bertone